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lunes, 30 de agosto de 2021

SOBRE MI CABEZA, EL SOMBRERO...

"Sobre mi cabeza, el sombrero, bajo mis pies, el mundo entero", rezaba un viejo dicho anarquista, todo un manifiesto y alarde de voluntarismo en el que se reafirmaba la condición de ateo, al mismo tiempo que la actitud de vida de mantener erguida la frente y jamás dejarse ensillar.

Pero el siglo no cumplió sus promesas, las guerras por la libertad dejaron paso a las contiendas de la codicia. Las nobles causas perdieron brillo y la cancha se embarró. La vida se fue apagando, mutaron los oficios, ya no hubo donde volver, tampoco donde ir, restaba solo esperar, darle de comer al canario, atrapar algún miserable rayo de sol en una mañana cualquiera y con la mirada fija en algún punto remoto de las cavernas del adentro, seguir maldiciendo a ese Dios. que de tanto negarlo una vida entera, ahora una vez ido,  ahora que ya nadie lo nombra, comenzamos a extrañarlo dolorosamente, como a un camarada muerto.

Tanto se ha escrito y oído de una edad de oro,de un mítico granero de vaya saber que mundo, que nadie ha echado en falta crónica alguna, acerca de fantasmales y vencidos quijotes, vagando sin descanso, los amargos eriales del olvido.

martes, 15 de junio de 2021

TRELEW, NICOLA & BART.


Estamos caminando por Avenida Patricios. El límite de la Boca y Barracas. Al menos el límite que nosotros conocemos mas allá del catastro municipal.

El Lobo está mirando las construcciones. Hace unos minutos estuvimos en el viejo edifico de California y Avenida Patricios, donde funcionaba la fabrica Noel.

Habíamos ido a recorrerla acompañados por la inmobiliaria que desde hace años trata de vender ese predio, sin demasiada suerte. Entonces la alquilan para producciones de publicidad o para tomas cinematográficas.

Eso es lo que el Lobo había ido a averiguar ya que está interesado en producir una película y había ido a ver a Suar y Campanella.

- Son dos turros egoístas. Y el peor ese pasota de Campanella que solo por haber ganado el Oscar piensa que no debe comprometerse, además de creerse con derecho a producir todo el contenido del canal Encuentro.

- ¿ “Solo por ganar el Oscar”? Me parece que te fuiste a la mierda. Ganar el Oscar no es “solo”, es “todo”- Le respondo cortante

Hace como que no me escucha. Y se vuelve para mirar la fábrica Noel mientras, con los pulgares y los índices de cada mano, hace un cuadro y simula un enfoque.

- Carlos Noel, el fundador de la fabrica era vasco. Y su nieto, Carlos también fue presidente del Unión Industrial y Alvear lo llamo para que fuera Intendente de la Ciudad

- Uy…Intendente , Como Macri… –digo, para empujarlo un poco a que saque un tema
-
- Perdon- me corrige- Mauricio es Jefe de Gobierno- como sus alcahuetes y los alcahuetes de los medios que le dan soporte lo recuerdan…-

- Ahá -

¿ Qué día es hoy ? – pregunta, aunque se de antemano que sabe perfectamente que es 23 de Agosto, las vísperas de un aniversario más de lo que llamamos la masacre de Trelew.

- El día siguiente al aniversario de la masacre de Trelew- comento

- Estimado amigo me alegra que conserves memoria histórica. La masacre de Trelew represento para nuestra generación un símbolo de unidad en la lucha.

- Si recuerdo cuando se hizo el velorio en la sede del Partido Justicialista. Esa fue una decisión de Cámpora antes de las elecciones del 73.-

- Ese día estuvimos en la sede de Avenida La Plata y como era habitual, cobramos. La policía que la comandaba Villar, pego hasta cansarse.

En esa época al lobo le gustaba tocar la guitarra y a veces particpaba de alguna banda de rock. Yo en cambio militaba a tiempo completo, mientras estudiaba en la Universidad.

En mi tiempo libre hacía algo que siempre me gusto hacer: levantarme minas…

- Si. Fue un día de mucho bardo. De adrenalina…

Saca un cigarrillo y ceremoniosamente lo lleva a su boca, con una rara maniobra de sus dedos. No sé por qué hace esas cosas ya que a veces el cigarrillo termina en el suelo. Pero al Lobo no le gustan las cosas fáciles…
-
- Acá cerca está el viejo local de la F.O.R.A. la federación obrera anarquista. La Boca tiene esto – y señala en su derredor- más profundo, más rico que Caminito y la pizza de Banchero. De acá salió el apoyo básico a Palacios el primer diputado obrero de América Latina, cuando era un dirigente de la lucha social y no el monigote del sistema en el que después devino.

Es cierto lo que dice. Se respira en esas calles con casas de chapas, chicos jugando en la vereda y basura en las esquinas, que allí no solo hay vida sino una inmensa historia, que aun no se conto.

En la vereda de enfrente dos muchachos, fuman un porro en la galería de una casa vieja. Quizas sea una casa tomada…

- Los anarquistas eran luchadores honestos. Comprometidos.-

De pronto se detiene y me dice:

- Ahora entiendo por qué te pregunté qué fecha era hoy. 23 de Agosto, es un aniversario del asesinato de Sacco y Vanzetti. Todo este entorno, la riqueza inmanente de este barrio lo trajo a mi inconsciente.

Trelew…Sacco y Vanzetti. Parece que el espíritu de los luchadores está presente hoy. Por lo menos para nosotros dos amigo…

Hace una pausa:

- Quizás las nuevas generaciones no tengan demasiada información sobre esto que hablamos. Pero me gustaría que de tener información no fuera la de las meras efemérides. El recordatorio políticamente correcto. Sacco, Vanzetti o los nuestros Pujadas, Haidar, Bonet, eran personas comprometidas. Que amaban, que tenían ilusiones, algunos de ellos tuvieron hijos.

Se lo que está pensando. Ahora, como tantas veces, su cabeza estará clavada en algún momento de su juventud. Pensando que dejo muchas cosas en la juventud, por comprometerse con sus, nuestras, ideas. Y a veces a esta altura se que siente bronca…
No por la elección, sino por lo que el cree una falta de reconocimiento.

A veces me parece algo débil de parte de él, creer que el reconocimiento es una moneda esperable en la vida.

- Mira me dice. Todo está manejado desde el universo

Lo miro por encima de los lentes: - ¿Te volviste místico chabon?

- ¿Decime qué hora es?

- La una

- ¿Y que tenemos ahí enfrente?

La esquina de Quinquela y Avenida Patricos. El restaurante Quinquela. Un bodegón adecuado a los tiempos, que permite que vayan turistas y cristianos de a pie. Como el Lobo y yo.

- Canelones con bolognesa

- Yo, ravioles con salsa a la crema

- ¿Syrah?

- ¿Y como no?

Al entrar la vimos a Valeria. Una de mis compañeras de tango. Me gusta esa mujer. Pero es muy joven para mí. Y aun, cuando me cautiva su perfume cuando bailamos, mi corazón sigue perteneciendo a Mi Dama. Como el corazón noble de todo hombre que solo sabe amar una vez…

Ebais

viernes, 11 de junio de 2021

SAMMER MAKARIUS, EL FOTOGRAFO EGIPCIO QUE SE PRENDÓ DE NUESTRO PAISAJE.


Sameer Fouad Makarius nacio en El Cairo, Egipto; 29 de abril de 1924. Hijo de madre judeo-alemana y padre libanés, su juventud transcurrió entre Alemania, Egipto y Hungría, donde se vio forzado a permanecer durante la guerra. Allí realizó sus estudios secundarios y se inició en la pintura y la escultura. En años posteriores, vivió en Suiza y en París , hasta que por fin en 1953 se radicó  en la Argentina, pais del que definitivamente se enamoró y en el que hechó raicers

En Argentina, formó un grupo de fotógrafos (Forum) dedicado a promover la fotografía como arte. Colaboró con diarios y revistas. Fue un pionero de la fotografía y su estudio en la Argentina, conformando el Grupo ANFA y Forum, en el cual participaron fotógrafos de la talla de Max Jacoby, Humberto Rivas, Julio Maubecin, José Costa, Lisl Steiner, Rodolfo Ostermann, Pinélides Aristóbulo Fusco, entre otros. Escribió el primer ensayo publicado en el país sobre fotografía argentina desde 1840 hasta 1981. Publicó dos libros de fotografías y textos: Buenos Aires y su gente (1960) y, en 1963, Buenos Aires, Mi Ciudad.

Fue miembro fundador de los grupos Artistas No Figurativos Argentinos (ANFA) y Forum (1956). A partir de 1957, realizó una extensa serie de retratos de artistas plásticos; un libro que reúne estos trabajos –Retratos y textos de artistas– se publicó tardíamente (2008). Otro de sus grandes temas fue la ciudad de Buenos Aires, y sus imágenes fueron compiladas en los volúmenes Buenos Aires y su gente (1960) y Buenos Aires, mi ciudad (1963). Makarius fue también coleccionista de imágenes antiguas, curó exposiciones y publicó ensayos sobre fotografía.

En agosto de 1961 formó parte de la primera exposición del grupo Otra Figuración en la galería Peuser, un evento fundacional para el arte argentino de esa década, junto a Ernesto Deira, Carolina Muchnik, Rómulo Macció, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega. El catálogo se iniciaba con una declaración conjunta de los participantes: “No constituimos un movimiento, ni un grupo ni una escuela. Simplemente somos un conjunto de pintores que en nuestra libertad expresiva sentimos la necesidad de incorporar la libertad de la figura”.

Makarius presentó Textos bíblicos, una serie de impresiones fotográficas a partir de negativos pintados y dibujados por él que representan escenas de la Biblia y en las que se ven figuras “destrozadas, anhelantes, calcinadas, muy de nuestro tiempo”, según las palabras de Hugo Parpagnoli en una crítica publicada en aquel año en La Prensa. Las imágenes están construidas según el típico lenguaje expresionista basado en una idea creativa del caos que sería la marca distintiva de ese nuevo tipo de figuración, pero Makarius se aleja del amplio espectro de colores con el que trabajan sus colegas y utiliza un estricto blanco y negro. Solo los títulos de las obras –Sansón, La cabeza de Jonás, Bethsabé– dan una referencia del tema tratado, ya que las figuras retratadas son mayormente abstractas y ciertamente difíciles de identificar.





miércoles, 1 de mayo de 2019

EL "ARMANDITO"



En mi infancia, cursé la primaria en la escuela N°9 CE 4 "Don Pedro de Mendoza", vulgarmente conocida en el barrio como "Quinquela", por haber sido donada por él y ademas por ser su museo, su casa y su estudio. 
Justo enfrente, en la primera curvita de la Vuelta de Rocha supo haber fondeado un viejo velero, al que vimos deteriorarse con el tiempo y que en distintos periodos supo correr diversas suertes, desde humndirse hasta ser reflotado y convertido en restaurant.
Para nosotros, los pibes, era algo que desataba la imaginación, una especie de barco pirata de tamaño natural que estaba ahí, justo enfrente de la escuela. Siempre fué parte de nuestros juegos y escenario de maldades diversas e iniciaciones a los que venían por primera vez. Por esas cosas de la vida y del tiempo la infancia se fue retirando de nosotros, al fin el velero se pudrió, nosotros crecimos y la vida siguio su curso en otros escenarios.
Pero quedó en el recuerdo y siempre me preguntaba cual había sido la historia de ese barco. Me inquietaba saber porque termino sus días en esas aguas sucias y cuasi estancadas, cuando su figura y sus mastiles, evocaban claramente que habia nacido para otras lides y otros horizontes.
Y al final pude al menos hallar algunos retazos de su historia. No se si yo los encontré o vinieron a mi como una despedida que cierra un circulo de vaya a saber que cosa.
EL ULTIMO VIAJE DE LA GOLETA "ARMANDITO"
En este rincón las viejas historias de la mar están a la orden del día. Se recoge la última singladura del velero Armandito acaecida en el año 1945, desde Tenerife a Buenos Aires, a través del testimonio de Juan Acosta, quizá el último protagonista de la odisea.
- Tardamos noventa días en llegar a puerto. En Buenos Aires nos daban por desaparecidos. Cuando llegamos, media ciudad se apiñó en el muelle para ver a los lobos de mar. Los periódicos publicaron muchas historias de nosotros, la más curiosa de todas es la de que nos había aparecido el fantasma del Corsario Negro al Norte del Ecuador.
Juan Acosta, de 78 años, antiguo chiquillo-bote y veterano de la vendida, fue uno de los diecisiete tripulantes que se hicieron a la mar en el velero construido en Estados Unidos en 1890 y bautizado con el nombre de Georgia Gilkey; más tarde fue adquirido por armadores españoles bajo los nombres de Paquito Orive y Armandito para emplearlo en la pesca, sirviendo de barco-nodriza entre las islas y las costas africanas.
- El velero, de tres palos, más de doscientos metros y mil y pico toneladas, estaba arrimado en puerto hasta que lo compró un catalán para mandarlo a la Argentina a suministro de grasa para una fábrica que tenía de leche en polvo. Antes de irnos para abajo estuvimos remontando La Isleta más de una semana sin poder entrar en Las Palmas, el barco pegaba viento, iban rozando pero no pudo remontar. Cuando lo varamos en Buenos Aires descubrimos que no tenía quilla. Por eso estábamos de aquí para allá a lo loco. La gente estaba extrañada con nosotros, pensaban que éramos un velero de los que iban para Venezuela sin permiso, como el Mocho, la Estrella, el Marte o el Platanito, con emigrantes.

La travesía del Armandito, no exenta de vicisitudes como luego veremos, nunca podría tener parangón con la de los barcos fantasmas -Padrón Albornoz nos ha hecho ver cómo se ha confundido este viaje con el de los veleros clandestinos de posguerra-, ya que sus motivaciones fueron totalmente distintas y el equipamiento, pese a que llegó casi a punto del desguase, menos que envidiable. Así, resaltaremos algunos momentos que dejaron honda impresión en nuestro narrador, cuando el barco afrontó los temibles tifones y las desesperantes calmas del trópico.
- A los diecisiete días nos cogió un temporal que anegó el lastre de agua. El capitán don Manuel Mora puso el barco a la capa, a capiar el tiempo en popa y nos metimos en el Ecuador. Se nos había presentado tan rápido que una de las veces salía por la puerta de la cocina y me tocó un porrazo de mar y salí rodando por la cubierta. Sí quepo por el desagüe salgo por la banda. Pero eso no fue nada comparado con el miedo que cogimos cuando se nos presentó un remolino. Parecía que se iba a chupar el barco como si fuera un fonil. El capitán lo rompió de un cañazo, iba preparado porque sabía que eran sitios de muchos relámpagos y muchos remolinos de viento.
Tampoco faltaron las temibles calmas chicha que, según narraciones de la marinería, volvieron locos a más de uno al verse anclados en medios del océano. Juan Acosta continúa describiendo los pormenores del viaje.
- En el Ecuador nos dio la calma chicha. Estuvimos parados once días. ¡Peor que el temporal porque allí es donde se parte el mundo y se juntan los cuatro mares! No hacía ni una brisa de viento y el barco no hacía más que dar grandes bandazos que se partían los cadernotes de la banda. Pedimos socorro y nos salió un barco de guerra brasilero. Nos dijo que el velero no lo podían sacar de allí y que nos tiráramos al agua.
No hubo necesidad de dejar el barco al garete y salvaron el escollo. Más adelante, cerca de la isla de La Ballena, volvieron a caer en la quietud absoluta.
- Tenía miedo a volverme loco, por eso me asusté cuando me pareció ver a un montón de gente bañándose tranquilamente cerca del barco. Me puse a observar y me di cuenta de que eran focas. Nunca había visto tantas focas juntas. Allí nos entretuvimos pescando bailas, un pescado muy gustoso, parecido a las cabrillas nuestras. Pero fueron tanto las focas que se engodaron que por último ya no sacábamos una entera.
Una vez pensamos que Severiano había perdido el tino porque le dio por beber agua salada. Nos miraba y se echaba a reír. Decía que era agua dulce. Todos estábamos desesperados por beber agua porque la única que tomábamos era la que recogíamos de la lluvia en un encerado. Severiano seguía sacando baldes de agua del mar y con la matraquilla de que era dulce. Hasta que no le dio por coger una pastilla de jabón e hizo espuma, no le creíamos. Habíamos entrado por el Río de la Plata y no lo sabíamos.
En Buenos Aires recibieron una acogida multitudinaria. Los partes y noticias que días antes se publicaban no eran nada esperanzadores para los tripulantes del Armandito. La prensa empezó a entretejer toda una historia en la que no faltaban secuestros en las costas africanas, apariciones de fantasmas, del Corsario Negro y de Honorata de Wan Guld, en el Mar Caribe, que aumentaban las ventas y la expectación hacia los navegantes, a los que se daba por muertos.
- La gente se amontonaba por vernos; nos tiraban dinero y cigarros. Nos dieron fiestas en los clubs de los canarios. El gobierno nos dio un pase para estar seis meses comiendo y bebiendo en los restaurantes que quisiéramos sin pagar una gorda.
Juan Acosta nos muestra unos trozos de periódico, amarillentos y consumidos por el tiempo, de gran valor sentimental pues recogen parte de la recepción de que fueron objeto en aquella tierra, entonces pródiga; asimismo, un afiche del general Perón y otro de la venerada Evita.
- Al año me vine para acá en un Monte, cuidando ganado, toros y vacas. Las autoridades no permitieron que el velero zarpara porque se estaba pudriendo, quedó allá y, según parece, lo convirtieron en cabaret porque tenía una cámara buena. El capitán vendió las cuatrocientas toneladas de piedra que llevábamos de lastre. Los callaos eran del barranco de Tahodio y lo emplearon allá para molerlo y usarlo en la construcción.
Y esta es la otra parte de la historia, mas pedestre y porteña a través del testimonio del Sr.Carlos Galiano:
Durante mucho tiempo estuvo amarrada en la Vuelta de Rocha una vieja goleta de tres palos llamada "Armandito". Pertenecía a mi tío y padrino Pascual Carucci, que era amigote tanto de Quinquela como de Filiberto. Esa goleta se recibió como parte de pago de un trabajo portuario y en todos los años que estuvo en la Boca solo se movió una vez para ir al Uruguay a buscar un cargamento de madera. Antes de llegar a la Boca, "los desconocidos de siempre" ya le habian afanado el menaje de altísima calidad que usaba el capitán para sus invitados. La única utilidad comercial que tuvo fue el uso de un excelente guinche, muy largo el palo de guía, que permitía cargar y descargar chatas amarradas en "segunda andana".
Esa goleta fue utilizada para filmar dos películas "Juan Globo" con Luis Sandrini y "El Conde de Montecristo"; ésta con un excelente elenco encabezado por Elina Colomer y Jorge Mistral. El primer día de filmación cuando todo estaba preparado para decir "acción" descubrieron que en la amura de proa había un señor que estaba haciendo un boceto, al carboncillo, de un futuro cuadro. Se paralizó todo. El "gallego" Mistral no entendía que se parase el trabajo y pataleó. Le tuvieron que explicar que el pintor era uno de los grandes plasticos argentinos. Nadie dijo "a ver cuando se va este hinchapelotas". Esperaron dos horas hasta que terminase, con todo respeto. Cuando terminó su labor, Quinquela, se sorprendió del bolonqui que tenía detras. Y con mucha humildad pidió perdón "por haber molestado". Le regaló a mi tío ese carboncillo y una acuarela. Ese bocetó "lo heredé" hasta que se perdió en una de las grandes inundaciones (junto con TODA mi casa) de Avellaneda en octubre de 1967.


MEMORIAS DEL TIEMPO BOTÓN, QUE TODO SE LO LLEVA


Aquel al que acostumbro a llamar "yo", aquel al que los otros llaman por mi nombre, fue alguna vez, una mota de polvo cósmico.
Hace mas de setenta años, esa partícula de cosmos se coló por las celosías de una desvencijada ventana de la calle Cnel.Salvadores, en la Boca, a una cuadra del puerto, para dotar de un alma a cierta criatura que se empeñaba en nacer del vientre de la que sería mi madre Carmen Soengas.
Fue así, que recibí un nombre y un destino.
Allí donde la calle Garibaldi hace esquina con el viento de la rivera, supo haber en otro tiempo, un café-bar, fonda y almacén de propiedad de un gallego llamado Melchor, mi abuelo.
Ese lugar que para todos siempre fue claramente un bodegón del puerto, a mi siempre se me hizo, un teatro mágico, una función eterna y subyugante. En ese sitio, entre sus mesas, pasé los años mas luminosos de mi vida.
Por la mañana estibadores que pasaban a tomarse la copa matutina para mitigar el frío y las fatigas, diarieros, como el “Tapo”, carreros, vendedores ambulantes.
Al mediodía el boliche se transformaba en fonda y comenzaban a ocupar las largas mesas, los carboneros con sus ropas grises ennegrecidas por el hollín, su contra parte los molineros con sus uniformen enharinados, la gente del astillero, del taller naval y así esas mesas robustas que hacía y mantenía a pura hacha el otro gallego, mi tío abuelo Javier, se vestían de papel y realzaban la tosquedad de la vajilla y las botellas de vino a medio consumir, que se guardaban celosamente del día anterior con la firma del cliente.
Y así, todo se convertía en trajín y algarabía.

-Marche un guiso caballú! Dos de albóndigas con papas!

Mi abuela Maria era el fogonero que desde la cocina, detrás de su grandes y ennegrecidas ollas, proveía el combustible para que hacer viable el funcionamiento del puerto, llenando la barriga de esos hombres que en invierno y verano con sus cuerpos, con sus modestos y arraigados saberes, hacían andar la maquinaria, de sol a sol.
Ya cerca de las 14 hs. luego del vino y con tres platos y postre en la bodega, los sonidos ambientes y la algarabía comenzaban a bajar, los comensales comenzaban a retirarse, algunos a retomar inmediatamente las tareas, otros a entregarse a una pequeña siesta sobre algún ocasional tablón de los que abundaban en el puerto.
Ese era el momento que la familia aprovechaba para sentarse a la mesa, para yantar y descansar.
En el lugar de la arcada se ponía una mesa larga, nunca eramos menos de once, contando la familia, entenados y protegidos de mi abuelo.
Luego de esto y café por medio, aún quedaba lavar los platos y dejar todo a punto para la noche cuando la fonda se erguía en su mejor versión.
Al caer la tarde en el comienzo de los prolegómenos del anochecer, se abría un interregno donde algunos parroquianos se tomaban algún aperitivo mientras leían “La fija”.
Entretanto algún que otro curda se mandaba una ginebra y se terminaba de cerrar alguna mesa de baraja o dominó.

- Vamos despejando! que hay que poner las mesas..

Despotricaba el gallego, mientras los clientes farfullaban molestias mientras juntaban los porotos del tanteo.
Y de a uno comenzaban a llegar los comenzarles de la noche. Todos hombres solos, que habitaban en las piezas de los conventillos vecinos, a veces compartiendo con algún “socio” como lo llamaban en esos tiempos. La mayoría gente llegada huyendo de la mishiadura en la Europa de posguerra, otros que ya estaban de antes huidos de la guerra civil española, anarquistas libertarios y todo el catalogo imaginable en una antología de la rosca izquierda. Tanbíen se podía encontrar uno que otro criollo curtido y decidor. Pero sin excepción en todos ellos estaba presente la sombra del quijote derrotado.
Por las noches yo me quedaba con mi abuelo y siendo el único niño de esa cofradía era un poco como el hijo de todos y me la pasaba de mesa en mesa atendiendo a fulano o a sutano que me contaba alguna cosa fantasiosa, la mas de las veces. Descollaba como nadie para eso un gallego llamado Gaspar Marín de profesión incierta, que se decía autor de obras de teatro y cosas por el estilo, que entre otros relatos me hizo creer durante un tiempo largo que era amigo del Pato Donald.
Mi padre solía decirme, quizás un poco celoso en el fondo: “… si te seguís juntando con todos esos, vas a terminar chiflado como ellos”, suelo pensar en estos días, que quizás a mi padre, no le faltaba algo de razón.
Y así transcurría la velada entre conversaciones de mesa a mesa y cargadas sobre algún “punto” circunstancial, generalmente sobre los que mas se calentaban con la joda. De vez en cuando caía con aviso previo algún artista de esos que pasaban la gorra al final. Que se yo para ilustrar: “El Negro y la Paisanita” Algún charlatán de esos que adivinan cosas y fauna por el estilo. Memorable fue la noche en que llegó un prestidigitador medio faquir que un momento de su acto sacó un tubo fluorescente se lo puso en la boca, lo masticó y trago los vidrios, y seguidamente como muletilla parte del acto, con otro tubo en la mano se dirigió al publico y preguntó:

- Alguno del publico se atreve?

Desde el fondo del boliche donde estaba un grupo de gallegos todos rubicundos y colorados que trabajaban en las cámaras frigoríficas de los barcos se oyó una voz que dijo:

- Pues hombre! Eso si lo haces tu yo lo puedo también, coño!

La voz era de uno de los gallegos primo de un pariente mio conocido como “Barullo” que sin esperar respuesta, avanzo hacia el mago, le quito el tubo y le dio un mordisco que trago el muy bestia.
Hubo que llevarlo al hospital, el animal casi se muere.. bueno así se gastaban esas noches… en el café de Melchor.
En realidad el alma de todo ese dislate no era otro que mi propio abuelo Melchor que en el fondo era un niño y se divertía mas que nadie en ese ambiente.
El almacén o despacho de comestibles no le interesaba y se lo dejaba a Javier su hermano y socio de la firma Soengas Hnos.
Javier no tenía paciencia para el bar, era bueno, pero hosco y poco dado a aguantar la charla de nadie y menos que menos la de los curdas. De hecho tenia bajo el mostrador un palo tipo cachiporra que todos llamaban “amansa locos”.
En cambio se llevaba bien con el despachar fideos, porotos y esas cosas. Su verdadera vocación era andar con rampas de madera barriles de vino y cosas primitivas, tales como hachas, mazas y formones. Como muestra vale consignar que jamas pudo aceptar el concepto del te en saquitos y nunca se dignó despachar esa infusión desde que se implementaran las bolsitas . Cierta vez interrogado al respecto, solo se pudo extraer una respuesta : “Eso no es te” punto y jamas se volvió a hablar mas del asunto.
Melchor estaba en el otro extremo hasta físicamente. Javier era alto y morrudo, introvertido, en cambio mi abuelo era del tipo de Narciso Ibañez Menta chiquito flaco y vivaz. Siempre con un pucho en la comisura de los labios, el vivía un personaje que lo mantenía en un mundo de fantasías. En su rol de tabernero de los puertos se creía Jean Gabin en “El muelle de las Brumas”.
En fin, en el intenso juego de esos caracteres se construía la cotidianeidad en esos tiempos y en esos escenarios.


Jorge Tejera Soengas



EL RÍO

Desde hace un tiempo despertar en la mañana viene siendo sinónimo de cierto estado de angustia rayano en la levedad, lejos de la desesperación y bastante emparentado con la tristeza y la estética de un presente tremendamente acotado por la parafernalia de recuerdos que el escenario de las ruinas del pasado familiar transmite.
No doy bola, rutina cuartelera, ducha, afeitada café bebido, viva la patria y a la calle. Nada mejor que una caminata enérgica para conjurar fantasmas. Calle Garibaldi, la vía, los perros callejeros, uno que otro transeúnte mañanero, giro en la esquina y puedo ver el puerto, Vuelta de Rocha, el puente a lo lejos y un banco frente al río. Está fresco hay viento y la altura del agua denota sudestada, mi mirada se pierde en el horizonte de ese paisaje vacío. 
Ya no hay barcos, no hay estibadores no hay signo alguno de actividad portuaria, eso ya no es un puerto, solo es un espejo de agua destinado a la explotación turística y a un destino incierto atado a los avatares de la especulación inmobiliaria y la metamorfosis que tarde o temprano unirá su destino a las inversiones millonarias, a los docks y hoteles de lujo de Puerto Madero.
Sin embargo, allí esta el río, como un animal agazapado, reptando, hoy dominado, pero siempre amenazante. 


Allí está ese río que se llevo la vida de mis mayores, que devoro el destino de tantos otros, que vinieron a “hacerse la América” y la América terminó por hacerse con ellos. Esta mañana me encuentra al final de un círculo frente a la bestia, cuya mirada puedo presentir clavada en mi.