viernes, 24 de febrero de 2012

Invocación de Max Weber al Soneto 102 de Shakespeare

por Luis R. Oro Tapia

En memoria de los veteranos de los años sesenta, setenta y ochenta.

“¿Dónde están? ¿Qué se hicieron? ¿Habrán desquijado los robustos
leones o estarán amancebados con las alfombras del poder?
¿A qué océano fueron a naufragar?”.
 P. Lot.





Resumen

Este artículo tiene por propósito identificar y explicitar cuáles son las ideas que sub-
yacen tras las imágenes que Max Weber utiliza para configurar su concepción de la
vocación política. Cuando Weber intenta esbozar tal noción, en las últimas líneas de
su conferencia Politik als Beruf, lo hace mediante un lenguaje que es altamente estético
y críptico a la vez. Atendiendo a tal peculiaridad este artículo procura, en la medida
de lo posible, convertir las metáforas en conceptos. Ello, con la finalidad práctica de
ayudar al lector de Politik als Beruf a desentrañar el sentido del mensaje que Weber
quiso trasmitir a sus interlocutores. Si este ensayo alcanza su objetivo, será a costa
de deslucir la plasticidad de las imágenes de las que se sirve el sociólogo alemán para
delinear sus planteamientos.

Contexto y Texto 

¿Qué sentido tiene citar un poema de amor en un discurso que tiene por tema prin-
cipal la política? Más aún, ¿cuál es la pertinencia de un soneto que alude al canto del
ruiseñor, a la primavera y la alborada del estío en un contexto en que se habla del
Estado, la violencia y el carácter demoníaco del poder?

El texto es una partícula del contexto. Por eso, para desentrañar el signi cado que
tiene la segunda estrofa del soneto 102 de Shakespeare en la conferencia Politik als
Beruf de Max Weber1, es preciso aludir, aunque sea brevemente, al ambiente en el
que ella fue dictada.

Max Weber pronunció dicha conferencia aproximadamente ochenta días después del
término de la Primera Guerra Mundial. Alemania, como se sabe, perdió la guerra.
Las tropas del Káiser Guillermo II capitularon en las cercanías de París antes de que
los ejércitos aliados ingresaran en suelo alemán. La derrota convirtió los sacri cios
realizados para ganar la guerra en penurias absurdas. Y no sólo la sangría demográ ca
(2,7 millones de jóvenes muertos), sino que también los esfuerzos económicos para
nanciar la contienda, además del padecimiento de frío y hambre causado por la
escasez de combustibles y alimentos y, en n, todas las incomodidades suscitadas por
las restricciones en el uso de aquellos bienes que son indispensables en una incipiente
civilización industrial.

Toda guerra en términos humanos es un desastre, pero lo es mucho más para quienes
son derrotados. Cuando los vencidos se sienten defraudados por la conducción de
la guerra exigen explicaciones a sus líderes y, si los resultados son inexplicablemente
adversos, no sólo buscan responsables sino que además culpables. En Alemania el
sindicado fue el Káiser. Por eso, la derrota contribuyó a poner n a la monarquía y su
derrumbe suscitó un vacío de poder, con su respectiva crisis de gobernabilidad, que
pronto devino en “revolución”. La sociedad alemana estaba dividida y se ensañó consigo
misma. Ello dio pie a acusaciones y recriminaciones recíprocas, las que, junto a otras
variables políticas, atizaron la discordia hasta llevarla al umbral de la guerra civil2.

Alemania comenzó a vivir un momento crepuscular. Para unos era el crepúsculo del
amanecer, para otros, en cambio, el del atardecer. Así, lo que estaba en ciernes podía ser el
luminoso comienzo de una nueva era o, por el contrario, un naufragio nocturno en una
latitud donde no se sabe si hay cerca tierra rme o no. En tales circunstancias todo parece,
paradójicamente, posible e imposible a la vez3. En ellas se tiene la sensación de que todo
está por hacerse y de que es factible de realizarse o, inversamente, que ya no hay nada más
que hacer, excepto conservar y defender a ultranza lo poco que va quedando4 .

Un protagonista crucial de ese tiempo crepuscular fue la juventud. Pero ella distaba de
constituir un actor político unitario. Ella, en efecto, no estaba cohesionada en torno a
una gura política indiscutida ni conformaba un grupo ideológicamente homogéneo.

En ella había sectores anarquistas, nacionalistas, comunistas y paci stas cristianos y
seculares. Ellos constituyen el grueso del público que asiste a la conferencia de Weber.
Pero no obstante su heterogeneidad tienen algo en común: participan activamente en
los acontecimientos políticos que están en marcha y se sienten auténticos políticos de
vocación, en cuanto dicen tener -o creen tener- vocación para la política.

En seguida transcribiré el soneto 102 completo5. La estrofa que cita Weber la pondré
en negrilla y cursiva. La traducción que aquí ocupo es ligeramente diferente de la que
aparece en las diversas ediciones en español de Politik als Beruf. En ellas los traductores
tratan de conservar el número de sílabas de cada verso, al costo de forzar el mensaje
del poeta. En cambio, la traducción que transcribo más abajo es más libre en cuanto
al “metro”, pero se ciñe más al mensaje que quiere transmitir el hablante lírico.

Mi amor es más fuerte, aunque más débil en apariencia; no amo menos, aunque
parezca que amo menos. 

Es amor mercantilizado el que es pregonado a toda voz por su poseedor. 

Nuestro amor era lozano y primaveral, cuando yo acostumbraba a celebrarlo con mis rimas, pero ahora es como el del canto del ruiseñor al acercarse el estío que termina por apagarse al avanzar los días maduros. 

No es que el estío sea ahora menos apacible que cuando sus hermosos himnos hacían callar la noche, pero ya discorde rebalsa de todas las ramas la música, y las cosas dulces, al vulgarizarse, pierden su apreciado deleite. 

Así como él yo guardo mi auta porque no quiero seguir ajando vuestra alegría con mi canto. 

Amor y Política 

El motivo del soneto es el amor. En él se contrapone el ímpetu del amor juvenil a la
serenidad del amor maduro. Weber al apropiarse del soneto retransmite el mensaje
del hablante lírico a los jóvenes, pero en clave política.

Así, el motivo del soneto ya no es el amor erótico, sino que ahora es la política. En
efecto, el destinatario del mensaje ya no es una pareja de jóvenes que disfruta de la
embriaguez del deleite amoroso, sino que ahora es la juventud que se siente fascinada
por la política.

En ambos casos se trata de la embriaguez, fascinación y arrobamiento que suscita el
objeto amado. Y en ambos casos los sujetos que experimentan intensamente las pasio-
nes son personas jóvenes. A partir de tales similitudes se puede establecer un paralelo
entre el ímpetu amoroso y el entusiasmo por la política. Así establecida la ecuación,
queda claro, entonces, que los destinatarios inmediatos del mensaje son los jóvenes
que proclaman tener, o que creen tener, vocación para la política, en cuanto se sienten
fascinados, atraídos o encantados por ella.

La pregunta que implícitamente está haciendo Weber a los jóvenes es si la pasión que
sienten por sus respectivas amadas es de similar índole a la fruición que sienten por
la política. Si la respuesta a esta pregunta es a rmativa surgen otras interrogantes. En
primer lugar, si la continuidad de una actitud está garantizada por el sólo hecho de sentir intensamente una emoción en un momento dado. Y ésta remite a otra: ¿qué
tan estables son los sentimientos?

El llamado de Weber es a no confundir el enamoramiento con el amor. Uno es intenso,
abrasador y fugaz. El otro recatado, apacible y duradero. Quienes están más expuestos
a incurrir en tal indistinción son los jóvenes que experimentan pasiones intensas, pero
evanescentes. El ímpetu de ellas los induce a sobrestimar la magnitud y consistencia
de sus sentimientos y simultáneamente los impulsa a realizar actos temerarios de los
que después son reacios a hacerse responsables.

Así como es necesario distinguir el enamoramiento del amor, análogamente es indis-
pensable distinguir el entusiasmo de la vocación.

¿Qué es la vocación? Como punto de partida hay que señalar que la vocación es algo
más que un estado de ánimo que predispone favorablemente a realizar un determinado
tipo de quehacer. En efecto, es algo más que un entusiasmo pasajero por aquello que
resulta atrayente. La vocación es una motivación persistente en el tiempo, en cuanto
permanece lozana a pesar del paso de los años. Ella, por cierto, no se marchita con
las vicisitudes de la vida, ni es mutilada por los vaivenes anímicos, ni es amagada
fácilmente por la adversidad.

En el primer verso que está en cursiva se habla de un amor idealizado que se perpetúa en
una eterna primavera, que se traduce en un perenne bienestar. En él no se hace alusión
a los días difíciles y menos aún a la manera de afrontarlos cuando ellos sobrevengan.

En efecto, “lo que hay fuera” -en la calle, en la manifestación, en la barricada- es una rea-
lidad diferente de la que esboza el soneto. La política tiene sus cuotas de incertidumbre
y ciertas dosis de coerción y antagonismo. Ellas aumentan su intensidad durante una
revolución. Así, por ejemplo, el antagonismo verbal deviene en con icto existencial,
con lo cual la palabra es reemplazada por la fuerza y el espacio del antagonismo se
traslada de la tribuna a la calle. En efecto, las luchas callejeras entre las facciones en
pugna ponen en riesgo la vida de los antagonistas y si la intensidad del con icto sigue
creciendo puede alcanzar el umbral de la guerra civil. Así, el quehacer político cuando
está impregnado de tensiones y antagonismos se asemeja más a la frialdad de una noche
polar que cobra sus víctimas que a la apacible calidez de una mañana primaveral. La
actividad política no tiene nada de poética en el sentido estético del término.

En conclusión, Weber quiere establecer un contrapunto entre la realidad que describe
el soneto, especialmente en sus dos primeras líneas, y el mundo externo. Incita a los
jóvenes a admitir las circunstancias concretas en las que ellos están insertos: un país
devastado, una revolución en marcha y un futuro incierto. En ella no hay primaveras
ni trinos de aves mañaneras. Por el contrario, más bien parece estar incubándose el
advenimiento de una noche polar.

Desengaños y Política 

Weber no pretende sugerir a los jóvenes que dejen de soñar. Su mensaje es otro: que
lo hagan, pero sin perder de vista la realidad factual. Es más, los insta a perseverar en
sus sueños. Con tal propósito les recuerda que la historia demuestra que no se hubie-
se alcanzado lo posible si no se hubiese intentado una y otra vez lo imposible8. Sin
embargo, quien quiera proponer ideales de perfección primero debe mirar al mundo
tal cual es y al hombre en su desnuda realidad, con sus potencialidades y debilidades,
porque solamente atendiendo a ellas se pueden elaborar ideales que sean factibles de
materializar.

Si algunos intentos por cambiar el mundo efectivamente han tenido éxito se debe a que
quienes los llevaron a cabo estaban conscientes de las peculiaridades de la materia con
la que operaban y supieron en qué momento actuar. Si pudieron alcanzar sus metas
fue porque persistieron en su empeño, actuaron de manera prudente y conocían a
cabalidad los recovecos del alma humana. Por cierto, disponían de vocación, talento
y sabiduría. La primera incita a perseverar en las metas que se quieren alcanzar; el
segundo sugiere de manera prudente los cursos de acción a seguir; la tercera brinda
un conocimiento razonable de orden práctico.

La conjunción de tales cualidades permite incrementar las probabilidades de tener
éxito en el enrevesado mundo de la política, entendido éste como el logro de los fines
propuestos. Tales exigencias y complejidades quedan en evidencia cuando Weber les
recuerda a los jóvenes que “la política consiste en horadar lenta y profundamente
unas tablas duras con pasión y distanciamiento al mismo tiempo”9 . En efecto, para
alcanzar las metas, y así el éxito, es necesario saber de qué bra, de qué madera, está
hecho el hombre, pues él es la materia sobre la que se opera. También es necesario no
cejar frente a la adversidad, ni dejarse amilanar por las di cultades y la magnitud de las
tareas a realizar. Asimismo se debe tomar distancia de la pasión puesto que obnubila
la capacidad para razonar, pero teniendo el cuidado de que permanezca siempre viva
porque ella es el motor de la acción. Si ella se extingue muere la vocación y sobreviene
el desgano, la apatía y el inmovilismo.

Sin embargo, se corre el riesgo de que la persistencia se transforme en tozudez. El
empecinamiento que ésta suscita, al no poner reparo en los efectos colaterales que
genera, puede terminar desacreditando las metas que ella misma quiere alcanzar. Para
evitar tal estropicio, la persistencia debe estar asistida por la prudencia. Ésta es quien
determina en qué momento es oportuno actuar y discierne sobre la pertinencia de
los medios que se deben emplear para insistir, una vez más, en el n que se pretende
alcanzar. La elección de los medios es clave, porque si ellos no son los adecuados se
puede poner en riesgo la existencia misma del ideal en cuanto tal. Por cierto, se debe
evitar que los medios desacrediten, difamen e incluso lesionen gravemente el prestigio
del ideal que se desea implementar10 .

¿Cómo van a reaccionar los jóvenes, en el ocaso de la primavera, cuando tengan las
primeras sospechas de que la política es un con icto de intereses que se disfraza como
lucha de principios? Al nal del verano, cuando ya estén cayendo las primeras hojas,
comenzará a escucharse el inquietante palpitar de la verdad fáctica que se oculta tras
el follaje semántico. Ella con su muda presencia interpelará la retórica de los políticos
que dicen actuar inspirados por valores sublimes. Es el momento en que comienza a
insinuarse el rostro duro de la realidad y su aceptación o rechazo constituye la prueba
de fuego para discernir si alguien tiene vocación para la política o no. Es la hora del
despertar atónito, del parpadear incrédulo y del preludio que anuncia el ocaso de las
ensoñaciones. Ese preludio “es como el canto del ruiseñor al acercarse el estío que termina
por apagarse al avanzar los días maduros”. Esta imagen del derrumbe de las ilusiones
y del declive del brío estival, de la armonía bucólica orquestada por el ruiseñor, dará
paso a una realidad grisácea que no tardará en tornarse macilenta y en suscitar una
sensación de desconsuelo aun en el alma de los más optimistas.

¿Qué sucederá cuando despunte el alba, cuando haya quedado atrás la magia de la
noche, y la luz matinal permita ver claramente el contorno y el dintorno de las cosas?

¿Cuál irá a ser nuestra actitud cuando dejemos atrás las ensoñaciones nocturnas y
observemos la realidad a plena luz del día?

¿Cambiaremos nuestro juicio acerca de la realidad?

¿Aceptaremos la realidad con sus testarudas imperfecciones o insistiremos en seguir viéndola como algo potencialmente bello y perfectible?

¿Intentaremos cambiarlao renegaremos de nuestros ideales de la noche anterior?

¿Qué sentimientos irán a experimentar los jóvenes entusiastas en las últimas horas
del día al nal del verano?

¿Sentirán nostalgia por lo que se fue y no volverá? ¿Se quedarán con sus miradas ancladas en el pasado?

Si las respuestas a estas interrogantes son afirmativas es porque fueron incapaces de asumir la realidad en su cotidianidad, tal cual ella es. Al negarse a aceptarla se evaden de ella. ¿A dónde? Hacia el pasado o el futuro. Y tal huida los incita a refugiarse en idealizaciones, creando así mundos de fantasía acordes a sus ensoñaciones. En el fondo, entonces, carecían de la fuerza de voluntad y la dureza de alma necesaria para sobreponerse a los continuos desencantos y frustraciones que suscita la lucha política11.

Por consiguiente, habría que concluir que no tenían vocación para la política.

De Pie en Medio de las Ruinas 

La política gradualmente comienza a perder su encanto y, a causa de ello, van des-
apareciendo los políticos que viven para ella y no de ella. Los escasos hombres que
ingresan a la política guiados por nobles motivos pronto ven truncados sus sueños por
el propio funcionamiento del campo de la política. Las entrañas de la política están
hechas de asperezas, fricciones y resquemores y no todos los que a ella ingresan son
capaces de afrontarlas sin costo alguno para sus ilusiones12.

La desilusión es un capítulo muy avanzado de la ilusión. Sólo puede sentirse des-
encantado de la política aquel que una vez se sintió encantado por ella. ¿Quiénes
estarán menos expuestos a experimentar tales decepciones? Los que han nacido con
los ojos abiertos. Ellos han asumido el mundo tal cual es, con todas sus asperezas, por
consiguiente no requieren de ideales acorde a sus ensoñaciones para cobijarse de sus
inclemencias. Ellos pueden prescindir de los visillos románticos y mirar cara a cara la
realidad sin sentir pavor. Por eso son inmunes a los sortilegios que tienen por misión
encantar el mundo y hacerlo más llevadero.

Se suele decir que el paso de los años va amagando la capacidad de soñar y va apagando
la sed de ideales. Pero no todos los hombres son iguales. También es posible encontrar
ancianos soñadores. Quizás sería más justo decir que todos los hombres son ilusos y
realistas al mismo tiempo. Sin embargo, ello no signi ca en modo alguno que todos
sean igualmente ilusos o realistas en un mismo dominio de la realidad ni respecto a
las mismas cosas al interior de ese dominio.

Pero si existe algún dominio de la realidad en el que es indispensable ser un realista,
lo que en última instancia signi ca ser un perspicaz conocedor de la naturaleza hu-
mana, ese dominio es el de la política1 3. La mayoría de las veces se trata de un cono-
cimiento intuitivo o por connaturalidad que tienen algunos individuos respecto de
sus congéneres14. Generalmente se trata de una aprehensión espontánea y profunda
de un determinado segmento de la realidad1 5. Por cierto, tal conocimiento rara vez se
adquiere de manera teórica, sin embargo, tampoco está asociado invariablemente a la
longevidad ni al haber tenido un determinado tipo de vivencias.

La experiencia no implica necesariamente el haber vivido cierta cantidad de años.
Sólo adquieren el estatus de experiencias aquellas vivencias que han sido previamente
re exionadas y asimiladas. Por cierto, el acta de nacimiento no garantiza por sí misma
la posesión de la experiencia necesaria para evitar dejarse encandilar por el éxito ni
para sobrellevar la adversidad con entereza. La experiencia, por el contrario, supone
un cierto tipo de actitud que se caracteriza por “haber aprendido a mirar sin reservas
las realidades de la vida y la capacidad para soportarlas y para estar interiormente a
su altura”16.

Pero no todos los hombres están hechos de la misma madera. Por eso Weber interpela
a sus auditores17 y los invita a que imaginen qué va a ser interiormente de cada uno de
ellos cuando abran los ojos, cuando asuman la realidad factual. Por eso, desde el punto
de vista humano, la pregunta sigue en pie: ¿qué va a suceder con el optimismo de los
jóvenes cuando descubran que tras los “valores” se ocultan los intereses? ¿Irá a ser ese
el instante en que de nitivamente se desvanecerán las ilusiones primaverales o, por el
contrario, irá a ser el momento en que ellas se aquilaten? Si sucede esto último el calor
del verano será su crisol y el frío invernal la fuente en la que serán templadas. Así, los
jóvenes se trasmutarán en viejos. Pero la palabra “viejo” aquí significa ser poseedor
de cierto temple de ánimo y éste no necesariamente supone tener una cifra abultada
de años. Es la capacidad de mirar con desenfado al mundo, pero sin claudicar a él.

Por eso Eduardo Ortiz dice, con toda razón en mi opinión, que el realismo político
es básicamente una actitud frente a la vida y el mundo18 . La vejez supone conocer los
pliegues de la naturaleza humana, los laberintos del alma, las motivaciones, ambiciones
y miedos ocultos que propulsan y direccionan el comportamiento de cada uno de
nosotros. En tal sentido Max Weber a rma -probablemente rescatando el tenor de las
palabras que Dostoievsky pone en boca de El Gran Inquisidor19- que si “el demonio
es viejo; haceros, pues, viejos para entenderlo”20.

El ruiseñor, como ave de la hora del crepúsculo, simboliza el despertar y el declive de
una pasión; representa el paso del enamoramiento al amor; el tránsito del entusiasmo
por la política a la genuina vocación política. Así la auténtica vocación política resulta
ser ajena a los aspavientos, pues ella comienza a a anzarse en la medida en que el rui-
señor va callando. Éste es el sentido que tienen los cuatro primeros versos del soneto:

“Mi amor es más fuerte, aunque más débil en apariencia/; no amo menos, aunque parezca que amo menos/.  Es amor mercantilizado el que es pregonado/ a toda voz por su poseedor”.

En efecto, el soneto relata metafóricamente una transición emocional, desde un ánimo
alegre y optimista suscitado por el entusiasmo que generan las ilusiones políticas, hasta
su posterior declive cuando ellas pierden su vigor y comienzan a desfallecer tras ser
sobreexplotadas por la retórica sentimental21. Ellas, nalmente, expiran a causa de la
apatía, el hastío y la decepción. De hecho, el tedio deviene rápidamente en fastidio. Y
es así como las cosas dulces, al vulgarizarse, pierden su apreciado deleite. Pero aquellos
que permanecen inmunes, en lo esencial, a tal proceso de desvanecimiento de los
ideales, de evaporación de las ilusiones, y que son capaces de mantenerse de pie en
medio de las ruinas y que pueden decir “dennoch, no obstante, a pesar de todo, sólo
ésos tienen vocación para la política”22 , concluye Weber.

Verdades que Matan 

Al momento de cerrar este artículo es pertinente recordar la primera andanada verbal
con la que Weber espeta a su auditorio: “La conferencia que por deseos de ustedes he
de pronunciar hoy les defraudará por diversas razones”23. La advertencia es clara: la
conferencia decepcionará. Los primeros desencantados serán aquellos que esperaban
oír palabras dulzonas del maestro. Ellas son, por el contrario, de un realismo descar-
nado. ¿Por qué? Porque la intención de Weber es incitar a sus oyentes a asumir con
responsabilidad el juego de la política.

El téngase presente es para aquellos que se autocali can de políticos de convicciones.
Éstos rehúyen el carácter enrevesado y paradojal de la realidad factual. Pero si Weber
acentúa demasiado su realismo corre el riesgo de amagar el idealismo de los jóvenes.

Acaso, ¿no será mejor que guarde silencio para evitar que se marchiten tantos ideales en
or? Si opta por ello, su mutismo será como el del ruiseñor. En efecto, él se abstendrá
-al igual que el ave mañanera- de enrostrarles toda la verdad a los jóvenes por respeto
a sus ilusiones. Por eso, invocando al ruiseñor (o transmutándose en él) también pudo
haber concluido su conferencia con los últimos versos del soneto: “Así como él yo guardo
mi auta,/ porque no quiero seguir ajando vuestra alegría con mi canto”.


El llamado de Weber es a evitar ver la realidad a través de un visillo de idealizaciones
y ensoñaciones. Es una invitación a abandonar el romanticismo político. No hay co-
rrespondencia entre la vida política real, menos aún en una situación revolucionaria
que por de nición es violenta, y el lugar apacible que describe el soneto. En el segundo
verso (en cursiva) se re ere a la celebración de la situación descrita en el verso anterior,
que análogamente corresponde a la exaltación del proceso revolucionario, a la euforia
que produce la pasión política que ha suscitado “este carnaval al que se le embellece
con el orgulloso nombre de revolución”6.

La vida política no tiene nada de poética. Menos aún durante un proceso revolucio-
nario. Las revoluciones no estallan en lugares apacibles ni en sociedades donde reina
el amor. Por eso Weber, con cierto dejo de ironía, advierte a los jóvenes que se sienten
arrebatados por el ímpetu revolucionario que “sería muy bello que las cosas fueran de
tal modo que se pudiera aplicar el soneto 102 de Shakespeare”7. Sin embargo, la vida
real dista del talante anímico que trasunta el soneto. Más aún durante el transcurso de
una revolución, pues en ellas las relaciones humanas se tornan más tensas y abrasivas
e incluso violentas. Mientras ella dure, la violencia permanece al acecho y la irrupción
de ésta puede traer consigo devastación, sufrimiento y muerte.


Revista Enfoques, primer semestre, número 006
Universidad Central de Chile
Santiago, Chile

miércoles, 22 de febrero de 2012

La lectura de Ulises (Compañeros intelectuales II)

La lectura del Ulises de Joyce es un ejercicio de la mente y del espíritu demasiado complejo para un lector indisciplinado y ocasional de la ficción como es mi caso.

Aun cuando los editores presenten al libro como un día en la vida de Leopoldo Bloom y Stephen Dedalus, la complejidad no está en la extensión en el tiempo sino en la profundidad del relato. En la variaciones que siente el que lee que va de la retorica a la imagen de cine.

Como fuera, valen las reglas del artista y no las del lector

La cena de hace unos días con Booth, Lencinas, Lacunza y Di Veglio nos dejo varios temas y este en particular que discutimos con el Lobo: Como y para quien se expresan las ideas en política.

Son las dos de la mañana y estamos cerrando un informe para la Secretaria de Comunicación.

Tienen un área que analiza noticieros y medios pero aun el más atento estudiante de ciencias políticas, periodismo o sociología no logra poner en contexto toda la información disponible.

Estamos en la esquina de Montes de Oca y Martin Garcia. En uno de estos extraños enclaves que han nacido en Buenos Aires. De día es una especie de pizzería de menú variado, pero de noche es lo que un sociólogo llamaría el zoológico. …

Claro, en el supuesto que algún sociólogo supiese, y no de mentas, que cuernos es un zoológico.



- Cuando se trata de análisis político, a diferencia de la literatura, las reglas se invierten e interesa más la construcción del mensaje en función del destinatario que la técnica de escritura del autor. Creo que a punto tal, que si la técnica de escritura contradice el objetivo de llegada al receptor, el propio análisis queda invalidado.- Hace un pequeño gesto con la mano para continuar:- al menos como mensaje. Quedara por evaluar si la idea subyacente tiene la fuerza de penetrar otras almas.

La idea que el Lobo empieza a desarrollar nació de un enunciado: Sera entonces que en la escritura de ensayos y esencialmente el análisis político o histórico, no hay lectores sino destinatarios.

No existe una imagen de persona curiosa que busca una opinión, sino de persona comprometida que busca aprender, polemizar o disentir.

- Al menos como imagen del destinatario del mensaje político se debe pensar en el comprometido. No digo ni convencido, ni militante sino comprometido- dice mientas juega con un cigarrillo no encendido que le calma la ansiedad por fumar.

El mozo mira cada tanto como para asegurarse que el cigarrillo sigue ahí: como una promesa de humo pero con su presente de ansiolítico…

No recuerdo bien cuando fue que deje de fumar. Creo que fue en el 2003, estando en Brasil, trabajando para un proyecto en el verano de ese año.

Si fue ahí. Estaba con un resfrío de aquellos y la congestión me impedía respirar bien, dormir bien. El hecho es que no podía quedarme en la cama. El proyecto era demandante.

Entonces deje de fumar digamos por unos diez días.

Cuando me sentí mejor percibí que cuando corría no sentía ese dolor en la espalda que atribuía al cigarrillo. En realidad el dolor aparecia pero después de un tiempo mayor. Pero el dolor no era por el cigarrillo. Eran las arterias y no los pulmones. Pero esa es otra historia.

- Te quedaste colgado. ¿En que pensabas? Pregunta el Lobo.

Y continúa:

- Por eso no es un detalle menor el modo en el que se expresan las ideas escritas.

Abre un recorte de un diario en un punto que había marcado anteriormente.

- Centrémonos en este caso en uno de los representantes de Carta Abierta: Ricardo Foster.

Foster tiene un nivel de exposición televisivo y en el periodismo grafico que excede el de cualquiera de los integrantes de Carta Abierta por lo que las reglas que acabamos de enunciar se aplican más estrictamente.

-Escribe y habla para un público amplio. Y la mayor parte de ese público es el lector ávido por la polémica y la comprensión al que me refería.

Habíamos discutido los otros días sobre Foster y Carta Abierta y acordamos que son parte del movimiento nacional en su compromiso y acción, por eso este análisis es crítico en el sentido de revisar el valor de la actividad de Foster, Horacio Gonzalez y Carta Abierta en función al aporte militante al movimiento nacional.

El Lobo lee un párrafo de Foster escrito en Tiempo Argentino:

- “…Nada más fértil para la democracia y para darle mayor consistencia y hondura a un proceso de transformaciones como el que viene dándose en Argentina desde mayo de 2003 (algunos prefieren hacer retroceder esa fecha a diciembre de 2001 y al alcance exponencial del estallido que condujo a la crisis decisiva del modelo neoliberal; yo me inclino por destacar lo azaroso y rupturista de lo abierto cuando ese casi desconocido político patagónico se metió por una mínima fisura dejada en el muro del sistema por la caída en abismo del país en ese verano del 2001-2002) que la emergencia de diversas opiniones y concepciones que sean capaces de dirimir públicamente el sentido de los acontecimientos…”

Este es un Foster “domesticado” pienso para mí, ya que por ejemplo leer alguna nota del mismo en 2007 o 2008 cuando empezó a surgir mas masivamente, era un ejercicio de difícil comprensión.

Parecía que entendía al igual que Joyce que lo importante era la regla del escritor. Y entonces en función de recuperar la palabra frente a la venalidad de los años anteriores, hacia construcciones barrocas y difíciles de seguir al punto que la idea quedaba escondida.

El Lobo ha reescrito el párrafo:

“…Para darle mayor consistencia y profundidad al proceso iniciado en mayo del 2003 lo mejor es la aparición de opiniones y concepciones diversas.

Estas opiniones serán fértiles en tanto sean capaces de dirimir públicamente el sentido de los acontecimientos.

Algunos prefieren hacer retroceder la fecha de mayo de 2003 a diciembre de 2001 ligándolo al estallido que condujo a la crisis del modelo neoliberal (crisis decisiva a mi entender).

Pero yo me inclino por destacar que el proceso abierto por Kirchner, un político desconocido, fue azaroso. Al punto que se metió por una mínima fisura del sistema durante la caída en abismo en el verano del 2001-2002.

Y en ese sentido fue y es un proceso rupturista..”

Le pega a una pitada al cigarrillo apagado y se da cuenta que eso es una situación graciosa. Se sonríe.

Tomo los dos textos y los leo nuevamente. Cuento las letras de cada escrito y los párrafos y le digo:

- Foster uso 116 palabras en un párrafo y vos utilizaste 117 en cinco. Desde el punto de vista del editor periodístico 116 es un número preferible a 117 pero este es un análisis político de modo que me cago en el editor periodístico. Pero sobre todo veo que resumís en la primera frase lo que él quiere apuntar , pero por su estilo deja al final de su párrafo. Precedido además por una catarata de conceptos que no solo hay que separar sino incluso sostener.

Hace un gesto como D’Arienzo cuando le marcaba al bandoneonista un ritmo:

- Exacto, mi amigo. El texto del informe político a diferencia del ensayo sociológico o la literatura, no se basa en la conjunción de conceptos en frases largas sino en su apertura. De modo que cada enunciado pueda ser seguido. Es un ejercicio que solo se adquiere cuando se escribe para personas comprometidas. Entonces uno siente que debe mostrar claramente la parte de cada idea y no enunciarla para regodearse de su complejidad

Saca otro papel de sus carpetas. Es la famosa carta de Kirchner a Feinmann cuando este contesta a una entrevista y hace sus habituales criticas de niño terrible, en la que el ego por mostrar inteligencia y espíritu critico supera con creces el del comprometido con una causa.

Lee los tres primeros párrafos:

“…Hay veces que me decepcionás y otras que no. Los dos tenemos una historia anterior. Cada uno de nosotros sabe cuál es.

Cuando decís que no hemos resuelto la exclusión social sos injusto y cómodo a la vez.

Hemos bajado casi 30 puntos la pobreza, hemos llevado la indigencia a menos de la mitad, y la desocupación ha bajado entre 12 y 14 puntos. Se redujo considerablemente la mortalidad infantil y la deserción escolar. ..”

Es un excelente ejemplo, pienso

Tres párrafos concisos, yendo directo al punto y usando datos duros. Algo que personas que provienen de la sociología no deberían desestimar con la frecuencia que lo hacen.

Recuerdo ahora que hay un episodio del Ulises que se llama Nestor, en referencia al héroe mitológico de la Odisea.

El Nestor de la Odisea era un argonauta. El nuestro es un eternauta.

Es toda una lucha recuperar el sentido de las palabras cuando la ideología neoliberal las ha ridiculizado e incluso cambiado el sentido, imitando el uso de remeras con la imagen del Che.

Pero esa lucha no puede dejar de lado la explicación. En un informe o análisis político es tan importante que de no existir, el enunciado mismo del análisis se pierde. Se desmerece.

Dejemos al arte y al alma de los artistas los vericuetos de palabras, la candela de las emociones.

Dejemos que ese patrimonio humano resida en las obras como el Ulises de Joyce.

Y usemos nosotros, al hacer política, nuestro pulso firme para escribir lo que pensamos y hacia quienes va ese pensamiento.

Ebais

martes, 21 de febrero de 2012

Mezcla rara de sabihondos y suicidas

Una reflexión sobre los bares de los años 60' / 70'

por Carlygom

Yo recién había llegado a Buenos Aires y todo me fascinaba: nada se parecía a mi pueblo, empezando por la gente. Corría la década del sesenta y la gran metrópoli era una sarta de contradicciones: por un lado el arte, la literatura, la ciencia y el espectáculo vivían una gran plenitud creativa e innovadora, pero allí arriba, en el poder, regían milicos y santulones que no veían con buenos ojos lo que sucedía en la línea que transcurría por los cines Lorraine y Losuar, el Instituto Di Tella y los bares Florida y Moderno, la Facultad de Filosofía y Letras, el restaurant Chez Tatave y los cientos de conciliábulos que se armaban en las librerías de Jorge Álvarez o Falbo, o a partir del nuevo periodismo de Primera Plana y Confirmado, y el rock nacido en La Cueva o la Perla del Once.

Eran épocas en las que artesanos y artistas, músicos, hippies y estudiantes solían ser perseguidos por el solo hecho de existir. Los encanaban y les cortaban el pelo, intentaban escarmentarlos y doblegarlos con moral victoriana y hábitos cuarteleros.

Claro que para mí, aun así, la gran city era mejor que mi pueblo, donde no sólo también regían la moralina y el terror al cambio, sino que al resto de la gente parecía no molestarles la obediencia y el lugar común.

Descubrí rápido la calle Corrientes y su vivir nocturno: La Giralda, El Colombiano, Premier, La Ópera, El Foro y –sobre todo- La Paz. Y me asomé a una serie de actividades que desconocía: la discusión con gente no muy conocida, que tanto mezclaba temas álgidos como la política nacional e internacional con el cine, la música o la economía.

En La Paz se respiraban ideas muy zurdas. Acaloraban la noche marxistas empedernidos como Jorge Asís (¿quién diría, no?) en batalla casi mortal con trotskistas que abogaban por una revolución permanente, los chinoístas en pleno esplendor de Mao, los que siempre traían “la última” y que habían descubierto los avances políticos de Albania (¡sí, de Albania!), los tercermundistas (entre los que se mezclaban las lecturas de Fanon con las del Che, el nuevo cristianismo y las teorías revolucionarias de la dependencia de Cardozo (luego presidente -más bien conservador- de Brasil). También estaban los castristas, cerradísimos en su necesidad de propalar esa revolución por América Latina, y los que de una u otra manera encontraban la manera de deslizar la idea de la “lucha armada” como única forma posible de llegar al poder.

Tímidamente, aparecían ideas peronistas, que habían aterrizado en el mundo intelectual de la mano de las “cátedras nacionales” universitarias, la resistencia peronista de izquierda y el tacuarismo de derecha, el nuevo sindicalismo aportado desde el Cordobazo, etc.


Mi cumpa Rubén

¡Pueden imaginarse, entonces, lo que eran aquellas mesas de la calle Corrientes, encabezadas por las del bar La Paz! Cuando luego uno comentaba entre sus conocidos lo que sucedía por allí, siempre encontraba a alguien que quisiera luego sumarse. Es lo que me pasó con mi compañero Rubén. Como yo, alumno “de Filo” era un aventajado estudiante. Su madre vivía obsesionada con que se recibiera “de psicólogo”, una profesión por la cual él sentía una particular aversión. Pero dado que cuando terminó su secundario, la madre fue inflexible en sostener su idea, él decidió estudiar Psicología pero, de paso, se inscribió también en Ciencias Exactas, su verdadera querida vocación. Y para coronar tal aventura decidió graduarse lo antes posible en Psicología para entregar el diploma (que era el sueño de su madre) y seguir con la carrera que verdaderamente le interesaba. Con lo que no contaba nadie era por su entusiasmo con la política, que lo llevaba a que las pocas horas libres que le dejaba el estudio las empleara en leer a Trotsky y en discutir hasta altas horas de la noche sobre cuál sería la mejor solución para el país. Y con todo esto se largaba a acompañarme a través de los bares de la calle Corrientes.

En Filosofía y Letras no era difícil encontrarse cada tanto con verdaderos genios, y obviamente Rubén era uno de ellos. Cuando me contó sobre la “carga” que mantenía con la carrera que seguía, le manifesté mi opinión.

- Qué macana, ¿no? Una carrera tan larga que no pensás luego seguir…

- Bah… es un capricho de la vieja. Pero no es tan larga, en cuanto la termine le llevo el papelito y va a ser mi regalo para ella. Después sigo, tranquilo, porque quiero ser químico. No creas que psicología es tan larga: la termino el año que viene…

- Pero… ¿qué edad tenés?

- Diecinueve.

El flaco pensaba a los veinte años tirar a la basura su profesión recién adquirida para seguir química. Pero yo lo dudaba, el partido al que se había enrolado le exigía cada vez ocupar un rol mayor, sobre todo porque sus conocimientos y su visión eran ya casi iguales o mayores que los del mismísimo Trotsky.

¡Así que imagínense lo que fue su entrada en la mesa de “La Paz”! Chiquito, muy flaco, esmirriado tras su barba profusa, parecía imperceptible. Hasta que, tímidamente, comenzó a desdecir a “pesados” de la lengua con argumentos contundentes, citas textuales de Marx y Engels y… para temblor general, comparaciones con traducciones propias que hacía de los textos de Gramsci, Althusser y de autores que sólo él conocía y que hacían sentir a los interlocutores unos carentes totales de conocimientos políticos.

Pero de algo que nunca me voy a olvidar de aquellas épocas es la pesada nube que nos rodeaba permanentemente y que producía la acumulación de humo de cigarrillos.

La década del sesenta en Argentina fue el esplendor del marketing de cigarrillos. Los americanos habían desarrollado los cigarrillos de cien milímetros, que permitían fumar unos minutos más. Y con campañas muy agresivas invitaban a todos a fumar a toda hora en cualquier lado.

Salvo en las iglesias, cines y teatros o las habitaciones de los hospitales, se podía fumar en cualquier lugar: aulas, colectivos, aviones, lugares de trabajo. Nadie lo veía mal. Mi recuerdo de los encuentros en un bar, era lo viciado que se mantenían esos lugares a toda hora, con el famoso “olor a pucho” traspasando cabelleras y atuendos. También recuerdo la permanente irritación en mis ojos, y a pesar de que yo también era otro de esos fumadores.

Corolario del Editor

Al igual que otros centros de reunión en la "Decada Infame", esos bares de la decada de los 60' / 70', fueron calderos, crisoles, donde hirvieron elementos tan discimiles como "La voluntad", "La rabia", "El vedetismo intelectual y "El compromiso".

En una mesa el pibe recien llegado, podía llegar a compartir la charla con algún escritor consagrado, actores o politícos y sin saberlo, por que no, con algún ortiva o informante de la yuta.

En esos bares uno conocía gente que quizás no vería nunca más. Los sucesos que se desencadenarián en años posteriores,  tiñen de un intenso dramatismo esta ultima frase.

Discepolo pudo plasmar magistralmente aquel material humano que nutría esos bares,  en su "Cafetín de Buenos Aires" con esa profunda imagen  que a algunos hoy todavía nos hiela la sangre: "Mezcla rara de sabihondos y suicidas"

El gran poeta español Antonio Machado le escribío a una generación anterior a la que le tocó vivir el desgarramiento de España por una guerra civil con estas palabras:

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Loboalpha

El texto basico de esta nota fué publicado originalmente en: http://www.igooh.com

lunes, 20 de febrero de 2012

Bar La Paz

 Fundado en 1944, comienza a tener brillo propio a partir de la década del ’60, cuando la bohemia porteña decidió que ese era su lugar para confrontar ideas. Hasta 1976 tuvo su sello propio, sus largas noches de encuentros y discusiones. En sus paredes se respiraba vida. Hoy, sencillamente languidece. Ese lugar lleno de gente hoy está vacío. ¡Si hasta el Ramos tiene más vida!

por Gabriela Sharpe

Durante mucho tiempo la artería principal del porteño fue su calle Corrientes, que fue bautizada como "la que nunca duerme", y su corazón latió en Corrientes y Esmeralda, esquina en que Scalabrini Ortiz sitúo al "hombre que está solo y espera". Con el correr de los años su pulso se trasladó a otra esquina: Corrientes y Montevideo. El Ramos, Pernambuco, La Paz fueron algunos bares que marcaron el nuevo ritmo.

El café La Paz, fundado en la década del ’40, comienza a tener brillo propio a partir de 1960 cuando la bohemia porteña decidió ocupar sus mesas.

En él se reunían literatos, cineastas, músicos, principiantes psicoanalistas. Todos jóvenes y noveles.

Durante la década del ’60 y fines de 1975 sus habitúes se caracterizaron por sus barbas , las mujeres por sus pechos sin sostenes que se adherían a las musculosas, por los atados de cigarrillos negros Particulares sin filtro, los fuertes Parissiens o los Jockey Club, también por la variada temática de los libros depositados en las mesas y algunos por sus pipas.

Típico bar porteño, con sus ventanas tipo guillotinas (esas que se abren para arriba), siempre abiertas ya que eran tiempos en que el aire acondicionado no existía - se escuchaba el monótono ruido de los ventiladores -y era frecuente ver a una persona del lado de afuera acodada en la ventana charlando con otra sentada en una mesa de esas que permiten ver la vida a través de un vidrio.

En una mesa de cuatro, cabían diez y consumían dos.

A cualquier hora había gente, mucha. Cumplía las funciones de "bar vidriera", si uno caminaba por Corrientes, inevitable cruzarse hasta Montevideo y pispear si se encontraba algún conocido.

En distintas mesas se los podía ver a Rodolfo Walsh, Ricardo Piglia, el "Mono" Villegas o David Viñas.

Época de bullicio, de discusiones, donde el murmullo no tenía cabida.

Tenía vida.

Épocas de cafés, de ginebras, aperitivos o whiskys. Y de levantes!

Épocas de ideas, ardides y demás.

Había energía.

Luego vino la dictadura militar de 1976, y con ella las razzias, los sinsabores. Muchos de aquellos que ocuparon sus mesas hoy están desaparecidos, otros debieron exiliarse.

El país y el bar La Paz comenzaron a languidecer.

La polémica, la alegría, la bronca, la vida que forjaron sus mesas se fueron para no volver.

En 1980 estuvo a punto de cerrar, siendo rescatado, en 1997, por el Gobierno de la Ciudad y a partir de entonces es uno de los bares notables.

Hoy que tiene aire acondicionada, que se puede pedir comida, que tiene un sector para fumadores y unas tenues luces. Hoy no tiene gente. Languidece. Está vacío.

domingo, 19 de febrero de 2012

Había una vez un cine: EL cine Lorraine

“La década del ‘60 fue el momento más lindo que tuvimos en el cine. De una juventud envidiable e inquieta, preocupada por los valores humanos y artísticos. No sólo fue en el cine, sino también en la pintura, literatura… fue un movimiento general. Me acuerdo del Di Tella, que era muy famoso, un centro de reunión. La calle Corrientes era una calle “culturosa”, con mucho esplendor en los comienzos del Lorraine y las otras salas… entonces tenía un público muy específico. Era llamada “la calle que nunca duerme”, porque daban las tres de la madrugada y la gente todavía estaba discutiendo la problemática del cine y del teatro. El teatro independiente estaba en su esplendor. Todo era maravilloso, yo siempre evoco ésa época con mucha nostalgia…pero… lamentablemente el tiempo se lleva las cosas y estas jamás vuelven ni se repiten”.

Por Pablo De Vita

Palabras de antiguo boletero, posterior exhibidor y, sobre todo, amante incondicional del cine arte. De esa forma de hacer arte que encuentra su definición exacta en aquel recordado “Manifiesto de las 7 Artes”, de Ricciotto Canudo, donde es jerarquizado (por vez primera) como el séptimo pero no por ser el menos importante sino el más reciente. Un proceder para hacer cine y ver cine. Una forma que – según Alberto Kipnis – jamás volverá, pero que dejó su sello (el séptimo, quizás) indeleble en toda una generación. .

Un “séptimo sello” que proyecta a un realizador sueco muy poco conocido (siendo generoso con ese gigante ya intemporal llamado Ingmar Bergman), en el primer ciclo de revisión a su obra realizado en el mundo. Uno entre tantos otros como los que programaba Alberto Kipnis.

“Fue una etapa que había empezado en el ’55, con el Lorraine. En el ‘58 realizamos la primera revisión del ciclo de (Ingmar) Bergman, ya que había una juventud ávida por conocer todo el nuevo movimiento que se estaba produciendo, con directores que más que directores eran autores de las películas. Era la época de Godard, Truffaut, Alain Jessua… estaban apareciendo Antonioni, Fellini… Creo que son todos grandes maestros, de una estatura que nunca más se va a repetir y, sobre todo, por la temática que ellos utilizaban y que era tan afín a lo que nosotros estabamos viviendo.”

Y las vivencias son distintas, pero todas unidas a ese extraño amor que se proyecta en 35mm y permitía ver, por ejemplo, el desnudo legendario de Heddy Lamarr en la película checoslovaca “Extasis” (Extase, de Gustav Machaty -1933-), o descubrir y redescubrir hasta el hartazgo o la fascinación – según las cualidades intelectuales del espectador de turno- “El Acorazado Potemkim”, dentro de una retrospectiva integral a la obra de Sergei Eisenstein (o Sergio según los programas de época). Se incluía “como yapa” “Sergio Eisenstein, vida y obra de un genio” (Sergei Eisenstein, de V. Katanian – 1958-) , junto a cortos basados en la obra de Anton Chejov de realizadores como Irina Poplavskaia y Mark Kovaliov.

El destino hizo que Kipnis, a los 23 años, desembocara en la boletería de un cine que ostentaba el nombre –casi pomposo- de Lorraine y se encontraba muy lejos de la programación que lo convertiría en leyenda.

“Yo entré de casualidad al cine… por esa época estaba trabajando en un banco y del banco pasé a trabajar en un hotel como recepcionista. Como yo no estaba afiliado al “partido” (en referencia al peronismo) me despidieron, y daba la casualidad de que el dueño del Lorraine quería dejar la exhibición y abrir una pizzería. Después, cuando yo empecé a trabajar en el cine, estaban dando el Campeonato Sudamericano que se jugaba en Montevideo, y la pelea de Dogomar Martinez contra Kid Gavilán, junto a “El trueno entre las hojas”. Y bueno… uno sentía mucha vergüenza de estar sentado ahí, trabajando con ese tipo de material, hasta que surgió la idea de programar otro tipo de películas que pasaban sin pena ni gloria por las salas de estreno y volverlas a exhibir.”

Junto al cine Lorraine, allá por 1956, estaba la pizzería Tropicana y el aroma de las “grandes de muzzarella” era un éxito seguro frente a las películas abominables que se proyectaban en la sala. Sin embargo, Kipnis olía algo distinto y fue así como programó, siempre en su función de boletero y con autorización del dueño, un par de películas rusas que funcionaron y enseguida un ciclo de cine francés que anduvo aún mejor.

Para ser precisos, el ámbito del Lorraine fue erigido en los años treinta con el objetivo de proyectar películas de calidad. En la empresa, se encontraban León Klimovsky, Elías Lapszenson (el dueño) y el recientemente desaparecido Rolando Fustiñana (Roland), definiéndola como “Cine Arte” -sin relación con el cine que tiempo después se inauguró en la tradicional galería, que conecta Corrientes con Diagonal Norte-.

Suele decirse que las cosas buenas duran poco. ¿Las buenas empresas acaso son una excepción?. Quién sabe, pero por suerte a veces tienen continuadores como Alberto Kipnis, quien con el Lorraine desarrolló un criterio absolutamente propio e innovador.

“Las películas, tanto de Bergman como Antonioni o Godard, pasaban desapercibidas en las carteleras y nadie llegaba a verlas, hasta que se me ocurrió cubrir ese vacío con el Lorraine. Es decir, fui acumulando ese material, que se estrenaba y pasaba sin que el público se enterara. Así se fue creando una nueva corriente de público que las seguían y discutían.”

Contribuían a esa formación, casi académica, los programas del viejo Lorraine”; que nada tenían que ver con los que actualmente se reparten en prácticamente todos los cines que “se toman la molestia” de imprimir programas. La novedad fílmica venía junto a otra de papel y consistía en las fichas técnicas de cada película, un lugar destacado para el realizador ( no tanto para los intérpretes), junto a su filmografía en orden cronológico, las frases más importantes de los críticos del momento (Ernesto Schoo, Manuel Martínez Carril, Mabel Itzcovich, Agustín Mahieu, entre otros), un intervalo musical y las próximas novedades, que remitían a films de Bergman, Wajda, Antonioni, Comencini, Monicelli, Fellini, Visconti… ¡ uno por día, todos los días !

Poco despúes comenzaron las recordadas “Ediciones El Lorraine”, que seguían una línea editorial sencilla y profunda. Rústica rigurosa, pequeño formato pensado quizás para los “lectores del sobaco”, que gustaban pasear con libros bajo el brazo. Nombres muy puntuales para que el espectador pudiese tener una referencia global del director o del tema que se estrenaba. Los ya nombrados y vueltos a invocar Bergman, Antonioni, etc.; ensayos sobre cine polaco o los Diálogos de Hiroshima Mon Amour (Alain Resnais -1958-), película exhibida tantas veces con enorme éxito, llegando éste a ser un suceso propio con veinticinco ediciones.

En sus comienzos “cultos” la sala era una coqueta, en esa etapa de la decadencia que remitía a los climas de Beatriz Guido: lindas butacas y murales con la firma de Leónidas Gambartes y López Claro, mezclados con paraguas que se abrían en la mitad de la función y no porque hubiera llegado el veinticinco de mayo, sino porque una tormenta porteña, que se colaba implacable por las grietas del techo, amenazaba cambiar radicalmente la programación. Todo esto se sumaba a las proyecciones que se realizaban con películas de nitrato, material conocido -y temido- por su naturaleza altamente inflamable, y a proyectores que funcionaban con el sistema de arco voltaico (o sea carbones que generaban la luz por medio de un salto de chispa muy intenso).

“Era peligroso, pero otorgaba otra nitidez y otro ‘calor’ a la película. Daba una sensación mucho más hermosa a la fotografía, porque la luz de la lámpara es fría y, en cambio, la luz de carbón era fuego que estaba dentro del proyector y que se producía cuando dos carbones se unían y provocaban la llama. Entonces la imagen tenía más densidad y más belleza, con la desventaja de que el carbón producía chispas provocando una distorsión”.

Para quienes deseen saber un poco más sobre esto, valga como filmografía recomendada Cinema Paradiso; allí el entrañable operador que anima Phillipe Noiret resulta quemado y cegado al incendiarse la cabina de proyección.

En 1954, arribó a la sala un cine-club llamado simplemente Núcleo. El prolegómeno fue el suceso de la muestra de Bergman. Kipnis señala:

“El público respondió fabulosamente y no dábamos abasto con la capacidad de la sala. Con Bergman, por ejemplo, si la función empezaba a las trece, la gente ya estaba a las once. Cuando dábamos sala, ya estaba vendida la segunda sección. Llenábamos todas las vueltas ¡Era una barbaridad como respondía el público! Y siguió respondiendo durante muchos años, tal es así que quienes ahora peinan canas ¡cómo yo! (ríe), todavía recuerdan aquella época y recuerdan que significaba el Lorraine.”

Volviendo a la historia del joven boletero, las mil personas por día, junto con las programaciones de cine independiente, brindan a Kipnis la oportunidad de dejar para siempre la boletería y hacerse cargo de la sala. Devenido empresario, recibe –por ejemplo- al embajador de Checoslovaquia, que asiste orgulloso al estreno de una película de su país.

La autodenominada “Revolución Argentina” -otra de tantas que no re- evolucionó nada – del General Onganía (La Morsa, según Landrú en Tía Vicenta-) pasa por la vereda sin asomarse demasiado a la platea. Sin embargo, los avatares de un país que se convulsiona y degrada no dejan de “colarse sin pagar entrada” en el mítico reducto, con algo (por entonces) de isla de la fantasía versión psicobolche o quizás lugar de ensueño. Un lugar, a fin de cuentas, donde se podía soñar un mundo mejor.

“Hubo ráfagas de gobiernos civiles, como el de Illia, pero la regla era la represión. A mí, cada vez que iba a dar un ciclo de cine polaco o checoslovaco, venían y me pedían el nombre para ver quien era el responsable… como si uno fuera a hacer algo malo. Decían que habían puesto “gente” en la sala para que no ocurriera nada malo, y nadie tenía la menor intención de cometer actos subversivos. Era simplemente persecución ideológica. Hacia fines de la década del sesenta coletazos de los hechos que se estaban produciendo en el país finalmente me alcanzaron: pusieran una bomba en el baño del Lorraine, mientras se proyectaba ¡nada menos que “Roma Ciudad Abierta”!. Nadie resultó herido, pero el baño quedó hecho añicos.”

Pero, Kipnis no se dejó ganar por la adversidad, y en 1966, adquirió un antiguo local bailable, el “Picadilly”. Ese lugar – que hoy ha vuelto a recuperar su nombre y rubro- es donde se creó el cine Loire.

“Lo hago con un criterio similar al Lorraine, pero la diferencia radicaba en que era una sala de estreno. Bueno ahí se estrenaron películas que ya son clásicos indiscutidos como “Masculino-Femenino” de Godard o “Mouchette” de Bresson. Hoy día. ¿quien sabe quien era Bresson?, en este fin de siglo al que estamos llegando. Bresson era un director ascético, difícil. Lamentablemente filmaba poco, hacía un cine para adictos sin protagónicos estelares, como eran también el de Jessuá o el de Passolini con “Pajarracos y pajaritos”, “El Evangelio según San Mateo y tantas otras películas maravillosas”.

Antonioni filmó esa trilogía sobre la incomunicación: “La Aventura” – “La Noche” – “El Eclipse”, con la que teníamos un éxito constante de público y ahora volvió, viejo y casi inválido con “Mas Allá de las Nubes”; quedan todavía del viejo maestro todas las reflexiones sobre la problemática de la comunicación en la pareja.


Volviendo al tema de las “L”, es muy claro… el sentido era el siguiente: cuando se crea el Loire, el nombre fue elegido por sorteo entre el público y el que ganó obtuvo como premio un carnet para ir gratis al cine durante un año. En esa sala batimos el récord de público con “El Romance del Aniceto y la Francisca” (Leonardo Favio -1967-) - que convocó a 1922 personas para llenar apenas 270 localidades, se llenaron todas las vueltas y permaneció alrededor de diez semanas en cartel después de pasar muy pocos días en la sala de estreno -. La sala tenía que tener “LO” para que en las carteleras de cine una promoviera a la otra. El Lorraine estaba en pleno auge, entonces promocionaba o presentaba al Loire; después promociona al Losuar y así seguimos “juntando las salas con LO”. En realidad, el Losuar es un invento porque no remite a ningún lugar de Francia como muchos creían, significaba simplemente “Lo Supremo en Arte” expresado por medio de una sigla.”

Corrientes era testigo obligado del reciclaje cultural de la década del ‘60: una vieja sala llamada Lorraine cambió “El Trueno Entre Las Hojas” por “Lady Macbeth en Siberia” (Andrzej Wajda) y el viejo Cinelandia deja de exhibir ese género prohibido, sólo para mayores – abuelo casi cándido del actual prono -, para entregar programas con una portada donde los nombres de Francois Truffaut junto a Jean-Luc Godard, Marcello Mastroianni o Julie Christie transmitían un mensaje en clave, mucho más sintonizable entonces que el posterior “Marikena canta a Brel”.

Entre los espectadores del Losuar en particular del Loire, se encontraba el censor de turno… de un turno tan largo dentro de la historia vernácula como para tener un nombre tan identificado con la censura como el de Judas con la traición: Miguel Paulino Tato.

“Con Tato la relación era muy particular, porque él sabía bien quién era Kipnis y yo –claro está- tenía claro con quién trataba. Entonces las reglas del juego estaban bastante claras. Recuerdo que, a veces, venía un ratito al Loire en su función de crítico de cine y me decía: “Che, que porquería que estás dando hoy, acá que te dejo a mi hijo para que haga la crítica, porque si no yo tengo que quemártela… chau” (ríe) Nos llevábamos bien dentro de todo este “maremágnum” de problemas que había, porque el trato que existía entre nosotros era casi normal. Había una relación que llamaría de caballeros, de respeto: cada uno en su lugar. Pero por eso ninguno de nosotros dejaba de decir lo que pensaba respecto a lo que estabamos haciendo”.

El Lorange fue el último cine de la serie, con Kipnis como titular. En el medio nació el Lorca, que era y es de otro propietario, y que siempre fue visto como el “entrometido” en la cartelera de Corrientes (ver aparte).

El Lorange es simplemente “Orange” con la “L” adelante para agruparse casi temáticamente con sus gemelos. Abrió con “Pasión” de Ingmar Bergman el carisma de Max von Sydow (antes de cientos de coproducciones donde hizo de nazi o de hechicero) brilló junto a la resplandeciente belleza de Liv Ullman, subiendo la escalerita de la entonces flamante galería Apolo. Los comienzos de 1970 lentamente transformaron el sueño en pesadilla y las ganas de fomentar un determinado tipo de cine se terminó a causa de una realidad nada amable.

“Todo empieza a descomponerse, empieza el Proceso y ahí es cuando se produce esa pérdida de generaciones que no se recuperarán jamás. Entramos en crisis en el cine porque, entre otros factores, la censura se pone aún mucho más dura. Ya todo estaba absolutamente politizado, entonces existía la censura por problemas políticos, sexuales, etc…”

El Lorraine cerró sus puertas en 1972, antes de la página más negra de la historia argentina contemporánea; se transformó en Lorena y empezó a proyectar estrenos comerciales “en simultáneo”.

“Al cerrar, el cine entra en obra para transformarse en el Lorena. Sobre el cerco que cubría a la construcción, alguien pega un poema dedicado al Lorraine y algunos espectadores lo sacan y me lo entregan en el Loire. Me pareció un hermoso homenaje al Lorraine y hoy para mí es un recuerdo bastante nostálgico” (ver aparte).

Aquellos programas prolijos y detallados se resistieron a morir, hasta el último año del siglo, en el Lorange. Más austeros pero siempre al amparo de revistas de importancia como Cahiers du Cinema y Films and Filming o de las críticas actuales de los principales medios, siguieron instruyendo a los nuevos espectadores como parte de un viejo anhelo del veterano maestro de la exhibición Alberto Kipnis.

“Como bien se dice el cine es un arte – aparte de la parte industrial -; separemos entonces la parte industrial y quedémonos con el arte. Tenemos pocas obras maestras pero también en la literatura, por ejemplo, ocurre lo mismo: hay muchos, muchos, muchos libros, pero los buenos son pocos y el cine es exactamente igual, ya que se filman películas que son para el montón y existen aquellas que deben quedar como ejemplo de etapas y cosas insuperables. Que debieran ser materia obligatoria en las escuelas para que se conozca quienes fueron, cuánto hicieron por nosotros como espectadores.

Hace un par de horas dejé a Alberto Kipnis en el cine Lorange. Como cumpliendo un rito caminé hasta el solar del viejo Lorraine. Decido ahogar la melancolía en cafeína. Desde donde estoy sentado veo el cartelito que dice: “Homenaje permanente al cine Lorraine” y que está pegado debajo del tablero de la que fuera mítica sala. Los murales de Gambartes y López Claro permanecen distantes, indiferentes. Mientras tanto, el librero de turno empieza a tapar la mesa de saldos, tratando de salvarla de una posible inundación. El techo conserva las mismas mañas. ¿Hay algún paraguas abierto? Quiero escuchar los gritos de la platea al sonar los discursos de Mastroianni en “Los Compañeros”, pero no. Me voy caminando lentamente hacia el bajo, y (cosa curiosa) evoco la imagen de la escuela primaria y sus láminas del Cabildo, con esos paraguas abiertos y las manitos alzadas saludando a la patria.

Tengo la convicción de que, en algún lugar que no figura en los mapas celestes, ahí donde van todas las cosas que ya no están, flota el viejo Lorraine sustentado por un cacho de vereda de la calle Corrientes. El mismo cacho que pisaron aquellos espectadores, que creían que la imaginación terminaría tomando el poder.

NOTAS:

- En 1972 el Lorraine se transformó en el cine Lorena. El cine Lorena brindó su última función con “Rain-Man, cuando los hermanos se encuentran” en Abril de 1989. Actualmente lo ocupa la librería Gandhi (Corrientes 1551).

- En los primeros meses de 1998 cerró definitivamente el Losuar, que había sido transformado en dos salas, su última función fue “El Oro de Ulises”. actualmente se ha trasladado allí la nueva Librería Gandhi.

- El Loire cerró en 198… luego de dedicarse como sala exclusiva a la exhibición de cine español. Esta fue la despedida de Alberto Kipnis de la sala, ahora transformada en teatro y que ha vuelto a su viejo nombre: Picadilly.

- El Lorca nunca integró el complejo de Kipnis. Fue creado como homenaje a Federico García Lorca en 1968 por un consorcio liderado por Alvarez e hijos.

- El Lorange, luego de ser teatro, volvió a su actividad cinematográfica en 1995 con “Sol Ardiente” del ruso Nikita Mijalkov y permaneció liderada por la empresa de Alberto Kipnis hasta febrero de 1999. Luego la sala fue alquilada por Bula y Condito como se detalla en la nota.

- El Lorange junto al Lorca “1 y 2” y al renacido Cosmos “1 y 2” son los únicos referentes actuales de la exhibición cinematográfica de películas de “cine de autor” que existen sobre la Avenida Corrientes.

- Ricciotto Canudo nació en Bari (Italia) en 1879, emigró a Italia en 1902, frecuentó ambientes intelectuales, se conectó con artistas de diversas tendencias y se sintió influido en particular por las obras y teorías de Wagner, Marinetti y D’Annunzio. Su interés por el recién nacido arte del cine le llevó a escribir en 1911 el Manifiesto de las siete Artes, texto que se publicó oficialmente en enero de 1914. (…) Canudo falleció en París en 1923. (extr. de Marino, Alfredo “La Mirada Crítica”)

- * Los programas del Lorraine fueron imitados conceptualmente para el resto de las salas, diferían en formato y diagramación pero fueron realizados a conciencia hasta el último día para cada sala. De esta forma, tomando un programa de la primera temporada del cine Loire, uno se encuentra con pormenorizada información sobre “The Troublemaker” “El Buscador de Líos” de Theodore Flicker (realización que acercó a las pantallas argentinas al New American Cinema). Asímismo el programa anuncia los próximos estrenos a proyectarse, donde figuran: Oveja Negra (Milos Forman), Vidas Secas (Nelson Pereira Dos Santos), Vivir al revés (Alain Jessua), y La Trampa del Diablo (Frantisek Vlacil)

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Poema en homenaje al Lorraine,
que como toda cosa popular es anónimo



Cualquier día de la semana

viejo “Lorraine”

algún problema nos oprimía

viejo “Lorraine”

cuando la soledad de Buenos Aires,

nos metía hondo.

viejo “Lorraine”

si después del laburo no querías lo de siempre.

viejo “Lorraine”

un encuentro casual, café y

viejo “Lorraine”

y, si en el noticiero aparecía el que no querías arriba,

silbabas y gritabas

viejo “Lorraine”

ganas de encontrar tus amigos

viejo “Lorraine”

con una niña, en fin de mes, sin guitas

viejo “Lorraine”

la película que siempre quisiste ver y no pudiste

viejo “Lorraine”

viernes, trasnoche,

viejo “Lorraine”

y así podría seguir bastante no,

Chau último cine de barrio de

“Buenos Aires”

De parte de “un domingo a las seis…”

1 – 10 – 1972

con material de: Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken y Alberto Kipnis

sábado, 18 de febrero de 2012

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Francisco Ibáñez Gorostidi, más conocido como Paco Ibáñez, es un trovador español, cuya trayectoria artística la ha dedicado casi íntegramente a realizar versiones musicalizadas de poemas de autores españoles e iberoamericanos, tanto clásicos como contemporáneos.

De padre valenciano y madre vasca, es el menor de cuatro hermanos. Pasa su primera infancia en Barcelona, lugar en el que reside actualmente. Tras la guerra civil, su familia se ve obligada a exiliarse a Francia puesto que su padre era un militante anarcosindicalista de la CNT. Entre el invierno de 1939 y el inicio de la ocupación alemana, residirán en París.

Su padre, militante anarquista, es arrestado e internado en un campo de trabajo para republicanos españoles. Su madre regresa entonces con los cuatro hijos a San Sebastián para trabajar, viviendo en el caserio familiar de Aduna en Guipúzcoa hasta los 14 años.

Más tarde, estos recuerdos de infancia en el caserío familiar los recoge en su disco Oroitzen —Recordando—, cantado en euskera. En 1948, la familia atraviesa clandestinamente la frontera y se reúne con el padre en Perpiñán. Paco aprende de su padre el oficio de ebanista, al tiempo que comienza a estudiar violín. Pronto sustituye el violín por la guitarra. Instalados definitivamente en París, a principios de los años cincuenta, descubre primero la música de Georges Brassens y de Atahualpa Yupanqui, referencias fundamentales para su formación artística e ideológica, e inmediatamente después a Léo Ferré y al movimiento existencialista francés, que se encontraba en pleno auge.

En 1956 la foto de una mujer andaluza vestida de negro le inspira su primera canción sobre el poema "La más bella niña", de Luis de Góngora. Con los poemas de Góngora a los que añade otros de García Lorca realiza su primera grabación en 1964. Un disco que, desde el mismo momento de su aparición, se convierte en un clásico utilizado por los profesores de lengua y literatura española como material pedagógico, y por los defensores de las libertades como un símbolo de resistencia cultural.

En 1958, una amiga de Paco y de Pierre Pascal, le lleva a Salvador Dalí, a Cadaqués, un disco de prueba con algunas canciones de Lorca y Góngora. Cuando Salvador Dalí lo escucha quiere conocer "al muchacho" que ha hecho el disco. Cuando se conocen, nace la idea de que el pintor realice el dibujo para la portada del disco y se inaugura así una estrecha relación de Paco, no sólo con el mundo de la poesía y de la literatura en general, sino también con el de las artes plásticas.

Esta canción es una traducción al Euskera de una poesía de Cesare Pavese (verrá la morte e avrà i tuoi occhi), escritor, poeta, traductor y editor italiano muerto en 1950. La poesía pertenece al libro Verrà la morte e avrà i tuoi occhi, una antología editada póstumamente donde se recogen los versos que el poeta no había publicado aún cuando decidió quitarse la vida.




Esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo-. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio...

Cesare Pavese

Paco Ibáñez y el activismo

En 1966, junto a diversos activistas culturales asentados en la capital francesa funda "La Carraca" donde se presentan espectáculos en lengua castellana (representaciones teatrales, exposiciones de pintura, coloquios literarios, manifestaciones musicales y proyecciones cinematográficas). En esa época la casa de los Ibáñez en París es un centro de paso y acogida de los muchos artistas, políticos e intelectuales españoles que pasan por la capital francesa, idas y venidas del exilio o simples escapadas para respirar aire fresco.

El segundo disco de la colección "España de hoy y de siempre" aparece en 1967 incluye poemas de Rafael Alberti, Luis de Góngora, Blas de Otero, Gabriel Celaya, Miguel Hernández y Francisco de Quevedo. Otro clásico. Esta vez el disco estará ilustrado por José Ortega.

En febrero de 1968 ofrece su primer concierto en España, en Manresa, durante la "Primera Trobada de Canço de Testimoni". A partir de ahí su actividad se extiende por diversas Universidades llegando a cantar en TVE el tema "Andaluces de Jaén", de Miguel Hernández. Inmediatamente después se instala en Barcelona donde contacta con José Agustín Goytisolo, amistad convertida en colaboración íntima.

En mayo de 1968, en una emisión de la TV francesa realizada en directo por Raoul Sangla, presenta el disco y Ortega las pinturas que lo ilustran. En esta emisión canta "La poesía es un arma cargada de futuro", de Gabriel Celaya y "Balada del que nunca fue a Granada", de Rafael Alberti.

La Poesia es un Arma cargada de Futuro (Gabriel Celaya)

miércoles, 18 de enero de 2012

Compañeros intelectuales

Ya no quedaba nadie en el bodegón de Loureiro, los mozos en la otra punta del local, miraban "Bailando por un Sueño.

- Cualquier nación poderosa de la Historia ha definido su superioridad en términos morales. Algunos las llevaron a aptitudes genéticas o de descendencia, pero la fuerza básica está en la superioridad moral- El Lobo arranca el tema mientras en la mesa discutíamos la incorporación de Trezeguet a River y del Pelado Silva a Boca.
Antes la charla había pasado por la amenaza al planeta que representa el imperialismo americano, las reflexiones de Fidel Castro al respecto, la salud de Cristina y el odio gorila y el lomo de Jessica Cirio.

En fin, más allá de la gravedad de ciertos temas tratados, nada levantaba el nivel de una charla entre amigos y colegas.

Sé que al Lobo esto le molesta. Es como si sintiese que la levedad de la vida comparada contra la Historia humana, requiere de compromiso de existencia a cada instante.
Tantas veces lo veo reflexionar y tantas veces entiendo el origen de nuestra amistad.

Usaría el sabio termino romano de GRAVITAS. Gravedad en el sentido del alma humana y no de las leyes físicas que enunciaba Newton.

Gravedad es tomar seriamente los aconteceres, los días en su movimiento eterno de dispersión y ensamble así como las alegrías y los dolores en su unicidad.

Lo opuesto a esta teoría de la ligereza, de la new age, del relajo espiritual de los gurúes , los ashram y la vuelta eterna a la infancia como esencia real del ser humano.

- Lealtad, austeridad, y responsabilidad. Ese es el concepto de gravitas, el concepto de la habilidad moral que da superioridad- sus manos giran desde adentro hacia afuera en el gesto habitual que le sale cuando esta desarrollando una idea.

- Bueno la historiografía romana, creo que exagero en ese punto. No porque esos valores no fueran considerados, sino porque se los otorgaron a personas como Quincio Cincinato en situaciones que no son del todo sostenibles desde los datos que se cuentan, como su segunda dictadura – el que habla es Norberto Di Veglio un amigo de años que enseña Historia en la universidad y milita en Carta Abierta,

También están en la mesa el Colorado Lencinas, Eleodoro Booth y Esteban Lacunza.
Todos militantes de los 70, y hombres comprometidos con el destino del país. Quizás es por eso, que en ese contexto de compañeros, de pares, el Lobo siente que debe hablar de valores de construcción colectiva. De conceptos que exceden al Cowboy y dan paso al Eternauta.

- De todos modos yo sería harto cuidadoso en conceptos de superioridad moral ya que sabemos en qué devienen- acota Eleodoro mientras se peina con el índice y el pulgar sus bigotes.

- Entiendo amigo Booth el punto que planteas, pero dejame explicar algo más el mío. Todo proceso de cambios debe modificar las bases de las relaciones que impiden ese cambio. Esa es la base de una revolución. Pero los que llevan a cabo tamaña transformación deben tener una guía que no los aparte del camino y una fuerza espiritual que los ayude a derribar barreras. Para eso los conceptos de trascendencia son fundamentales. Y los términos morales no son una cuestión menor.

- De acuerdo –dice Esteban Lacunza mientras se sirve Merlot. La ausencia de esos términos morales en el imperialismo norteamericano los lleva a que sus argumentos sean cada vez más patéticos y que pierdan constantemente soporte en la sociedad americana. Pero mira Lobo que todavía tienen las armas…

El Lobo asiente y levanta levemente su mano izquierda como pidiendo un instante. Está terminando de masticar un pedazo de entraña que no creo que le impida seguir hilvanando sus ideas aunque por el momento, si, expresarlas.

- No creo que el Lobo se esté refiriendo a que la fuerza espiritual suplante a la material. Sino que ambas son necesarias y si bien parece algo obvio, la propia Historia y la experiencia actual muestran que no siempre esto se entiende en toda su extensión.

Ahora el trozo de entraña parece estar en el sitio adecuado:

- Exacto, como dice Loyola mi punto es que la causa nacional, tal como se desarrolla ahora requiere de acciones practicas, de habilidad y conocimiento por un lado y de ideas y valores por el otro. Cuando se produjo la derrota de la 125, Nestor tomo la bandera de dar la discusión en el medio de la derrota. Fue de esa discusión donde resulto claro que no había un problema de “como se transmitia el mensaje” sino que directamente NO SE TRANSMITIA NINGUN MENSAJE. El espíritu ejecutor, eficientista había reemplazado el de la idea y la trascendencia.

- Martin Lousteau era tan bueno como Galasso-dice Booth y sonríe haciendo que su rostro parezca el de un mandarín bondadoso.

Lacunza que está sentado a la izquierda del Lobo , coloca su mano izquierda sobre la derecha del Lobo y mirándonos a todos dice:

- Existe actualmente una discusión en la que participan varios, digamos, intelectuales –hace un gesto como diciendo “a falta de mejor definición”- que ronda sobre la igualdad. Eso nace de una de las consignas del gobierno que habla siempre de inclusión y de igualdad. En esas consignas, que las enumera claramente Cristina, se plantea un objetivo que es la igualdad de los argentinos, pero no los caminos y los contratiempos que esa búsqueda implica. Más bien se espera que aparezcan y se actuara en consecuencia. Entiendo Lobo, que lo que decís es que ese mediatismo o tacticismo que es virtud y debilidad del kirchnerismo tiene que reemplazarse por los valores morales que sean el soporte de las ideas.

- Eso es una discusión que considero valida y necesaria. Toda la restante cháchara entre Carta Abierta, Plataforma 2012 y Argumentos es de tanta importancia como las declaraciones de Feinmann a La Nacion: terminan sirviendo para dar explicaciones sobre sí mismas y no para abrir una discusión rica.

Lencinas que había permanecido callado en esta parte de la charla dice entonces:

- La “sintonía fina” es ejecución. Eficiencia. Gerenciamiento en el sentido positivo de la palabra. Pero no convoca a la acción.

- Exacto , un Estado no solo es “bobo” si sirve a las multinacionales. También lo es si lo que hace es denunciar atropellos monopólicos y no toma medidas de cambio mas alla de la legalidad establecida. Que como es obvio es soportada por jueces que son parte de ese esquema de poder.

- ¿Critico con el kirchnerismo, Lobo?- pregunta, como empuando Esteban Lacunza

- Sabes de qué lado peleo. Pero miremos los problemas que tenemos y pensemos las mejores soluciones. Para pensarlas hace falta cabeza , corazón y coraje. Y el rio por donde navegan esas barcas es el de los valores trascendentes, los de la construcción colectiva por encima de los personales. De quienes estamos en esta mesa, Loyola y yo somos los dos únicos que no podríamos ser llamados intelectuales

Lacunza y Lencinas hacen un gesto de desacuerdo, pero el Lobo levanta su mana izquierda pidiendo una pausa:

-Somos armadores. Organizadores. Ese es el lugar que hemos elegido siempre. Pero ustedes producen en el terreno del pensamiento .Investigación periodística, Historia Nacional, historia del movimiento obrero, pensamiento político, sociología marxista…
Entonces el punto es que ayuden a elevar el nivel de la discusión debatiendo hacia adentro y no distrayéndose en rencillas con personajes menores como Sarlo o ese tipo de runfla.

Booth saca una agenda en la que anota cosas que le parecen útiles, desde frases e ideas hasta lo que debe comprar para la cena, pero veo que está buscando páginas atrás y al encontrar la que buscaba, vuelve a mirarnos con su sonrisa de mandarín y lee:

- “El individuo ha luchado siempre por no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas a menudo te encontraras solo y muchas veces con miedo .Pero ningún precio es demasiado alto por ser uno mismo.” .

-Eso dice el amigo Friedrich Nietzsche y los que nos consideramos injustamente intelectuales adherimos a ese espíritu.

- No creo que la búsqueda de uno mismo este en contradicción con la construcción colectiva, o contra el espíritu gregario. Ser parte del movimiento nacional es algo más complejo que ser parte de tal o cual “colectivo” como gustan llamar ahora a cualquier grupo de ideas .Pero sin duda mas rico


El Lobo levanta la copa y todos lo seguimos.

Nuestra individualidad nos conduce. Somos cada uno un ínfimo corte en el espacio y el tiempo pero alrededor de eso se construye cada vida.

Pero hay algo más. Siempre vemos algo mas allá de nuestro metro cuadrado y eso nos lleva a la pertenencia, a la transmisión, a los ideales.

También nos lleva al robo, a la avaricia, al desprecio del otro y a la violencia para poseer.

No creo que sea demasiado pedir un compromiso que exceda el propio ombligo, ni elaborar y producir ideas que no sean solo justificaciones de las propias miserias y cobardías.

Di Veglio le señala al mozo la botella de Merlot vacía indicándole que es prudente traer otra.

Es la cuarta y somos seis.

De modo que la charla continuara sin dudas, como la discusión que se viene.

Ebais

lunes, 16 de enero de 2012

B, de Brecht

por Michael Billington *

¿Hay sitio para un dramaturgo marxista en el mundo moderno? Desde el derrumbe del comunismo, el sentido común acaso nos diría que no. Pero sería una locura desechar a Bertolt Brecht (1898-1956), y lo sería por una serie de razones: fue un gran poeta alemán, sus mejores obras transcienden los dogmas, escribió papeles que los actores estarán siempre ávidos de interpretar y su influencia sobre el teatro es todavía bien visible.

Cada vez que se recupera algo de Brecht se escuchan los previsibles gañidos de la derecha, pero sus obras maestras esenciales siguen siendo indestructibles. Puedes ir a verlas esperando un mensaje político, pero lo que te muestran son contradicciones. La Vida de Galileo (1937-39) constituye un retrato decididamente equívoco de alguien que busca la verdad combatiendo la ortodoxia católica: Brecht respalda la fe de Galileo en la razón, pero considera su renuncia ante la Inquisición como prueba de la abdicación de responsabilidad del científico. Madre Coraje y sus hijos (1939) es todavía más compleja. Todo en la obra nos dice que deberíamos condenar la ética del negociete de la heroína y su creencia de que, lucrándose de la guerra, puede proteger a sus tres hijos, pues lo que no llega a entender es que su pequeño mundo depende de un mundo grande y corrupto. Sin embargo, desafío a cualquiera a que contemple el final de la obra, en el que una Coraje sin hijos camina penosamente arrastrando su carromato, sin un nudo en la garganta.

Brecht fue en primer lugar dramaturgo, y en segundo, marxista, y con ello quiero dar a entender que en sus mejores momentos estaba más fascinado por el instinto de supervivencia que por crear personajes ejemplares. Fue asimismo un gran creador de teatro que comprendía el poder de la sátira y el ridículo: una de mis escenas favoritas de La resistible ascensión de Arturo Ui (1941) muestra cómo el gángster pseudohitleriano protagonista de la obra aprende las artes de la retórica y el gesto de un histriónico actor shakespeariano.

Por supuesto, es fácil hacer sentar a Brecht plaza de acusado. Se comportaba como una desvergonzada urraca que robaba de todos, a menudo sin reconocerlo. Se engañó a si mismo pensando que podría presentar una oposición interna al corrupto régimen de postguerra de Ulbricht en Alemania Oriental, mientras aceptaba sus fondos para crear el Berliner Ensemble. Y aunque adalid del proletariado, Brecht mismo era, en palabras del crítico Eric Bentley [introductor de Brecht en Gran Bretaña], "inagotablemente burgués".

Y sin embargo, sus obras desbordan de vitalidad, y no sólo las obras maestras más reconocidas. El [teatro] Young Vic recuperó con brillantez La boda de los pequeños burgueses y La esposa judía en 2007, y este verano Phil Wilmott puso con ingenio en escena La madre, una obra [basada en la novela de Gorki] sobre una mujer de clase obrera que despierta y pasa de la apatía al activismo, en un anfiteatro de Londres a la sombra de las deslumbrantes torres del capitalismo contemporáneo. Me gustaría ver a otras compañías teatrales profundizar en las obras supuestamente menores.

A fin de cuentas, guste o no Brecht, es imposible negar que el suyo fue un impacto que galvanizó el teatro moderno. La famosa visita del Berliner Ensemble a Londres en 1956 supuso un efecto transformador para la dramaturgia, la dirección y el diseño teatrales británicos, y medio siglo después todavía convivimos con sus consecuencias. La reciente recuperación a cargo de Sean Holmes de Saved, la obra de Edward Bond, [1] en el Lyric Hammersmith fue un ejemplo clásico de una puesta en escena brechtiana fresca y sobria. 13, de Mike Bartlett, en el National [Theatre] tenía la fuerza épica de una pieza de Brecht. Y The Riots, [2] de Gillian Slovo, en el Trycicle de Londres mostraba de qué modo el teatro puede convertirse en una modalidad de investigación política y un estímulo para el debate.

Puede que Brecht lleve mucho tiempo muerto, pero su irónica e inquisitiva presencia sigue rotundamente con nosotros.

NOTAS T.: [1] Edward Bond (1934), importante autor dramático contemporáneo. Su obra Saved, de 1965, fue determinante para la abolición de la censura en Gran Bretaña. [2] The Riots aborda los disturbios del pasado verano en Inglaterra basándose en fuentes documentales y testimonios personales

* Michael Billington es crítico teatral del diario británico The Guardian. Este artículo pertenece a una serie titulada El drama moderno, de la A a la Z.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

miércoles, 4 de enero de 2012

Que se vayan todos…!!!

- Buen fin y mejor principio !!-vocifera Ernesto mientras saluda con su mano cargada de enormes dedos a un transeúnte que va por la vereda de enfrente

Estamos en la esquina de Roosevelt y Monroe, en el corazón de Villa Urquiza
Ernesto nació en "VillUrca" hace 63 años y es un bailarín excepcional de tango como corresponde a alguien que frecuenta con orgullo al club SunderLand

Su frente esta arrugada, no tanto por los golpes de la vida, sino por un gesto
repetitivo que lo lleva a elevar las cejas, abrir sus grandes ojos marrones y poner sus labios en posición de silbar.

- Puuucha !! Sabes Loyolita cuanto hace que no veo a ese cristiano !!

Se limpia los dientes pasándose la lengua groseramente por ellos.
Luego escarba el espacio que existe entre sus dos dientes incisivos superiores con el canto de la uña de su meñique

Entonces toma otro puñado de maníes y con la boca llena de ellos exclama :

- Ese era igual que yo, antiperonista hasta la médula y ahora si la tocas a Cristina te boxea!!- Y lanza una carcajada en la que vuela su bonhomía y la piel de algún maní


Conocí a Ernesto durante los finales del 2001 y el primer semestre del 2002. En esa época dividía mi tiempo trabajando en Brasil para un proyecto de software y las asambleas barriales de Villa Urquiza que se hacían enfrente de este café. El “Café de la U"

Ernesto en esa época ya llevaba tres años trabajando en un remis de su propiedad

- Soy un busca - me decía. mientras la amargura se filtraba por sus pupilas y ponía en su rostro un seriedad que hería por su fiereza y más que nada por su desubicación en esa cara.

Una cara acostumbrada a sonreír.

Durante 25 años había trabajado- "sin faltar un puto dia"- en la Phillips, en el barrio de Saavedra en el límite con la General Paz.

Y en 1999 lo despidieron. Y, si hay personas que nacen después de los 40 o los 50, Ernesto fue uno de ellos.

Durante los agitados, angustiantes y, por eso mismo, hermosos días de fines del 2001 y todo el 2002, Ernesto paso de ser un representante del "ala derecha de los taxistas" a un asambleario democrático, incisivo que aprendió la palabra humildad.

Dejo de ser ese estereotipo de idiota porteño que siempre se siente seguro lamiendo las suelas de la clase alta y desdeñoso cuando esta cerca del humilde, del criollo, del "cabeza".

Ese estereotipo que tan bien representan ciertos taxistas que aman opinar igual que como ellos creen que opina ese caballero o esa dama que transportan: Una especie de Susana Giménez, Gonzalez Oro o Chiche Gelblung.
.
En esas asambleas más que elegir la democracia directa- como teorizaban algunos europeos que se acercaban a ver el “fenómeno” - quizás cada uno de nosotros se consolaba y se animaba viéndose al lado de su vecino. De su igual

Y esa igualdad nacía de las más duras condiciones que la vida nos propone y de la que salimos mejores si seguimos a pie firme.

La privación, la incertidumbre, la angustia y la adrenalina eran maestros que todos los días tocaban con sus temas a esos ciudadanos de clase media que veían moverse el planeta bajo sus pies.

Y esa igualdad generaba el más noble, según mi modesta opinión, de los sentimientos humanos: La solidaridad

Y Ernesto traía en esos días la escuela solidaria que tantos porteños aprendieron en sus hogares maternos, en esos barrios de buena gente que solo por la fuerza irrefrenable de la propaganda, las derrotas populares y las humillaciones termino creyendo que la palabra del enemigo era su palabra y que el Leviatán debía reemplazar la imagen del Jesús Crucificado.

En la esquina siguiente a la que estamos ahora, en Pacheco y Roosevelt , Ernesto con la ayuda de unas vecinas y vecinos preparaba todas las noches ollas enormes con sopa, puchero o polenta y eso se repartía como mana para los hombres ,mujeres y niños que venían a “cartonear” desde San Martin, José León Suarez y otros barrios del conurbano,

Y Ernesto movía un enorme palo de escoba que actuaba como cucharon, daba órdenes para agregar fuego por aquí o poner mas choclos en aquella olla.

Parecía el capitán de un barco, No de uno que se hundía sino de uno que luchaba con ese maravilloso empeño que a veces ponemos las personas para llegar allá, donde habitan nuestras esperanzas, la maravillosa tierra de Utopía.

Estamos sentados en una mesa, en la vereda del bar.
Es un hermoso día de Diciembre y la fecha nos lleva compartir una copa por el fin de año,-

- Allá ves en la otra esquina – le indica al Lobo - Allá preparábamos las ollas- y sus ojos se quedan mirando esa esquina buscando algo que ya no esta.

- Y venían los pibes y las madres y morfaban. Sabes que polentas y que pucheros preparaba ¡!- Y sus cejas se elevan y pone su boca como para silbar

- Es notable como surgía la solidaridad en esos días. Como se armaban ferias de trueque, ollas populares, economías básicas para cambiar un servicio que se necesitaba por otro que se podía dar- acota el Lobo

El también tiene la mirada perdida sobre la esquina de Pacheco y Roosevelt. Seguramente esta reflexionando también sobre un año que no fue el mejor para él.

- Mis recuerdos personales de esa época me traen a la memoria ese espíritu igualitario y operativo. Algo así como: Vamos a hacerlo por nosotros mismos.
- Y muchas veces he reflexionado sobre eso Ernesto- le dice mientras le convida un cigarrillo, algo que habla del espíritu de la charla ya que el Lobo no es afecto a convidar de sus cigarrillos.- No alcanza nunca con el empuje o la iniciativa individual por mas que se fomente a partir de la solidaridad y el espíritu social. Parece que los humanos necesitamos estructuras más fuertes, naturalmente conducidas por otros humanos.

Cuando se gritaba:

Ohhh…
que se vayan todos,
…que no quede
ni uno solo!!!

…salía la rabia primaria. El enojo vital de aquel que no se rinde pero que esta despechado. Desolado. Sin respuestas

Y luego se buscan respuestas. Siempre necesitamos respuestas. Para la acción o para quedarnos en paz. Siempre respuestas.

- La reflexión vale tanto para hoy como para diez años atrás. Creo que nos equivocamos Ernesto si creemos que se llego a la cima.Si relajamos nuestras demandas y expectativas vamos a la lona


La frase el Lobo no es casual. Ernesto enseña boxwo desde hace años en el barrio. En otro club mítico, el Rio De La Plata-
- Usted entrena boxeadores amateurs, verdad? Si usted ve que su pupilo esta ganado una pelea. ¿Le dice que se relaje o le dice que la termine?

- Que la termine ¡! – Ernesto pronuncia la frase levantando sus hombros como indicando una obviedad

- Entonces acá es lo mismo, Ernesto, Porque si el otro se levanta o se despabila, nos va a querer cagar a piñas


Ernesto levanta las cejas y con su trompa lista para silbar dice: - Mieeerda… mejor no dejarlo hablar a usted, Lobo, ¡!.

Se sirve mas vino, un Merlot riquísimo que el dueño afirma tener escondido desde aquellos días de inicio de siglo.
Aunque Ernesto dice que es mentira y que seguro es de hace un par de años.

- Este siempre fue un culo roto igual que el viejo.

No podemos desmentirlo. Pero el vino es realmente rico y con cuerpo y el queso Mar Del Plata lo acompaña.
En la esquina de Pacheco van llegando los cartoneros.
Eso, por ejemplo, no cambio desde ese final trágico de la contrarrevolución neoliberal
Y aunque ya no necesitan de ollas populares para tener comida, su trabajo y las condiciones en las que lo hacen nos hacen tener presente que el rival está ahí.
Delante nuestro, y que como un boxeador hambriento de gloria va a pelear hasta el final.
Hasta que uno de los dos caiga.
Entonces pensamos que tenemos mucha tarea por delante, y que el grito de “que se vayan todos” fue solo un hito.

Un momento en la vida en el que la rebelión ayudo a superar el desanimo, pero no cristalizo en lo que enunciaba.
El camino que hoy esta abierto nos pone felices frente a todo lo que se avizoraba para el pueblo en eso días de principios de siglo.

Pero es eso. Un camino a recorrer que será una estela en la mar a medida que lo transitemos y sepamos hacer de cada paso una construcción.

Que se vayan todos!!.
Si ¡
Que se vayan los fantasmas
Y el aroma ocre del hambre

Que se vayan los rastacueros
Y los que quieren parecer lo que no son
Solo para sentirse cerca de sus amos

Que se vayan los que dicen mentiras
Por ejemplo, nosotros mismos
Cuando no tenemos el valor de enfrentar la verdad

Que se vayan todos
Los que arrugan
Los que asesinaron
Los que traicionaron al pueblo
Los que entregaron los derechos obreros

Que se vayan los que no quieren la lluvia
El mate bajo un techo de chapa
La siesta a la sombra de un árbol
O el asado con quienes queremos

Que se vayan los que no se sientan de esta tierra
Porque los que estamos aqui, la amamos
La cuidaremos
Y haremos de ella el lugar digno para nuestros hijos,
Y los hijos que de nuestros hijos vengan

Ernesto levanta su copa y brindamos.
Alguna vez les contare cuando Ernesto me entrenaba para torneos de kick boxing. Pero eso seguramente será en otra charla con el Lobo Alpha

Ebais

martes, 3 de enero de 2012

LLUVIA

























La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!

Federico García Lorca