martes, 15 de junio de 2021

TRELEW, NICOLA & BART.


Estamos caminando por Avenida Patricios. El límite de la Boca y Barracas. Al menos el límite que nosotros conocemos mas allá del catastro municipal.

El Lobo está mirando las construcciones. Hace unos minutos estuvimos en el viejo edifico de California y Avenida Patricios, donde funcionaba la fabrica Noel.

Habíamos ido a recorrerla acompañados por la inmobiliaria que desde hace años trata de vender ese predio, sin demasiada suerte. Entonces la alquilan para producciones de publicidad o para tomas cinematográficas.

Eso es lo que el Lobo había ido a averiguar ya que está interesado en producir una película y había ido a ver a Suar y Campanella.

- Son dos turros egoístas. Y el peor ese pasota de Campanella que solo por haber ganado el Oscar piensa que no debe comprometerse, además de creerse con derecho a producir todo el contenido del canal Encuentro.

- ¿ “Solo por ganar el Oscar”? Me parece que te fuiste a la mierda. Ganar el Oscar no es “solo”, es “todo”- Le respondo cortante

Hace como que no me escucha. Y se vuelve para mirar la fábrica Noel mientras, con los pulgares y los índices de cada mano, hace un cuadro y simula un enfoque.

- Carlos Noel, el fundador de la fabrica era vasco. Y su nieto, Carlos también fue presidente del Unión Industrial y Alvear lo llamo para que fuera Intendente de la Ciudad

- Uy…Intendente , Como Macri… –digo, para empujarlo un poco a que saque un tema
-
- Perdon- me corrige- Mauricio es Jefe de Gobierno- como sus alcahuetes y los alcahuetes de los medios que le dan soporte lo recuerdan…-

- Ahá -

¿ Qué día es hoy ? – pregunta, aunque se de antemano que sabe perfectamente que es 23 de Agosto, las vísperas de un aniversario más de lo que llamamos la masacre de Trelew.

- El día siguiente al aniversario de la masacre de Trelew- comento

- Estimado amigo me alegra que conserves memoria histórica. La masacre de Trelew represento para nuestra generación un símbolo de unidad en la lucha.

- Si recuerdo cuando se hizo el velorio en la sede del Partido Justicialista. Esa fue una decisión de Cámpora antes de las elecciones del 73.-

- Ese día estuvimos en la sede de Avenida La Plata y como era habitual, cobramos. La policía que la comandaba Villar, pego hasta cansarse.

En esa época al lobo le gustaba tocar la guitarra y a veces particpaba de alguna banda de rock. Yo en cambio militaba a tiempo completo, mientras estudiaba en la Universidad.

En mi tiempo libre hacía algo que siempre me gusto hacer: levantarme minas…

- Si. Fue un día de mucho bardo. De adrenalina…

Saca un cigarrillo y ceremoniosamente lo lleva a su boca, con una rara maniobra de sus dedos. No sé por qué hace esas cosas ya que a veces el cigarrillo termina en el suelo. Pero al Lobo no le gustan las cosas fáciles…
-
- Acá cerca está el viejo local de la F.O.R.A. la federación obrera anarquista. La Boca tiene esto – y señala en su derredor- más profundo, más rico que Caminito y la pizza de Banchero. De acá salió el apoyo básico a Palacios el primer diputado obrero de América Latina, cuando era un dirigente de la lucha social y no el monigote del sistema en el que después devino.

Es cierto lo que dice. Se respira en esas calles con casas de chapas, chicos jugando en la vereda y basura en las esquinas, que allí no solo hay vida sino una inmensa historia, que aun no se conto.

En la vereda de enfrente dos muchachos, fuman un porro en la galería de una casa vieja. Quizas sea una casa tomada…

- Los anarquistas eran luchadores honestos. Comprometidos.-

De pronto se detiene y me dice:

- Ahora entiendo por qué te pregunté qué fecha era hoy. 23 de Agosto, es un aniversario del asesinato de Sacco y Vanzetti. Todo este entorno, la riqueza inmanente de este barrio lo trajo a mi inconsciente.

Trelew…Sacco y Vanzetti. Parece que el espíritu de los luchadores está presente hoy. Por lo menos para nosotros dos amigo…

Hace una pausa:

- Quizás las nuevas generaciones no tengan demasiada información sobre esto que hablamos. Pero me gustaría que de tener información no fuera la de las meras efemérides. El recordatorio políticamente correcto. Sacco, Vanzetti o los nuestros Pujadas, Haidar, Bonet, eran personas comprometidas. Que amaban, que tenían ilusiones, algunos de ellos tuvieron hijos.

Se lo que está pensando. Ahora, como tantas veces, su cabeza estará clavada en algún momento de su juventud. Pensando que dejo muchas cosas en la juventud, por comprometerse con sus, nuestras, ideas. Y a veces a esta altura se que siente bronca…
No por la elección, sino por lo que el cree una falta de reconocimiento.

A veces me parece algo débil de parte de él, creer que el reconocimiento es una moneda esperable en la vida.

- Mira me dice. Todo está manejado desde el universo

Lo miro por encima de los lentes: - ¿Te volviste místico chabon?

- ¿Decime qué hora es?

- La una

- ¿Y que tenemos ahí enfrente?

La esquina de Quinquela y Avenida Patricos. El restaurante Quinquela. Un bodegón adecuado a los tiempos, que permite que vayan turistas y cristianos de a pie. Como el Lobo y yo.

- Canelones con bolognesa

- Yo, ravioles con salsa a la crema

- ¿Syrah?

- ¿Y como no?

Al entrar la vimos a Valeria. Una de mis compañeras de tango. Me gusta esa mujer. Pero es muy joven para mí. Y aun, cuando me cautiva su perfume cuando bailamos, mi corazón sigue perteneciendo a Mi Dama. Como el corazón noble de todo hombre que solo sabe amar una vez…

Ebais

lunes, 14 de junio de 2021

EL TAMAÑO DE UNA ESPERANZA

14 de junio. A 35 años de la muerte de Jorge Luis Borges.

por: Teodoro Boot

En enero de 1920, en Salto Oriental, Jorge Luis Borges ponía punto final a la presentación de un breve compendio de ensayos aparecidos en distintas revistas, así como en la sección literaria del diario La Prensa. Publicados en julio de ese año quinientos ejemplares, libro y prólogo llevaron un mismo título, El tamaño de mi esperanza. Que así comienzan:

A los criollos les quiero hablar: a los hombres que en esta tierra se sienten vivir y morir, no a los que creen que el sol y la luna están en Europa. Tierra de desterrados natos es ésta, de nostalgiosos de lo lejano y lo ajeno: ellos son los gringos deveras, autorícelo o no su sangre, y con ellos no habla mi pluma (…) Quiero conversar con los otros, con los muchachos querencieros y nuestros que no le achican la realidá a este país.

Título, libro y prólogo compartirán un mismo destino: la desaparición forzada.

Anteriormente, Borges había publicado los poemarios Fervor de Buenos Aires y Luna de enfrente, así como la colección de ensayos Inquisiciones, pero será uno posterior, El idioma de los argentinos el que, junto a El tamaño de mi esperanza merecerá la inquina del autor, quien jamás permitió que ninguno de ambos fuera reeditado.

Hubo que esperar su muerte –¡véase cómo al fin de cuentas estábamos predestinados a celebrarla!– para que en 1993, llevada por su amor a la literatura, al dinero o al autor –en todo caso, será siempre amor–, su viuda María Kodama decidiera sacarlas de la oscuridad y el olvido.

Cualquiera tiene derecho y hasta el deber de detestar lo que alguna vez ha escrito, pero ¿cómo no preguntarse, en este caso, de dónde la tirria del autor a esos fragmentos de su obra que de ningún modo desentonan con los que más tarde él mismo celebraría?

¿Había otro Borges ahí, el proyecto de un hombre que no fue, detestado por el que acabó siendo hasta decretar su inexistencia, opacado por el que iba envejeciendo entre halagos, agasajos y esa forma prematura de las honras fúnebres que es la celebridad?

A su regreso de la larga estancia europea en que transcurrió su adolescencia, Borges descubrirá ese Buenos Aires que años antes apenas había entrevisto más allá de los visillos de la casa familiar. Y ocurrió que en ese sorprendente mundo en el que acababa de desembarcar, el recienvenido encontraría un nuevo motivo de fascinación: el radicalismo o, con mayor propiedad, Hipólito Yrigoyen, “el único en nuestro país que, privilegiado por la leyenda, va en ella como en un coche cerrado”.

Hacia fines de 1927, Borges se ha vuelto exaltado líder del Comité Yrigoyenista de Intelectuales Jóvenes, con sede en la casa paterna de la avenida Quintana 222 y, ya dos semanas antes de los comicios de 1928, proclamaba vencedor al líder radical. Dos años después, como tantos correligionarios, se llama a silencio ante el derrocamiento y la prisión de Yrigoyen.

También hará silencio en 1933 ante su fallecimiento, que conmovió los cimientos de la sociedad argentina de entonces. Extrañamente, este joven que apenas si estaba entrando en la treintena, se había lamentado un año antes: "Vida y muerte le han faltado a mi vida".

Habrá sido en busca de esa experiencia que vuelve a viajar a la República Oriental, donde tenía estancia su primo Enrique Amorim, con quien recorrerá las comarcas fronterizas de Artigas, Cuareim, Bella Unión, Rivera, Santana do Livramento. Ahí, mismo, el exiliado José Hernández había empezado a borronear los primeros versos de Martín Fierro. Y ahí mismo Borges vio matar a un hombre y conoció esos gauchos que había creído legendarios, los mismos que veinte años después marcharían en masa hacia Montevideo  “por la tierra y con Sendic”.

De alguna manera los conocía. Ya había hablado de ellos en su descubrimiento y reivindicación del entrerriano Evaristo Carriego:

La entonación entrerriana del criollismo, afín a la oriental, reúne lo decorativo y lo despiadado, igual que los tigres. Es batalladora, su símbolo es la lanza montonera de las patriadas. Es dulce: una dulzura bochornosa y mortal, una dulzura sin pudor, tipifica las más belicosas páginas de Leguizamón, de Elías Regules y de Silva Valdés.

Será también en Salto Oriental donde en noviembre de 1934 fechará un prólogo que, curiosamente y a diferencia de todos los prólogos, no será solicitado por el prologado sino por el prologuista. Borges lo pedirá por medio de Homero Manzi, común amigo de ambos. Y será el espaldarazo de un ya prestigioso Jorge Luis Borges lo que llevará a “Julián Barrientos” –paisano que cuenta la patriada simplemente “porque anduvo en ella”–, a salir del anonimato y a firmar con su nombre El Paso de los Libres, poema gauchesco escrito en prisión, que daba cuenta de la última de las revoluciones radicales. La había encabezado el coronel Roberto Bosch en diciembre de 1933.

Lo habrán impactado los versos, o tal vez que la irrupción de la columna de 150 hombres de Bosch en Paso de los Libres, su derrota en el encuentro de San Joaquín –tras el que, a la vieja usanza, muchos de los rendidos fueron degollados–, la dispersión y el regreso del coronel a su exilio en Brasil, evocaron en Borges la retirada de Ricardo López Jordán tras la batalla de Ñaembé.

Escribe en ese prólogo:

En la patriada actual, cabe decir que está descontado el fracaso: un fracaso amargado por la irrisión. Sus hombres corren el albur de la muerte, de una muerte que será decretada insignificante. La muerte, siéndolo todo, es nada: también los amenazan el destierro, la escasez, la caricatura y el régimen carcelario.

Afrontarlos, demanda un coraje particular. El fracaso previsto y verosímil borra los contactos de la patriada con las operaciones militares de orden común, sólo atentas a la victoria, y la aproxima al duelo, que excluye enteramente las ideas de ganar o perder –sin que ello importe tolerar la menor negligencia, o escatimar coraje–. Ya lo dice Jauretche en una de sus estrofas más firmes: ‘En cambio murió Ramón/ jugando a risa la herida:/ siendo grande la ocasión / lo de menos es la vida’

Se inflama a continuación el prologuista:

Recordemos que ese Ramón Hernández murió de veras y que el poeta que labró más tarde la estrofa compartió con el hombre que murió, esa madrugada y esa batalla.

Y concluye:

La tradición, que para muchos es una traba, ha sido un instrumento venturoso para Jauretche. Le ha permitido realizar obra viva, obra que el tiempo cuidará de no preterir, obra que merecerá –yo lo creo– la amistad de las guitarras y de los hombres.

Será el prólogo a El Paso de los Libres y no Evaristo Carriego la despedida del Borges criollista, porteño y radical, capaz de emoción ante la lucha en pos de una derrota prevista de antemano, para empezar a ser ese ingenioso escéptico que con distante humor inglés ironizaba sobre los oprimidos, los perseguidos y los sufrientes.

Se dirá –Borges lo dirá– que se habla de aquello de lo que se carece, y para demostrarlo le bastará con asegurar que en todas las páginas del Corán, dictadas en el desierto, el camello no aparece mencionado ni una sola vez.

No podemos dar fe de que esto sea cierto –que con la Palabra eterna e increada no se jode–  pero resulta llamativo que de las cientos de estrofas de ese largo poema de “Julián Barrientos”, Borges haya elegido justamente esa, la que con modestia y sencillez nos dice que “siendo grande la ocasión/lo de menos es la vida”.

La ocasión, las ocasiones, irán alejando a Borges de la vida de los hombres de su pueblo para acercarlo, cada vez más, a una cazurra existencia cortesana que, por inteligencia y sensibilidad, seguramente padecía, pero de la que por molicie, comodidad y esa desganada vanidad que tan graciosamente sabía lucir, cada día podría apartarse menos.

Se mentarán sus impedimentos físicos, la ceguera que se ensañó con él con tanta alevosía, las tentaciones del fasto y la fama, las desventajas de compartir los agravios de los vencidos... se dirá que al tiempo que se reducía su estatura humana crecía la del artista capaz de escribir las páginas de Ficciones o El Aleph, se dirán tantas cosas... Lo cierto es que vino a cumplir muy brutalmente en su vida lo que parece ser destino de todos los hombres: hacerse viejo sin volverse mejor.

A veces, más que rememorar su muerte o lamentar su parábola vital, es preferible evocar la esperanza de un joven argentino orgulloso de serlo. Y lo haremos con sus propias palabras: “Nuestra famosa incredulidá no me desanima. El descreimiento, si es intensivo, también es fe y puede ser manantial de obras. Díganlo Luciano Swift y Lorenzo Sterne y Jorge Bernardo Shaw. Una incredulidá grandiosa, vehemente, puede ser nuestra hazaña”.

(Fte: La verdad verdadera – Editorial Ciccus)


domingo, 13 de junio de 2021

PORQUE ASESINARON A MANUEL DORREGO.

 

Por Norberto Galasso. (Historiador)*

Los unitarios no podían dejar con vida a Dorrego sin correr grave peligro de que este los pusiera al desnudo ante la opinión pública de la época y ante la Historia. Necesitaban acallarlo para siempre.

En estos días, se han publicado varios artículos referidos al fusilamiento de Dorrego. En general, se ofrecen algunas explicaciones, en este momento tan importante en que estamos revisando nuestra historia: que Lavalle y otros militares lo consideraban traidor por haber pactado con el Brasil el reconocimiento de la Banda Oriental como país independiente (no tuvo otra solución pues el Banco Nacional, con mayoría de accionistas ingleses, cumplió con el mandato del cónsul inglés, Lord Ponsomby, de negarle fondos para proseguir la guerra), o que sostenía una concepción latinoamericana y de ahí su entrevista con Bolívar, o que se apoyaba en el suburbio de Buenos Aires (siendo, en esto, antecesor de otros caudillos populares como Alsina, Yrigoyen y Perón), o sus tratativas con Bustos para sancionar una constitución federal con el apoyo del resto de los caudillos. Hay verdad en estas aseveraciones, pero no en todas, y creo que se omite la más importante.

Creo que la causa fundamental obedece a otra razón: los unitarios no podían dejar con vida a Dorrego sin correr grave peligro de que este los pusiera al desnudo ante la opinión pública de la época y ante la Historia. Aquí reside el motivo principal de que Salvador María del Carril y Juan Cruz Varela presionaran a Lavalle para el asesinato: ellos no podían permitir que Dorrego hablase. No podían ponerlo preso y hacerle luego un juicio, ni siquiera solamente desterrarlo como ya lo había hecho Pueyrredón en 1819. Necesitaban acallarlo para siempre.

Veamos la sucesión de aconteceres. En diciembre de 1824 se constituye la Minning Association en Londres para explotar minas en la Argentina, según autorización otorgada por el gobernador Martín Rodríguez y su ministro Rivadavia. En esa sociedad, su principal accionista es la banca inglesa Hullet y el presidente del directorio es Don Bernardino. En 1825, la empresa envía al capitán Head al Río de la Plata con un equipo de técnicos para iniciar la explotación, pero este se encuentra con que en las provincias -salvo San Juan- le aducen que la riqueza minera es propiedad provincial ya que no existe, desde 1820 –al caer el directorio– un gobierno nacional. La banca Hullet le protesta a Rivadavia y este contesta: “El negocio que más me ha ocupado, que me ha afectado y sobre el cual la prudencia no ha permitido llegar a una solución es el de la sociedad de minas. Con respecto a las de La Rioja (el Famatina), cuya importancia es superior a las de las otras provincias, en el corto plazo, con el establecimiento de un gobierno nacional, todo cuanto debe desearse se obtendrá... Me veo obligado a emplear la mayor circunspección para no comprometer inútilmente mi influencia y no debo decir más por el momento (enero 1826)”. Curiosamente, un mes después, Rivadavia es elegido presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata. El 15 de febrero sanciona la ley que declara propiedades nacionales a las minas de todas las provincias. El 14 de marzo, Rivadavia le escribe a Hullet: “Las minas son ya por ley de propiedad nacional y están exclusivamente bajo la administración del presidente de la República”. Sin embargo, en La Rioja, Facundo Quiroga se niega a que la Minning explote el Famatina. La compañía quiebra. Entonces, Head publica en Londres un folleto donde incorpora las cartas transcriptas, titulado: “Informe sobre la quiebra de la Río de la Plata Association constituida bajo la autorización otorgada por su excelencia don Bernardino Rivadavia”. Y aquí entra a jugar Dorrego. Porque desde su periódico El Tribuno, Dorrego publica ese informe, con las comprometedoras cartas de Rivadavia a la Banca Hullet y le agrega estos versos definitorios: “Dicen que el móvil más grande / de establecer la Unidad/ es que repare su quiebra / de Minas, la Sociedad” (23/6/1827, El Tribuno). Tres días después, Rivadavia renuncia a su cargo de presidente. Se quiebra nuevamente la unidad nacional y pocos meses después, asume Dorrego como gobernador de la Provincia de Buenos Aires.

El 14 de septiembre de 1827, Dorrego envía a la legislatura la demanda de la Minning por 52.520 libras por los gastos ocasionados, con este comentario: “El gobierno se encuentra con un recurso de la expresada compañía (Minning), donde se reclama a la provincia los gastos de aquella empresa. El engaño de aquellos extranjeros y la conducta escandalosa de un hombre público del país (Rivadavia) que prepara la especulación, se enrola en ella y es tildado de dividir su precio, nos causa un amargo pesar, más pérdidas que reparar nuestro crédito.”

Los unitarios intentan justificar a don Bernardino sosteniendo que si bien actuaba al mismo tiempo como presidente de las Provincias Unidas y como presidente del directorio de la Minning Association que negociaba con ese gobierno, y que aunque figura con un sueldo de 1200 libras como presidente de la empresa inglesa, “nunca tuvo intenciones de cobrarlo”. Manuel Moreno y Manuel Dorrego contestan con “Impugnación a la respuesta” donde afirman que no sólo quedan en pie las acusaciones (preparar la especulación, dividir el precio) sino que nada se contesta acerca de “30 mil libras, precio de esa especulación”, “por los buenos oficios a favor de la especulación que según afirmaba el señor Rivadavia en su autorización, estaba fundada en una concesión especial”.

De aquí resulta que aprovechando el regreso de las tropas de la Banda Oriental, se produce el golpe del 1ro de diciembre de 1828, por el cual Dorrego es desplazado del gobierno. El general San Martín lo caracteriza así, en carta a O’Higgins: “...Los autores del movimiento del día primero son Rivadavia y sus satélites y a usted le consta los inmensos males que estos hombres han hecho, no sólo a este país, sino al resto de América con su infernal conducta; si mi alma fuera tan despreciable como las suyas, yo aprovecharía esta ocasión para vengarme de las persecuciones que mi honor ha sufrido de estos hombres, pero es necesario enseñarles la diferencia que hay de un hombre de bien a un malvado” (carta del 13/4/1829).

Derrotado y detenido Dorrego, los unitarios cavilan: ¿qué hacer entonces con ese hombre que ha revelado el escandaloso negociado? Imposible llevarlo a juicio, pues volverá sobre el tema manchando la honra de quien luego sería denominado “el más grande hombre civil de los argentinos.” ¿Dejarlo preso, para que algún día vuelva al escenario político con esa documentación infamante? ¿Desterrarlo acaso para que tiempo después regrese a la patria y ponga esos documentos sobre la mesa? Probablemente, Lavalle no conoce estos entretelones de la negociación pues es solamente “una espada sin cabeza”, pero los rivadavianos se encargan de persuadirlo. Dorrego debe ser acallado lo más rápido que se pueda y con su fusilamiento quedarían silenciadas las denuncias y salvada la honra unitaria.

Y así se hace el 13 de diciembre de 1828.

Años después, el historiador Ricardo Piccirilli, un admirador de Rivadavia pero honesto investigador, admite que de la testamentaría de don Bernardino surge que “Rivadavia giró en noviembre de 1825 una letra contra Hullet por 3000 libras solicitando se imputara a la cuenta de las 1200 libras por gastos de mi singular comisión... y el remanente lo agregarán ustedes a mi cuenta corriente.”

Resumiendo: para acallar la verdad, en relación a un negociado de un “prócer” del liberalismo conservador con sus amigos los ingleses, se procede a fusilar a un caudillo popular y se inicia un período de tremenda violencia en nuestro país.

La tradición popular recoge ese hecho terrible de este modo: “Cielito y cielo nublado / por la muerte de Dorrego / Enlútense las provincias / Lloren cantando este cielo”. En cambio, entre la burguesía comercial del puerto circularán estos versos: “La gente baja / ya no domina / y a la cocina / se volverá.”

*Norberto Galasso nacido en Buenos Aires, 28 de julio de 1936, es un ensayista e historiador revisionista argentino. Estudió en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, de donde egresó como contador, en 1961.


sábado, 12 de junio de 2021

LOS FABULOSOS PERELMAN

por: Teodoro Boot

Nacido en Odesa, el inmigrante judío Iahn Perelman, hombre de acción y tenaz militante comunista que casi no hablaba castellano, se desempeñaba como obrero en la gigantesca Tamet, la metalúrgica más importante de Sudamérica. Le habían tocado en suerte dos hijos muy rebeldes, el activo y encarador Ángel y el serio y reflexivo Adolfo, el intelectual de la familia, a quien en algún momento había echado de su casa debido a sus ideas.



Descarriados

Metalúrgico uno, textil el otro, ambos hermanos habían sido influidos por Liborio Justo, hijo del presidente Agustín P. Justo, que no estaba muy bien de la cabeza y con el alias de Quebracho apostrofaba al imperialismo norteamericano en las recepciones oficiales a Franklin Delano Roosevelt y se oponía públicamente al estalinismo, sumándose a las huestes del derrotado León Trotsky. Mientras, con el pseudónimo de Lobodón Garra,

daba forma a textos costumbristas y conservacionistas, los hermanos Perelman también renegaban del Partido Comunista y colaboraban con el periódico Frente Obrero.

Frente Obrero, cuyo director era el casi adolescente Jorge Abelardo Ramos, hijo y nieto de anarquistas, meloneado en las ideas trotskistas por Adolfo Perelman, fungía de órgano del Partido Obrero Revolucionario Socialista (PORS), pequeño grupo de jóvenes activistas aglutinado en torno a Aurelio Narvaja.

Con el tiempo, atraído por la revolución boliviana, Adolfo viajará a La Paz, donde tendrá enorme influencia en el surgimiento de una izquierda nacional, hasta el punto de que el malogrado Sergio Almaraz, el Scalabrini Ortiz de Bolivia, le dedicará su libro El poder y la caída, y será el inspirador de la creación de la primera fundición de estaño de Bolivia y redactor de la ley de nacionalización de la Gulf Oil Company en 1969. Dos de los discípulos de Adolfo serán Marcelo Quiroga Santa Cruz, asesinado en 1980 por un

grupo de militares argentinos durante el sangriento golpe de los narcotraficantes Luis García Meza y Luis Arce, y Andrés Solís Rada, ministro de Hidrocarburos de Evo Morales.

Una agachada sindical

Pero estamos en 1942, en el transcurso de una huelga metalúrgica declarada por una asamblea el 26 de junio que a inicios de julio la dirección del SOIM (Sindicato de Obreros de la Industria Metalúrgica) en manos de militantes comunistas, decide levantar con el argumento de los obreros le estarían “haciendo el juego a los nazis”. Ese es el momento en que el joven Ángel Perelman adquiere notoriedad, al volcar a favor de continuar la medida de fuerza a la asamblea de trabajadores de CATITA, una enorme

metalúrgica de más de 3000 obreros. Para los trabajadores metalúrgicos –argumentará Perelman, de ahí en más delegado general de la planta– los nazis contra los que debían pelear no estaban en Berlín, sino en la Unión Industrial.

Ya desde el año anterior Perelman venía denunciando en Frente Obrero la complicidad de los dirigentes de su sindicato con Torcuato Di Tella y el gobierno conservador a fin de reducir la conflictividad laboral y oponerse a los aumentos salariales reclamados por los trabajadores.

No se había equivocado. El 13 de julio de 1942, el SOIM consigue levantar la medida de fuerza, en medio de serios incidentes entre los trabajadores y los dirigentes del sindicato, el aparato del Partido y las fuerzas policiales. La defección del SOIM y la complicidad del Partido Comunista con la patronal quedan en evidencia.

Pocos meses después un grupo de mecánicos de la fábrica Fontanares va a ver a Perelman, quien en su libro Cómo hicimos el 17 de octubre recordará: “Eran como yo, en esa época afiliados al Partido Socialista, disconformes con la orientación del partido y con la dirección comunista de nuestro gremio. Me propusieron la formación de un nuevo sindicato metalúrgico que organizase realmente a los trabajadores de nuestra industria rompiendo así, definitivamente, con los comunistas”.

Los delegados fundan la UOM

Fue en base a esos trabajadores de Fontanares, delegados de Tamet como Fernando Carpio –quien en el futuro sería el primer secretario general del Partido Socialista de la Izquierda Nacional–, Ángel Perelman y Víctor Gosis (del PORS) y Nicolás Giuliani y el grupo de delegados socialistas, tras sucesivas reuniones en la pieza de un conventillo de la calle México, el 20 de abril de 1943, en la sede de la Unión Ferroviaria de Independencia 2880, unos sesenta delegados de varias fábricas deciden fundar la Unión Obrera Metalúrgica.

Por unanimidad, Ángel fue elegido secretario general, Carlos Etkin y Hugo Sylvester, asesores jurídicos, Adolfo Perelman, administrativo, Víctor Gossis y Nicolás Giuliani parte de la comisión directiva de quince trabajadores de diversas corrientes ideológicas, mayoritariamente socialistas. Iahn Perelman, comunista convencido, no perdonó la defección del SOIM y se sumó como asesor al nuevo sindicato, con el secreto propósito de controlar a sus dos descarriados hijos.

El nuevo sindicato comenzará a funcionar en una pequeña oficinita de la sede de la Unión Ferroviaria, dirigida por José Domenech (líder de una de las dos facciones en que se había dividido la CGT) y cuya eminencia gris era el abogado socialista Atilio Bramuglia, quedando así de hecho incorporada a la CGT 

Un coronel muy raro

Un mes y medio después, el 4 de junio de 1943, se producía un golpe de estado y el nuevo gobierno, en sus inicios “orientado en sentido reaccionario”, recordará Perelman, interviene a varios sindicatos.

Cuando poco después el general Farell es designado ministro de Guerra, un insólito coronel Perón lo acompaña como secretario de la cartera, secundado por el teniente coronel Mercante. El coronel tenía una idea muy precisa de la importancia que adquirirían los trabajadores y así lo sostuvo en una conferencia dictada en la Escuela de Guerra, en la que debe haber infartado a más de cuatro al afirmar que si la Revolución Francesa había terminado con el gobierno de las aristocracias, la Revolución Rusa

terminaría con el gobierno de las burguesías. “Empieza –aseguró– el gobierno de la las masas populares”.

Pero no le resultaría sencillo establecer alguna clase de vínculo con los dirigentes sindicales que, con buenas razones, desconfiaban de los militares, sus intenciones y su ideología.

El hielo se empieza a derretir por medio del teniente coronel Mercante, hijo de un muy respetado dirigente de La Fraternidad, que insiste en la necesidad de que ambos gremios ferroviarios se entrevisten con los dos jóvenes oficiales. Será Hugo Mercante, hermano del teniente coronel y obrero ferroviario, quien lleve a Bramuglia y a Domenech a la Secretaría de Guerra.

Fue el primer paso. En los próximos meses, con la Secretaría convertida en un Departamento del Trabajo paralelo, Perón sostendrá infinidad de reuniones con los dirigentes ferroviarios y delegados y militantes de base de diversos gremios.


La renuncia de “Angelito”


La comisión directiva de la UOM rechaza la propuesta de Perelman de reunirse con Perón y “Angelito” se siente obligado a renunciar. El 20 de septiembre otra asamblea general elige una nueva Comisión Directiva, designando secretario general a Nicolás Giuliani, apoyado por los socialistas. Perelman queda en minoría, aunque continúa integrando la Comisión Directiva. Lo recordará así: “Mi posición encontró gran resistencia entre los otros miembros de la Comisión. De los 15 asistentes, votaron en contra 13 y sólo dos a favor”.

No obstante, la Comisión autorizará a Perelman y a Ernesto Cleve –más tarde diputado nacional por el Partido Laborista– a reunirse con Perón, como metalúrgicos, pero a título personal. En esos momentos Perón y Mercante ocupaban el edificio del Consejo Deliberante porteño y Perón asumía la presidencia del Departamento Nacional del Trabajo, inmediatamente convertido en Secretaría. La única representación sindical presente en el acto fue la de la Unión Ferroviaria.

Perelman y Cleve concurren a entrevistarse con el secretario de Trabajo y salen muy entusiasmados de la reunión: el coronel se había comprometido a apoyar todas las demandas del gremio metalúrgico.

Paralelamente, Bramuglia es designado director general de Asistencia Social de la Secretaría y Mercante desplaza al capitán de fragata Raúl Puyol de la intervención a la Unión Ferroviaria y La Fraternidad, asumiendo la administración del gremio rodeado de sus dirigentes.

De inmediato unifica todas las entidades mutuales ferroviarias, organiza el sistema integral de asistencia y previsión, al que suma el Hospital Ferroviario y las colonias de vacaciones e imponiendo un 12% de aporte provisional a las empresas, sanea el sistema jubilatorio y reglamenta el alcance de las pensiones e indemnizaciones por deceso.

El momento decisivo

Ángel Perelman, cuya oficina de la UOM en la Unión Ferroviaria es contigua a la de Domingo Mercante, observa cómo, en apenas dos meses, los ferroviarios concretaban viejos reclamos que ni en sueños habían pensado en satisfacer. Vuelve a la carga y finalmente consigue persuadir a la Comisión Directiva de entrevistarse con Perón.

Para asombro de la mayoría, en esa reunión se formaliza el acuerdo con las

reivindicaciones del gremio metalúrgico y se resuelve organizar un acto público con el propio Perón, el miércoles 6 de septiembre de 1944 en el salón del edificio de Perú y Diagonal Sur para hacer públicos el convenio y los acuerdos.

“Fijada la fecha –dice Perelman– calculamos que podríamos llenar con mil metalúrgicos el Salón de Sesiones del Consejo Deliberante”. Sorprendidos, los dirigentes observarán que tras colmar el salón de actos, en la Diagonal Roca se había concentrado una enorme multitud de cerca de 20.000 metalúrgicos.

A partir de ese momento, la UOM no cesará de crecer. Perelman y un pequeño grupo de trabajadores trotskistas que pronto formarán la izquierda nacional, habían creado la que sería la organización más poderosa del movimiento obrero y auténtico emblema del sindicalismo peronista.

Luego de su activo papel en las jornadas del 17 de octubre, como especialista en convenios colectivos Ángel Perelman conservará enorme influencia en la UOM, tanto durante el periodo peronista como luego de su retorno del exilio en Israel tras la amnistía dictada por Frondizi. En la asamblea que consigue normalizar el sindicato, cuando el viejo dirigente Paulino Niembro, que había sido uno de los sesenta delegados iniciales, rechaza el cargo de secretario general para el que había sido proclamado,

proponiendo en su lugar al joven Augusto T. Vandor, Ángel Perelman estaba a su lado. En 1968, en el documental “La Hora de los Hornos”, junto a un grupo de delegados obreros Perelman sostendrá que “El sindicalismo argentino no lucha únicamente por un salario más, sino que, verdaderamente, nosotros soñamos y creemos en la posibilidad de

una gran revolución social y nacional para reivindicaciones ya no únicamente de la clase trabajadora sino para todo el país”.

Tal como sostuvieron Solanas y Getino, a lo largo de la larga noche que cayó sobre Argentina en 1955, Ángel Perelman será un auténtico ejemplo de que “los delegados, comisiones internas y dirigentes sindicales fueron la única vanguardia intelectual y efectiva que se autoproporcionó el movimiento nacional”.

A los 25 años de edad, ese obrero trotskista, prototipo de una nueva camada de activistas sindicales, había sido el fundador y primer secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica y nada menos que el gestor de un acercamiento al coronel Perón que resultará clave y providencial.

Ángel Perelman morirá en 1973, a los 56 años de edad. Aquí, las versiones difieren. Para algunos fue enterrado en La Chacarita y para otros está sepultado en el cementerio judío de La Tablada, que si dispone de un sector especial para putas y cafishios, seguramente dispondrá de otro para nipo-nazi-falanjo-peronistas.


viernes, 11 de junio de 2021

SAMMER MAKARIUS, EL FOTOGRAFO EGIPCIO QUE SE PRENDÓ DE NUESTRO PAISAJE.


Sameer Fouad Makarius nacio en El Cairo, Egipto; 29 de abril de 1924. Hijo de madre judeo-alemana y padre libanés, su juventud transcurrió entre Alemania, Egipto y Hungría, donde se vio forzado a permanecer durante la guerra. Allí realizó sus estudios secundarios y se inició en la pintura y la escultura. En años posteriores, vivió en Suiza y en París , hasta que por fin en 1953 se radicó  en la Argentina, pais del que definitivamente se enamoró y en el que hechó raicers

En Argentina, formó un grupo de fotógrafos (Forum) dedicado a promover la fotografía como arte. Colaboró con diarios y revistas. Fue un pionero de la fotografía y su estudio en la Argentina, conformando el Grupo ANFA y Forum, en el cual participaron fotógrafos de la talla de Max Jacoby, Humberto Rivas, Julio Maubecin, José Costa, Lisl Steiner, Rodolfo Ostermann, Pinélides Aristóbulo Fusco, entre otros. Escribió el primer ensayo publicado en el país sobre fotografía argentina desde 1840 hasta 1981. Publicó dos libros de fotografías y textos: Buenos Aires y su gente (1960) y, en 1963, Buenos Aires, Mi Ciudad.

Fue miembro fundador de los grupos Artistas No Figurativos Argentinos (ANFA) y Forum (1956). A partir de 1957, realizó una extensa serie de retratos de artistas plásticos; un libro que reúne estos trabajos –Retratos y textos de artistas– se publicó tardíamente (2008). Otro de sus grandes temas fue la ciudad de Buenos Aires, y sus imágenes fueron compiladas en los volúmenes Buenos Aires y su gente (1960) y Buenos Aires, mi ciudad (1963). Makarius fue también coleccionista de imágenes antiguas, curó exposiciones y publicó ensayos sobre fotografía.

En agosto de 1961 formó parte de la primera exposición del grupo Otra Figuración en la galería Peuser, un evento fundacional para el arte argentino de esa década, junto a Ernesto Deira, Carolina Muchnik, Rómulo Macció, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega. El catálogo se iniciaba con una declaración conjunta de los participantes: “No constituimos un movimiento, ni un grupo ni una escuela. Simplemente somos un conjunto de pintores que en nuestra libertad expresiva sentimos la necesidad de incorporar la libertad de la figura”.

Makarius presentó Textos bíblicos, una serie de impresiones fotográficas a partir de negativos pintados y dibujados por él que representan escenas de la Biblia y en las que se ven figuras “destrozadas, anhelantes, calcinadas, muy de nuestro tiempo”, según las palabras de Hugo Parpagnoli en una crítica publicada en aquel año en La Prensa. Las imágenes están construidas según el típico lenguaje expresionista basado en una idea creativa del caos que sería la marca distintiva de ese nuevo tipo de figuración, pero Makarius se aleja del amplio espectro de colores con el que trabajan sus colegas y utiliza un estricto blanco y negro. Solo los títulos de las obras –Sansón, La cabeza de Jonás, Bethsabé– dan una referencia del tema tratado, ya que las figuras retratadas son mayormente abstractas y ciertamente difíciles de identificar.





jueves, 10 de junio de 2021

MASAS Y BALAS

Fragmento de la obra "Masas y Balas" de Lobodón Garra (Liborio Justo)

Masas sufrientes, en movimiento, en lucha contra las patronales y el Estado. Balas lanzadas contra ellas por uniformados o por servidores privados de los patrones. Allí está la clave transparente del título de este libro, publicado en el año  1974, cuatro décadas después de los diferentes sucesos históricos que en él se narran. En la "Advertencia" de Justo que precede al libro se lee: "Todos los sucesos que se relatan eneste libro son históricos y ocurrieron –salvo algunas narraciones retrospectivas– entre los años 1931 y 1935, durante los días más dramáticos de la gran crisis económica mundial".Para la militancia revolucionaria de la época, la gran crisis marcaba el cumplimiento de la profecía del ocaso definitivo del capitalismo.

Masas y Balas

(...)

–¡Cada pasajero con su pasaporte! ¡Presentarse con ellos al comedor!

Todo el día habían navegado dentro del mismo paisaje de aguas barrosas: boyas sacudidas por el oleaje y señaladas idénticamente: M.O.P., algún barco de carga con extraña bandera que cruzaba junto a ellos en dirección opuesta y, en el horizonte, la lejana línea de la costa sobre la que se alcanzaba a percibir el perfil oscuro de algunos montes. En medio de las aguas, que extendían el reflejo de su superficie opaca, la proa del barco iba levantando un murmullo constante y adormecedor que venía agregarse a la cansadora monotonía del viaje.

En el transcurso de aquellas horas, que parecían interminables,los grupos sobre la cubierta de proa se hacían cada vez más numerosos e inquietos. Moviéndose entre la entrada de las bodegas, las máquinas de los guinches, las cadenas del ancla y las bocas de los ventiladores, esa masa humana trasladaba su ansiedad de borda a borda, de grupo a grupo, pronunciando palabras que nada decían, cerrado su eco por la barrera infranqueable de veinte idiomas.

Desde la mañana todos estaban listos, vistiendo sus mejores ropas, arrugadas y, a veces, extravagantes por su antigüedad, sacadas del fondo del baúl sólo en las grandes ocasiones.

Muchos hombres de botas, saco con cuello de pieles y gorra, mostraban su evidente origen campesino. Otros llevaban amplios pantalones, boina y faja ancha. Más allá los había de largas barbas, rubios, morenos, jóvenes y viejos.

Las mujeres de pañuelo en la cabeza, pintorescas batas y amplias polleras de colores, delataban sus distintas procedencias. Los niños eran los únicos bulliciosos, inconscientes del hecho que vivían y tanto habría de variar el escenario de sus vidas.

Algunos oficiales, vestidos de impecables trajes blancos, cruzaban entre los grupos, desapareciendo rápidamente luego detrás de puertas que ostentaban un letrero en varios idiomas: "Prohibido pasar a los pasajeros de 3 a clase". Al mismo tiempo, arriba, por el corredor de la cubierta de 1 a clase desfilaban personas elegantes que, al pasar, apenas se dignaban echar una mirada sobre la multitud de proa.

Mientras tanto, en el comedor, una larga fila de hombres y mujeres hacían cola en espera de su turno, frente a las mesas detrás de las cuales los empleados de la oficina de inmigración iban examinando los pasaportes. Por doquier, los salvavidas, indispensable decoración marítima, mostraban su círculo blanco sobre el que, con letras negras, estaba escrito: "Alcántara-Southampton".

Un mundo de ambiciones, dolores, angustias y esperanzas se compendiaba allí, en el reducido espacio de esa cubierta dẹ proa. En él tenían cabida todas las luchas que iban señalando la marcha del mundo, la lacra de sus injusticias y la expresión de sus opresiones. Lituanos y finlandeses que dejaban el frío del Norte europeo para trasladarse a las colonias tropicales del Alto Paraná; judíos ingleses que huían de Londres después de haber luchado por largos años con la miseria del East Side; polacos llevando aún en sus pupilas la imagen terrorífica de las persecuciones en Varsovia, bajo Pilsudski; checoslovacos, búlgaros y yugoslavos que dejaban el hambre y la opresión recibida como herencia de largas generaciones; italianos que en Roma, Genova y Nápoles habían formado entre las multitudes que aclamaron a Mussolini, pero que, alejados del radio de su influencia, ya no encontraban palabras para vituperarlo; franceses y suizos, artesanos arruinados, que trasladaban al Nuevo Mundo una tronchada ansia de enriquecimento que, seguramente, jamás colmarían; húngaros integrantes de la efímera república comunista de Bela Kuhn; mujeres solas traídas incautamente como fresca provisión para los mercados de esclavas blancas; rumanos, turcos y judíos de Odessa que habían alcanzado a ver flameando la bandera roja; griegos, armenios y sirios del Líbano, trayendo profundas huellas de las luchas en el Cercano Oriente; españoles y portugueses que aún llevaban en sus zapatos restos de la tierra a la que habían estado encadenados como bestias. Como ellos, centenares de miles habían desfilado, precediéndolos por esa ruta tantas veces surcada, siguiendo el camino imperativo de sus necesidades económicas. Y ese día, 7 de enero de 1931, llegaba para ellos el turno de sucederlos, conectando, una vez más, dos continentes con el largo guión de una esperanza.

A lo lejos, la silueta inmóvil e imponente de la ciudad, cada vez aparecía más cercana. ¡Cómo la escrutaban esos centenares de ojos, ansiando desentrañar en ella su propio destino!

Allí estaba la puerta prometida, tanto tiempo y tan intensamente ambicionada. Detrás de las torres de la urbe, que los impresionaba como gigantesca, se extendía todo el cú- mulo de sus ilusiones: ciudades ricas y populosas, infinitos territorios deshabitados, impenetrables selvas inexploradas, inmensos ríos apenas navegados, campos de cereales que rebalsaban los horizontes, ganado que se contaba por decenas de millones, altísimas cordilleras con minas inagotables.

Aquél era el continente de las riquezas que tanto habían oído hablar y con las que, también, tanto habían soñado. Allí estaba el límite final de todas sus miserias y el umbral luminoso de todas las felicidades.

A lo lejos, la ciudad se destacaba nítida, con la mole inmóvil de sus grandes edificios, con el penacho de humo de sus chimeneas y el perfil de sus tanques, grúas y elevadores de granos. Pronto, siguiendo la paralela de los rieles, la cinta de los caminos o la estela de los buques, se dispersarían en busca de su parte hacia todos los rumbos de aquella tierra virgen, de inmensos espacios deshabitados, de grandes selvas casi exploradas, de enormes ríos apenas navegados, de altísimas cordilleras, de campos de trigo sin fin, y de ganado sin cuenta.

Agolpados los grupos sobre la borda, contemplaban silenciosos la visión, absorbidos por sus pensamientos.

–¡Buenos Aires! –aclamó alguno.

Y la frase se clavó en el fondo de sus almas expectantes como una daga de angustia que los paralizaba.

–¡Buenos Aires! –repitieron todos en su mente, mientras la ciudad seguía el ritmo de su vida, ajena e indiferente a la llegada de aquel puñado de seres arribado de lejanas latitudes y horizontes.

–¡Buenos Aires!

–¡¡Buenos Aires!!

"En un incendio producido en un cinematógrafo

de Paisley, Gran Bretaña, perecieron 72 niños."

"Hubo un baile en la Casa Blanca."

"El Japón pide proporción de 7-10 para los cruceros."

"Stalin anunció la próxima campaña contra los kulaks."

"Graves desórdenes en Bombay. El Congreso de

Lahore aprobó la moción de Gandhi sobre la indepen-

dencia de la India."

"El pánico en la Bolsa influyó en el balance econó-

mico de los Estados Unidos."

"La comisión que estudiará el plan de la Unión

Europea de Briand se reunió en Ginebra."

"En viaje desde Southampton, de donde zarpó el 18

de diciembre último, llegó ayer la motonave Alcántara,

de la Mala Real inglesa. Dicho buque, que conducía 715

pasajeros de las tres categorías, correspondencia y merca-

derías generales, arribó alrededor de las 16 horas al des-

embarcadero de la Dársena Norte."

Tres hombres y dos mujeres avanzaban torpemente extendiendo por doquier el pantallazo de su mirada curiosa.

Algunos que se cruzaban con ellos volvían la cabeza para observar su vestimenta extraña, que delataba a los inmigrantes.

Marchaban por el bajo, desde el Retiro, bajo las arcadas de la Avenida Alem y la hilera de letreros en todos los idiomas, les iba descubriendo el nuevo mundo al que habían arribado.

Casa de comida y hospedaje "La Antigua Marina"

Restaurant y Hotel "Hamburgerhof". Bierhalle.

On parle francais. English spoken

Restaurant "Re dei Vini"

Bar "Tarbush"

Café "Piamontese"

Restaurant "Russia". Comodidad para familias.

Comidas a todas horas

Hotel y restaurant "Staria Balcánico"

Restaurant Búlgaro

Cervecería alemana "Ratskeller"

Hotel "Bayona". Piezas desde 1 peso

Gran Ropería "El Tigre"

Mercadito "La Paz", de Juan Catopidís

Restaurant "Lietuva". Camas desde 0,50

Bar "Welcome"

Armería "El Cazador"

Bar "La Flor de Hungría", de Flora Peri

Restaurant "20 de Septiembre"

Peluquería "AIem". Barba 0,20 Pelo 0,40

Hospedaje "Hotel Porteño". Guerra a la crisis.

Camas desde 0,60. Piezas desde $ 1

Café y Bar "Guadarrama"

Restaurant "Zagreb"

A lo largo de toda la calle, bajo la bóveda de la recova, gran cantidad de gente circulaba en ambas direcciones: libre-

ros, mujeres, marineros, vagabundos. Al frente de los restaurantes y bares, las vidrieras exhibían toda clase de fiambres

y viandas, tratando de atraer a los pasantes a sus tugurios oscuros. Armerías, librerías, peluquerías.

Las tiendas extendían sus mercaderías ampliamente, a todo lo ancho del frente y los arcos de la recova: trajes, camisas, overalls, botas, zapatos, ponchos, frazadas, bolsas de cuero para juntar maíz, mientras, desde el centro de la vereda,

alguien invitaba al público a entrar.

Tienda "El Mundo Obrero". Artículos de calidad.

Precios casi regalados

Tienda "La Vercellesa". Ropa para obreros

Tienda "Casa Lores". La que proteje al obrero. Al

que gaste 50 pesos se le regala un sombrero. ¡Ocasión!

Trajes desde $ 15

Y luego seguían los letreros:

Hotel "Zur Post"

Bar "Toyo", de Kiyo Kurokawa

Bar Automático. Parrilla y pizzería. Comida econó-

mica. Alojamiento "Los Ángeles". Especial para caballe-

ros. Higiene, seriedad, buen trato.

Casa de Cambio. Pasajes, giros. Bureau de Change

Geldwechsel. Money Exchange.

Salón Novedades. Entrada libre. "La bella

Sultana". La mujer más gorda del mundo. Se exhibe

aquí. Tiro al blanco. Primicias mundiales. Rarezas uni-

versales. Niño con dos cabezas y un solo cuerpo. AvisoMasas y Balas | 43

al público: con el mismo boleto de entrada a la vista

podrá ver los fenómenos.

Casa de Remates. Se rematan $ 10.000 en mercade-

rías. Sin base y a quemar por lo que den. Comisión 10%.

Dancing "Edén". Dos pistas de baile y 140 profesoras.

Las bailarinas más bonitas de Buenos Aires. Orquesta José

Gómez y sus siete muchachos "Los reyes del tango porteño".

Dancing "Moulin Rouge". Exhibición de tangos y

milongas. Variety show atractions at reduced prices. Open

every night from 9 y 30 p.m. till 4,30 in the morning.

Joyería "El Diamante". Casa especial en joyas finas

y anillos de compromiso.

Fotografía "Los dos hermanos". Descuentos espe-

ciales a militares, marineros y recién casados.

Cigarrería y lotería. Se juega mañana. Aquí se vendió el

18.513 con 10.000 pesos en la jugada del 15 de Octubre.

Armería "La Porteña". Mates y bombillas. Relojes.

Artículos de caza. Escopetas. Última novedad: cinturo-

nes trenzados. Carteras de cuero de víbora. Tabaqueras

de cuero de vaca.

Desde atrás de unas puertas con cortinas rosadas espiaban algunas mujeres que hacían señas, invitando a entrar con una sonrisa, y de las casas de remates llegaba el ruido de los golpes del martillero subido sobre el mostrador, frente a

un grupo de "croupies". También se percibía el olor penetrante de las parrillas y bares automáticos con sus frituras en

grasa, al lado de los despachos de bebidas, poco iluminados, donde apenas destacaban sus rasgos muchos rostros curti-

dos y casi silenciosos. En la esquina, los puestos de venta de periódicos, extendidos sobre las paredes, dejaban ver sus títulos en todos los idiomas:

Nasa Sloga - Órgano de la colectividad yugoeslava,  de la América del Sur

Kurjer Polski W Argentinie. Primer diario polaco

para toda Sud América

Hobartazeta (Nueva Gaceta)

Momentas. Semanario popular lituano

Slos Polski

The Standard. Doyen of Argentino Press

Giornale d’Italia

El Diario Español

L’Italia dei Popolo

El Mattino d’Italia

Assalam. Periódico árabe

El Diario Siriolibanés

Skandinavien, órgano de la colectividad escandina-

va en la Argentina

Buenos Aires Herald

Argentinisches Tageblat

Le Courriére de la Plata

Lihoamerican. Primer periódico checoeslovaco en

Sud América

Di Presse

Diario Israelita

El Correo de Asturias

Argentín Djijo. Periódico japonés

O Jornal Portugués

Se detuvieron un rato para examinar las vidrieras de al-

gunas cigarrerías que exhibían toda clase de objetos de fanta-

sía fabricados con cuernos vacunos, en los que estaba escrito:

"Recuerdo de Buenos Aires". También las librerías mostra-

ban numerosas publicaciones:

La magia blanca

El arte de echar las cartas

Cómo curar la sífilis

El arte de curar por el magnetismo

Obstáculos de la voluptuosidad

Historia de la ciencia secreta

La Venus mágica - Filtros de amor

La cocina vegetariana racional

Los grandes maestros del ocultismo

El hipnotismo al alcance de todos

Vicios y costumbres sexuales

Los secretos del matrimonio

Medios de evitar el embarazo

El horóscopo

La piedra filosofal

El arte de hablar con los espíritus

Quiromancia y quirognomía

50 anni di Socialismo en Italia

La papesa Giovanna

Musolino, célebre brigante calabrese

Remedios del virtuoso Fray Anselmo publicado en 1629

El libro de los circuitos modernos

Breviario laico

Cría y aprovechamiento del cerdo - Salchichería

Máximo Gorki - La madre

Vida de Malatesta

El onanismo en el hombre y en la mujer

¿Quiere conocer la virginidad de una mujer?

Cómo curar la blenorragia

El secretario de los amantes. Modelos de cartas de

amor y pensamientos para postales

Asimismo:

"Aquí se venden las 40 cartas del Ermitaño con su

librito de instrucciones para consultar el porvenir y obte-

ner los números de la lotería, ruleta y carreras"

"Piedra imán legítima. En venta aquí"

"Compre la antigua Vela Negra Mágica"

A un costado, en otras vidrieras, aparecían tar-

jetas postales con retratos de:

Leandro N. Alem

Hipólito Yrigoyen

Benito Mussolini

Allan Kardec

Luis A. Firpo

León Tolstoi

Madre María

También fotografías de los principales edificios de Buenos Aires o paisajes del interior de la República, así como

otras con mujeres desnudas, gauchos, o indias del Chaco, éstas con el busto descubierto y en las poses más diferentes,

con la leyenda:

"Bellezas indias", "Indias lenguas en cinta", "Indias

tobas", "Chamacocos’’, "Indias paraguayas"

Más adelante cruzaron bajo nuevos letreros:

Agencia de Pasajes

Pasajes de llamada de Italia y España

Pasajes a todos los sitios de Europa, Siria y PalestinaMasas y Balas 

Vapor "Alsina"

Marsella, Génova, Nápoles, Palermo, Messina,

Trieste, Europa Central y Levante

Comodidades para 3° clase

Saldrá el 15 de Enero

"Chargeurs Reunis"

Vapor "Formosa"

Brasil, Casablanca, Lisboa, El Havre

Sobre las paredes se sucedían grandes cartelones:

Gran mitin ferroviario el Viernes 14 a las 21

En defensa de la unidad de la clase obrera

Por el mejoramiento económico de las condicio-

nes de trabajo

¡Compañero! No falte

Liga Argentina de Profilaxis Social

Conferencia

"La sífilis y su tratamiento"

Día del Kilo

Salvemos a los niños

Contribuid a la colecta de Escuelas y Patronatos

Box

Gran pelea Mocoroa-Justo Suárez

El Sábado. Entrada general $ 1,50

Al llegar a Rivadavia, el grupo dobló hacia la Plaza de Mayo y se perdió entre el tumulto de la urbe.

Dos hombres cruzaron el puente y se agregaron al tráfago de las grandes avenidas de Avellaneda, las que allí confluían entre el ir y venir de los ómnibus, camiones y tranvías. Atrás, el Riachuelo dejaba ver sus aguas pantanosas por las que pasaban lentamente, de tanto en tanto, chatas cargadas hasta el tope. Más allá el inmenso edificio del Mercado Central de

Frutos levantaba su mole roja, mientras que, por el otro lado, aparecían las instalaciones del Frigorífico "La Negra".

Diversos letreros por doquier atraían la atención:

Molino Central Avellaneda

Harinas Alianza y Central Sud

Guindado y quemada "Electra"

"La Condal". Lotería. Pavón 30

Banco de Londres y América del Sur

Los ómnibus y tranvías pasaban continuamente abarro-

tados de pasajeros:

N° 7 Puente de Barracas a Puente Brown

Ómnibus "La Nueva". Hospital Fiorito, Sarandí,

Villa Domínico

Tranvías del Puerto. Barracas, Piñeyro, Lanús Oeste.

Ómnibus "La Colorada". Villa Castellino, Cementerio,

Puente de Barracas, Avenida General Mitre,

Molinedo, Puente Alsina. Villa Pobladora a la costa

Ómnibus "El Triunfo". Gerli, Wilde, Bernal Oeste.

Villa Modelo

Villa Corina, Villa Aurora, Villa Pueyrredón, Dock

Sud, Boca

Crucecita Este, Pavón, Rivadavia, Piñeyro, Mercado

Central de Frutos

Plaza Constitución, La Plata

Puente de Barracas, Lanús, Monte Grande, Ezeiza,

Tristán Suárez, Marcos Paz, Casares, Cañuelas.


Carros cargados con grandes fardos de lana pasaban pesadamente tirados por tres o cuatro caballos. También grandes camiones blancos de los frigoríficos, llevando bien visible su nombre: "La Negra", "La Blanca" o "Wilson". Otros venían cargados con vigas de madera, con carbón, con cueros, con bolsas de harina, con cajones o con pilotes de hierro.

Asimismo circulaban camiones tanque en los que los derrames de aceite apenas permitían adivinar: Fuel Oil; o con nafta llevando claramente escrito: Y.P.F. En la esquina, la gente se amontonaba a la espera de los ómnibus y tranvías. Una larga hilera de muchachos lustrabotas se extendía en demanda de clientela, mientras entre el público los vendedores ambulantes ofrecían golosinas, cordones de zapatos o billetes de lotería.

A corta distancia se anunciaban bares automáticos y cinematógrafos.

Auto bar "Ideal"

Cine "General Roca". Hoy El prisionero de Zenda

Cine Teatro "Colonial"

Sobre las paredes, los carteles usuales:

¡Trabajadores de la Industria del Calzado!

Gran asamblea por mejores condiciones de trabajo.

Presentación del pliego de condiciones.

Federación Obrera Marítima. Por las condiciones

y sueldos del convenio de 1929. Por la indemnización

despido. Por el aporte patronal y gubernamental a la

Caja de Jubilaciones.


Más allá, dos guardias a caballo vigilaban la escena, en tanto que otros, a pie, circulaban por la esquina como una permanente exhibición de autoridad, los hombres tomaron por la Avenida Mitre donde, colocados sobre la pared o parados en medio de la vereda, apoyándose mutuamente sobre sus bordes superiores, grandes pizarrones negros atraían la atención del público. Frente a ellos, grupos de gorra y modesta vestimenta se detenían para enterarse de lo que allí estaba escrito con tiza blanca. Rostros curtidos, tajados por el sol y la lucha a brazo partido con la vida.

"La Fraternal". Agencia general de Trabajo de am-

bos sexos y todas las naciones.

"Agencia suiza de colocaciones" Bolsa de Trabajo

"La Comercial"

Largas listas llenaban los pizarrones:

Peones para quinta. No se trabaja los domingos.

F.C.O. $ 50 a 60

Peones para trabajo de vía. 3,20 por día. Cerca

Peón cocina restaurant

Cortador de ladrillos. $ 4 el mil

Mucamo para hotel. $ 45

Lavacopas para café. $ 40

Peón para juntar fruta. F.C.S. $ 50. Viaje gratis

Cocinero para almacén. Casa y comida. $ 70

Muchacho para limpieza. $ 40. Casa y comida.

Matrimonio para estancia. Las Flores. $ 100

Peones para quinta.


Los hombres entraron a uno de los locales donde largos bancos, sobre toda la extensión de la pared, se veían totalmente

ocupados por una nutrida concurrencia. Al fondo aparecía un mostrador detrás del cual varios empleados en mangas de camisa

escribían con toda atención sobre algunos pupitres. En medio de la sala muchos concurrentes circulaban sin objeto, reuniéndose a veces en un costado para conversar. Otros, recostados sobre el mostrador, hablaban con los empleados pidiendo informes. Sobre las paredes se veían dos mapas antiguos, varios avisos de la Asistencia Pública, y un retrato del general José F. Uriburu. También varios carteles con anotaciones, algunas tachadas con lápiz rojo, bajo un título que decía: 

"Pedidos de hoy’’.

Peones para levante y tapado de vía, $ 3,20 por día

Hay campamento. Comida $ 1,20. Estación G. F.

Hudson. Salen Hoy. Viaje gratis. F.C.S.

Tamberos para ir al Río Negro. A tratar

Peón isla, sin comida. $ 80

Ordeñador para tambo. Por mes $ 50. Casa y comida.

Cerca de la capital

Peón italiano para quinta, que sepa arar, $ 60. F.C.S.

De tanto en tanto sonaba el teléfono, que era atendido por alguno de los empleados en mangas de camisa, quien, a medida que hablaba, iba anotando con un lápiz sobre un cuaderno. Luego se cercaba al mostrador, dirigiéndose en voz alta a

determinados clientes, que esperaban:

–¡Peón para parrilla! En Quimes. ¡Paga bien! 45 pesos, dor-

mir en el local. ¿Quién quiere ir? ¡A ver, usted, maestro! ¡Usted,

entonces! ¡Un lindo trabajito, liviano, cerca, buen trato!

Del banco se levantaba alguno, lentamente. Hablaba un momento con el empleado. El sueldo era poco, pero, ¿qué iba a hacer?

Dejaba 3 ó 4 pesos de comisión, recibía los informes necesarios, y se iba.

Mientras tanto, los dos hombres, parados en un rincón, miraban el ir y venir de la gente y pasaban revista a todos los adornos del local, a los mapas antiguos, al papel de la pared roto, al retrato del general Uriburu, ¡qué pose militar imponente!, ¡qué bigotes!, ¡cuántas condecoraciones! Más lejos, un anuncio decía:

Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.

Prevéngase contra el cáncer evitando y curando las en-

fermedades que facilitan su desarrollo. El cáncer se cura

si se trata en su comienzo.

Y luego aparecían más pedidos:

Peón para mercado, que sepa manejar auto (Registro

de provincia) $ 40, casa y comida

Peón para movimiento de tierra para hacer zanjas.

8 horas $ 4

Peón para islas. Hachar leña y aserrar, $ 55 por mes.


A un costado otros dos, que también esperaban, discutían y podía oírse una que otra palabra suelta:

–¡Puerco Mussolini! ... La crisis avanza... Los sueldos son menores...

Otro estaba leyendo un diario donde se destacaban los títulos:

"MacDonald mediará en el paro decretado por

150.000 mineros en Gales del Sur"

"Se confirma que la huelga en la zona carbonífera

del Ruhr ha sido fomentada por los comunistas"

"Cincuenta mil personas han desfilado por la capi-

lla ardiente del mariscal Joffre"

"Sigue la lucha entre birmanos y chinos en Rangoon"

"Las elecciones se desarrollaron con orden en Bolivia"

"El tenor Tito Schipa participará en la próxima  temporada del Colón"

Los hombres retornaron a pasar la vista por el local, indiferentes al continuo entrar y salir de nuevas caras curtidas y manos callosas. El calor y las moscas se hacían insoportables. Aquel mapa de la República Argentina llevaba una fecha: 1906; el papel de la pared, que estaba roto, se estaba despegando; el retrato del general Uriburu, ¡qué imponencia militar!, ¡qué bigotes!, ¡cuántas condecoraciones!, otra vez los miraba.

Las anotaciones en el pizarrón mostraban más pedidos:

Peones para trabajos de vía. $ 3,50 por día. Estación 25

de Mayo. F.C.S. Salen mañana con viaje gratis. Faltan cinco

Carrero para carbonería, $ 50

Braceros para el Chaco. Viaje gratis

Esquiladores para la Patagonia. A tratar

De tanto en tanto el teléfono volvía a sonar con insistencia. Y nuevamente el empleado se acercaba al mostrador.

–¡Un lindo trabajito, liviano, buen trato, paga bien! ¡A ver, maestro! ¿Quién quiere ir?

Alguno se levantaba, iniciando nuevas conversaciones para ampliar detalles. Y, apenas se ponía de pie, otro se apresuraba a ocupar su sitio.

(...)



miércoles, 9 de junio de 2021

LIBORIO JUSTO, PERFIL DE UN INDOMABLE.

Del prólogo de Daniel Campione a Masas y balas de Lobodón Garra (seudonimo de Loborio Justo)Buenos Aires : Biblioteca Nacional, 2007.

Dirigente de agrupaciones encuadradas en la izquierda radical por los últimos años treinta y los primeros cuarenta, narrador de relatos realistas, historiador con varias obras sobre Argentina y América Latina, fotógrafo tan amateur como eximio, viajero inveterado por latitudes disímiles y a vecesinsólitas, estudioso de la geografía y la fauna de regiones alejadas, habitante solitario por largos años de unas islas entrerrianas. Esos rasgos parecerían englobar varias biografías, sin embargo todos convergen en una sola persona: Liborio Justo.

Liborio vivió entre los años 1902 y 2003, dueño así de una vida centenaria que abarcó todo el siglo pasado y le permitió asistir al comienzo del actual. Fue un personaje múltiple, proteico. Ello incluyó el uso de seudónimos, ya que solía firmar sus producciones narrativas como Lobodón Garra, mientras que la mayoría de sus intervenciones políticas aparecían con el apelativo Quebracho, que en ocasiones utilizaba también para firmar su producción de temática histórica. 

Su temprana autobiografía, escrita antes de los 40 años, y titulada Prontuario lo muestra con una personalidad celosa de su independencia, un intelectual autodidacta (pasó sólo brevemente y sin graduarse por la universidad) con intereses muy vastos, que en lo ideológico se acerca primero al ideario democrático de la Reforma Universitaria, para definirse luego hacia la izquierda radical. 

Mientras reside en Nueva York, en los primeros años treinta, milita vendiendo el Daily Worker, periódico del Partido Comunista, y culminará un giro de 180 grados respecto al tipo de ideas y acciones que podrían esperarse de su pertenencia de clase original, ligada a apellidos patricios y a vastas fortunas. A la hora de dar una explicación a ese giro,menciona tres factores que signan su itinerario: 

"
a) la opresión social provocada por el orden existente que me impedía lograrla plenitud del desarrollo de mi personalidad, 

b) la opresión circunstancial derivada del encumbramiento político de un familiar 

c) la opresión nacional que resulta de la acción del imperialismo sobre la sociedad a que pertenezco.

"
Con respecto al segundo factor mencionado, haber pasado a ser el hijo del presidente argentino, Liborio ofreció una respuesta, en su provocativo estilo. Nos referimos al famoso grito ¡Abajo el imperialismo norteamericano! que profirió en 1936, en presencia del mandatario norteamericano, Franklin D. Roosevelt, y de su padre, el presidente argentino Agustín P. Justo, ambos reunidos en el recinto del Congreso Nacional. 

Sus cuentos sobre la Patagonia, publicados exitosamente bajo el título La tierra maldita –cuya primera edición fue de 1933, y que podrían ubicarse en un realismo social característico de la izquierda– le habían dado cierta notoriedad literaria, y preanunciaban su definición ideológica. Al tiempo de regresar de EE.UU. se vinculó con el Partido Comunista de Argentina, para producir poco después una ruptura pública con esa organización, que volcó en una carta abierta publicada en la revista Claridad. Básicamente, condenaba en ella el viraje comunista a la política de frentes populares  y se declaraba trotskista. 

A su ruptura con el PC hace referencia en Prontuario, fundándola allí en el rol jugado por el comunismo en torno a la revolución española: "Fue allí donde el papel nefasto del llamado partido ‘comunista’ aplastando la revolución popular junto con el socialismo’ amarillo y apuntalando con todo su aparato policial el carcomido régimen burgués de la República, se hizo tan evidente, que juzgué imposible, en ninguna forma, seguir como cómplice de actitud de tal naturaleza"; y luegocontinúa: "... ese partido, para mayor escarnio nuestro, está dirigido por un individuo lleno de grasa en el cuerpo y en el cerebro, y sin otra condición destacable que la flexibilidad de su columna vertebral frente a la burocracia del Kremlin: el súbdito italiano Vittorio Codovilla... Si todavía hay algún tonto que lo siga, la altura del maestro está indicando a las claras la altura de los discípulos".  El último pasaje constituye un buen ejemplo del furibundo estilo polémico que Liborio Justo conservó toda la vida, sin detenerse ante consideraciones personales o burlas de trazo grueso.

Militancia política y trotskismo

Al tiempo, Justo hará efectiva su incorporación a las corrientes trotskistas, que si bien desde hacía unos años habían iniciado su trayectoria en el país, todavía estaban reducidas a pequeños grupos, sin influencia real en el movimiento obreroni cohesión entre ellas. Él intenta jugar como un elemento dinamizador, apoyado en que era alguen con recursos intelectuales e incluso sociales y materiales aptos para cumplir un cierto rol de liderazgo, o al menos para instaurar una discusión más rica y más ligada a la acción que la existente hasta entonces. 

Al tiempo de comenzar su actividad, y vivir los choques entre personalidades y pequeños grupos, lanzó una fuerte crítica al accionar trotskista de toda la década anterior, en un folleto titulado "Cómo salir del pantano". 

Su énfasis teórico particular estaba puesto en el carácter semicolonial de Argentina:

"... ha sido, durante largos años, una especie de

apéndice económico de Inglaterra (...) Esta situa-

ción deformó por completo el desarrollo armónico

de las fuerzas productivas del país, paralizando su

evolución industrial y la consiguiente creación de

un mercado interno, al mismo tiempo que permi-

tiendo a la oligarquía ganadera argentina (en con-

nivencia con la burguesía comercial porteña) (...)

eternizarse en el poder hasta llegar a constituir el

principal freno al progreso de la República...". 

Eso lo llevó a debatir con los trotskistas que postulaban que Argentina poseía un mayor grado de desarrollo y era, por tanto, susceptible de que allí se desarrollara un proceso revolucionario de carácter inicial y definidamente socialista, sin atender al problema de la liberación nacional que planteaba Justo. 

Se entabló así un debate destinado a tener una duración muy prolongada, y que dio lugar a una profusa producción teórica e histórica dentro del trotskismo en particular y en el campo de la izquierda en general.

La organización creada por Liborio, el Grupo Obrero Revolucionario (GOR), se dispersó al poco tiempo de su creación, quedando reducido a pequeños grupos, con Liborio haciendo su balance en Centrismo, ooportunismo y bolchevismo, un trabajo que publicó en 1940. Luego logró reconstruir un núcleo que pasó a denominarse LOR (Liga ObreraRevolucionaria) polemizando con otra corriente, llamada LOS (Liga Obrera Socialista). 

El grupo de Justo sostenía la necesidad de un proceso de liberación nacional, con tareas democráticas, antiimperialistas y de transformación agraria.También reivindicaba la composición social de la LOR, con predominio obrero, frente al grupo "pequeño burgués" que lo enfrentaba. Se afirma en las historias del trotskismo que el aporte fundamental de Liborio a esa corriente fue haberle dado importancia a la cuestión nacional. 

Cuando los otros grupos trotskistas se unifican en el Partido Obrero de la Revolución Socialista (PORS), en 1941,

Liborio respondió acusando al representante de la Cuarta Internacional, que había sido mentor de esa unificación, de "agente imperialista" y, poco después, en 1942, planteó directamente la ruptura con la Cuarta Internacional. 

En esas} circunstancias la LOR se dispersa y Liborio se queda prácticamente solo. 

Escribió tiempo después el libro Trotski y Wall Street, en el que tildaba al propio Trotski de haber capitulado frente al gobierno burgués mexicano de Cárdenas, e incluso acusándolo de haberse puesto al servicio del imperialismo.

Seguirá sustentando esa peculiar posición sobre el revolucionario ruso hasta el final de sus días, como lo atestigua una

declaración de 1994:

"León Trotski, detrás del palabrerío revolucio-

nario que lo acompañó siempre, se alió al gobierno

burgués de Lázaro Cárdenas, atado al imperialismo

yanqui, hizo expulsar a sus partidarios revoluciona-

rios declarándose demócrata, buscando salvar su vida

o luchar mejor con su rival Stalin, y hasta se transfor-

mó en informante del gobierno de EE.UU. 

Mas allá de su opinión sobre Trotski, la obra del revolucionario ruso siguió siendo una de sus fuentes de inspiración.

En su libro Estrategia revolucionaria, de 1957, hará un balance de estos momentos fundacionales del trotskismo argentino, criticándole "un criterio erróneo y metafísico que trató de trasplantar al medio semicolonial de América Latina las consignas aplicables a los países europeos... Ignoraron la unidad de América Latina así como negaron la necesidad de su liberación nacional...". 

Fiel a su estilo polémico lapida a sus contendientes de la época, llamándolos, entre otros epítetos, "microcéfalos".

A partir de la disolución de la LOR en 1943, Justo ya no será un militante enuadrado en ninguna agrupación de izquierda, pero mantendrá inalterables sus ideas fundamentales, expresadas a través de su nada desdeñable producción escrita, volcada en buena parte a la temática histórica y política, con algunas incursiones cercanas a la ficción, y otras en la crítica literaria, sin descartar acercamientos a estudios geográficos y de ciencias naturales. 

Mas allá de su alejamiento del trotskismo, seguirá definiéndose marxista-leninista, asignándole centralidad a la problemática de la "liberación nacional" y adoptando posiciones de izquierda radical. El "latinoamericanismo" fue una característica permanente de Justo, asociado a un potente antiimperialismo que supo ver en su momento el giro desde la preeminencia del capital británico al período signado por el predominio no sólo económico sino político-militar de Estados Unidos. 

Dedicó parte de su obraa predicar la integración latinoamericana, y en particular un libro completo a la integración argentino-brasileña. 

En 1956, Milcíades Peña lo invitó a formar parte de la revista Estrategia, un intento unificador de la intelectualidad de izquierda. Tras una aceptación inicial, Justo rechaza el ofrecimiento, diciendo textualmente "prefiero quedarme solo", y eso pasa a ser una decisión cuasi definitiva. Liborio seguirá siendo un atento observador y estudioso de la realidad nacional, continental y mundial, pero sin formar parte de ninguna organización política, y ni dar lugar a discípulos o escuelas inspiradas por él. El trabajo en soledad se convierte en una característica suya inalterable.

En otro orden está su obra narrativa, en la que refleja sus propias experiencias de vida, de viajero y explorador. La tierra maldita, original de 1933, es producto de sus viajes por la Patagonia austral. 

Su experiencia de poblador de las islas del Ibicuy durante varios años dio como resultado Río Abajo, también una serie de relatos.Su estancia en el Ibicuy tal vez haya tenido que ver con el abandono de la militancia política activa, contrapesando el tiempo pasado en el febril mundillo de las agrupaciones trotskistas con la vida en parajes poco poblados y aislados. El Quebracho de las fuertes polémicas y los folletos críticos del orden de cosas existente y de las otras corrientes revolucionarias, parece haber dejado paso a un período signado por la soledad y la reflexión, quizá no casualmente contemporáneo a la entronización del peronismo, situación política difícil para quienes no cultivaban el peronismo pero tampoco el antiperonismo clásico, como era el caso de Justo.

Al volcar esa experiencia en la escritura, se reafirmó su tendencia realista, hasta despiadada, a la hora de pintar al ser humano en conflicto con la naturaleza y sumido en la soledad.

El abandono de la militancia organizada no implicó que Justo dejara de intervenir políticamente a través de sus escritos, sobre todo en la década de los 50 y los 60, desde su ya citada Estrategia revolucionaria, hasta su enfoque crítico sobre las guerrillas en Bolivia, pasando por escritos sobre experiencias como la Unidad Popular chilena o la llamada Revolución Peruana.

Una obra destacable es su libro dedicado a la revolución boliviana de 1952. 16 Esa obra aparece entroncada en un internacionalismo ligado a la visión de "revolución continental", y a un entusiasmo reflexivo pero muy intenso frente a la gran movilización de masas trabajadoras e indígenas, y frente al extraordinario hecho del ejército derrotado en lucha abierta por los mineros y otros sectores obreros. En su capítulo final no se ocupa tanto de la "traición" de los dirigentes "burgueses" como de las falencias de los revolucionarios a la hora de comprender la situación y tomar el proceso revolucionario efectivamente en sus manos. 

Su publicación en 1967, por la misma época de la guerrilla del Che, puede tener que vercon el propósito de presentar a una revolución proletaria, con una situación en su momento de "doble poder" que la dirigencia revolucionaria habría malogrado, como contracara del llamado "foquismo" de las guerrillas.

De la misma época es su folleto sobre la guerrilla boliviana, en el que defiende la tesis de la "excepcionalidad" del proceso revolucionario cubano, triunfante a raíz de haber sido la primera experiencia de ese tipo y por tanto irrepetible en otros países de América Latina. Además señala como un error específico el intento en Bolivia, donde existía un campesinado que ya había vivido un proceso de reforma agraria tras la revolución de 1952, y un movimiento obrero minero que no había recibido apoyo en sus luchas de los años inme- diatos anteriores. Su posicionamiento es, por tanto, contrario a la estrategia guerrillera, y apuesta a los levantamientos de masas, con amplio protagonismo obrero. 

En torno a los años sesenta comenzó a cultivar la escritura sobre la historia argentina, a la que percibía como estrechamente entrelazada con su historia familiar. Realizó un intento de historia argentina integral, en cinco tomos y un apéndice, Nuestra Patria Vasalla, cuya publicación abarcó cerca de un cuarto de siglo. Desde el tatarabuelo que luchó en las invasiones inglesas, hasta la india pampa que participó de su crianza, Justo parece considerarse a sí mismo un paradigma de identificación prolongada con estas tierras. 

Antes de comenzar Nuestra Patria Vasalla, Justo escribe: 

"En los años 1806 y 1807, Pedro Padroza, español, tatarabuelo del autor de este libro luchó contra los invasores ingleses... Cuatro años más tarde, James Harris, inglés, también tatarabuelo del autor, integró la tripulación de la escuadra deBuenos Aires que, al mando de Guillermo Brown, emprendió la lucha contra los españoles de Montevideo....". 

Liborio Bernal,su abuelo, luchó contra las montoneras de Chacho Peñaloza intervino en la guerra del Paraguay, fue comandante del fuerte de Carmen de Patagones, gobernador militar de Río Negro, y en 1893 fue nombrado interventor federal en la provincia de Santa Fe, donde participó en la represión a la insurrección de inspiración radical de ese mismo año. Sus antepasados de apellido Justo también tuvieron destacada actuación pública: uno fue gobernador de Corrientes, y su padre, general, primero llegó a ministro de Guerra y después a presidente de la Nación. Liborio escribe: 

"La historia de la República Argentina es, pues, en cierto

modo, para el autor de este libro (...) la historia de su familia y,

en ese sentido, considera tener derecho de hablar sobre ella y de-

cir al respecto todo lo que tiene que decir". 

Mas allá de cierto tono aristocratizante en la postura Liborio apunta allí a exponer la historia argentina desde su punto de vista antiimperialista y de necesidad de liberación nacional, algo que explicita desde el título y subtítulo de la obra: Nuestra Patria Vasalla. Historia del coloniaje argentino. 

El conjunto de la obra está presidido por la idea de que Argentina nunca ha alcanzado a ser una nación, que el sentimiento nacional quedó diluido detrás de un cosmopolitismo hijo del sometimiento a las metrópolis del gran capital.

La actuación pública y la escritura de Liborio Justo reconocen una coherencia indudable. Siempre se orientó al combate contra las fuerzas del establishment en sus variadas expresiones, oponiéndoles de modo invariable sus posiciones revolucionarias, articuladas en un antiimperialismo latinoamericanista, en clave de liberación nacional. 

El mismo espíritu impregna todas sus páginas, y a su servicio desarrolló su vitriólica vena polémica, que no perdonó ninguna expresión del poder, desde los gobernantes hasta los representantes de la cultura oficial, pasando por las grandes empresas, en particular las extranjeras. Su soledad fue sin duda expresiva de características personales, pero también de las deficiencias de articulación de una izquierda argentina aquejada de debilidad y dispersión.





martes, 8 de junio de 2021

LA TROPILLA DE LA ZURDA.

por Teodoro Boot. Cátulo Castillo era un gigante de cuento de hadas, tan bonachón como imprudente. Cuando al grito de “La cultura es popular o no es cultura”, otro imprudente lo invistió presidente de la Comisión Nacional de Cultura, las personas decentes pusieron el grito en el cielo.
En Barro de arrabal, el memorioso Juan Carlos Jara evoca con una sonrisa taimada la iracunda reacción del ex-diputado radical Ernesto Sanmartino:

El país que produjo a Sarmiento, Guido Spano, Lugones, Almafuerte, Hernández, Rojas y tantos otros escritores y poetas famosos, sufre hoy el ludibrio de tener como máximo representante de su cultura al autor del sainete El patio de la morocha. Allí, el presidente de la Comisión Nacional de Cultura hace la apología del tango en octosílabos:

Y concilió los rezongos
de la pollera escarlata
de alguna paica mulata
por el barrio del mondongo…
Cien versos más de ese tenor orillero y de esa musa repulsiva podríamos reproducir. ¡Son engendros del presidente de la Comisión Nacional de Cultura de la Republica Argentina! ¡Oh manes de la Patria! ¡Oh dioses del Olimpo! ¿Cuándo tendremos nuevas Termópilas?
 
Lo que el exdiputado todavía ignoraba, por haberse rajado a Montevideo después de calificar a sus colegas peronistas de rezagos del “aluvión zoológico del 24 de febrero”, era que, para no quedarse atrás, Cátulo no había tenido mejor idea que llevar al Teatro Colón a la orquesta de Aníbal Troilo para la representación del popular sainete El conventillo de la Paloma, de Alberto Vaccarezza. O crear en el Conservatorio Manuel de Falla la cátedra de bandoneón, a cargo de su viejo amigo Pedro Maffia, probablemente el mayor virtuoso de ese instrumento que haya jamás existido, pero no sólo con apellido sino también con facha de pistolero siciliano. No satisfecho, auspició el Festival de la Lunfardía organizado por José Gobello en el que recitaron sus poemas impresentables como Julián Centeya, Iván Diez y otros “acreditados cultores del género”.
Ya no era el ex diputado radical sino el propio ministro de Educación Armando Méndez San Martín (que había mandado al rincón nada menos que a Leopoldo Marechal por vivir en concubinato), quien sufriría un soponcio.
Antes de que la sangre llegara al río o los funcionarios pasaran a las manos, demostrando ser menos irresponsable o audaz que el poeta, en diciembre del 54 el Excelentísimo Señor Presidente disolvió la comisión.
A Méndez San Martín de mucho no le sirvió, ya que el General le dio el olivo unos meses después. A Cátulo, menos: lo primero que hizo en septiembre el gobierno libertador y democrático fue intervenir SADAIC, que Cátulo presidía por segunda vez, lo expulsó de su cargo de director del Conservatorio que desde 1930 había venido ganando por concurso, escalón tras escalón, y prohibió la difusión de sus temas en la radio por contumaz secuaz del flamante Tirano Prófugo.
No sólo Sanmartino había finalmente conseguido sus Termópilas, recordará Jara, sino que Cátulo Castillo pasaría a integrar la lista de “poetas depuestos” que con justicia encabezaba Marechal, para peor, sin cobrar jubilación ni derechos de autor debido a la intervención de la sociedad de artistas y compositores.
Refugiado en una casa de las inmediaciones de Ciudad Evita (ya adecentada como Ciudad General Belgrano) mientras iniciaba un largo ostracismo, el gigante bonachón descubrió su amor por los animales (llegó a albergar casi cien perros callejeros, gallinas y hasta un par de corderos –Juan y Domingo– y aunque ni Jara menciona la existencia de algún loro procaz y desacatado cultor de “la marchita”, nadie se habría extrañado) y su gusto por la pintura de caballete y las cartas astrales, mientras le metía a sus dos pasiones: el espiritismo y la poesía.
Como todos los depuestos, este poeta no tenía más remedio que ser clandestino, pero en su caso esto terminaba por volverse imposible: en el verano de 1956, muy poco después de iniciada “la retirada”, le arrima a su amigo Pichuco una letrita en la que expresa la profundidad del dolor, la desesperanza y la derrota que parecían haberse abatido para siempre sobre su corazón y el de la mayor parte de sus paisanos.
El cantor Edmundo Rivero lo contaría así:
El Gordo (Aníbal Troilo) vivía por aquellos años a pocos pasos de Corrientes, en un segundo piso que hubiera podido alumbrarse con el letrero luminoso de enfrente, el del cabaret Chantecler. Una noche de verano, enfriada sólo por el hielo del whisky, estábamos en ese departamento seis personas: los dueños de casa, Miguel Ángel Bavio Esquiú con su mujer, y yo acompañado por Julieta. El entusiasmo era uno sólo y por una letra que andaba por hacerse tango: de Cátulo Castillo, “La última curda”. Hubo ya un momento en que el tarareo no alcanzó y Bavio impuso:
–Gordo, chapá la jaula.
Troilo no se hizo rogar y comenzó a desgranar los acordes del tango, y yo, por supuesto, a entonarlo, a hacerme de sus palabras. Al rato estábamos tan absorbidos que la cosa se había convertido en un ensayo en toda regla. Al casi par de horas de retoques y de comentarios (también de tragos), el tango iba quedando “redondo”.
Las puertas del balcón estaban hacía tiempo abiertas de par en par, pero si hubiera aterrizado en el depto un plato volador no lo hubiéramos visto. Por eso tampoco advertimos que enfrente, en la vereda, se habían ido juntando muchas personas.
Y ya cerca del amanecer, cuando se produjo la salida de la gente del cabaret, pareció que el mundo se venía abajo de aplausos y ovaciones. Fue cuando salimos a ver qué pasaba y nos dimos cuenta de que ya se estaba interrumpiendo el tránsito. Igualmente tuvimos que acceder al pedido de hacer el tango entero desde el balcón, a puro fueye y cantor. Era una noche tan hermosa que cantar “La vida es una herida absurda”… casi sonaba a macana.

viernes, 4 de junio de 2021

HOMERO MANZI: UNA MITOLOGÍA DEL SUBURBIO.

Por: Nicolas Sosa Baccarelli

Imagino que nació en un patio con parras generosas y perfumes de madreselva. En un baldío con un charco donde rebota la luna para duplicarse en el cielo del suburbio. Me gusta creer que partió a reclinar su cansancio a otro lado, que salió por un rato a recostar su barba buena al arrullo del traqueteo de un carro somnoliento y lejano. Que se fue, que no está, dijeron los diarios. Que “Barbeta” había partido.

Había nacido el 1 de noviembre de 1907, en Añatuya, un pequeño pueblo de Santiago del Estero. Desde allí trajo su niñez atravesando una pampa que entonces era infinita para instalarse en el barrio de Boedo, en la esquina que da al terraplén y respira de zanjones olorosos.

Siendo un niño presenció, como Borges, como Carriego, “la luna en el cuadrado del patio, un hombre viejo con un gallo de riña, algo, cualquier cosa. Algo que no podremos recuperar…” Tal vez fue la jaula oxidada de un canario o la observación justa de González Castillo sobre una esquina cualquiera de Boedo lo que le exhibió el universo en una plenitud insólita: el barrio.

Ya Almafuerte y Carriego habían dado con ese misterio. Ya habían detenido su mirada en el suburbio como tema de la poesía, una revelación del  milagro de lo sencillo y de la anécdota simple.

Recibió como ninguno la potencia de lo que está allí a la vista y por eso mismo pasa inadvertido; y construyó con “ojos cerrados de sueño” y “un ramito de ruda detrás de la oreja” (“Mano blanca”) hombres que no eran jinetes de corceles briosos, excepcionalmente “literarios”,  sino carreros de caballos flacos que trotaban por los callejones volviendo al corralón.

Muchos ven en Manzi “el primero en convertir las palabras de los tangos en poesía” abriendo así el arduo camino que el género debió transitar para obtener licencia de reconocimiento en ciertas esferas cerradas de eso un poco místico, otro poco empalagoso, que llaman “las letras cultas”. De este modo fue Manzi, un indiscutido emblema de la renovación poética que el tango experimentó hacia la década del 40.

Lejos de la poesía de la métrica obsesiva y la academia, prefirió contarnos versos que vislumbraba entre las celosías.

Cuando Marechal juzgó el tango como “una posibilidad infinita”, probablemente venía de leer un manojo de versos de Homero.

En 1921 escribió el vals  “¿Por qué no me besas?”, una obra que no obtuvo mayor notoriedad. Cinco años más tarde se conoció su tango “Viejo ciego” considerado como el hito inicial del nuevo horizonte que el poeta abre al tango:

“Con un lazarillo llegás por las noches trayendo las quejas del viejo violín, y en medio del humo parece un fantoche tu rara silueta de flaco rocín”.

Ciego era el personaje de Homero, como el otro Homero, el griego. Solamente que en Boedo los cíclopes andaban trajeados de negro, con un cuchillo en la faja; y las sirenas tuberculosas de Pompeya susurraban tangos y valses. El “Viejo ciego” era un presagio de la poética que se avecinaba, un anuncio de la elegía porteña.

Ninguna alusión al amor atormentado, ni al paisaje nocturno de la angustia y de la decadencia. Ninguna referencia a la “percanta” que “amura” ni a prostíbulos sórdidos donde la noche se hace más breve y el alba más dolorosa.

Precoz lector de Rubén Darío, se empapó acaso del mejor modernismo y reflejó algunos recursos lorquianos con eficacia y originalidad. Lució un lenguaje simple, desprovisto en general de lunfardismos.  Con él supo construir imágenes que nos llegan hasta herirnos y nos hacen añorar un pasado ajeno, un recuerdo apócrifo de cosas perdidas que nunca tuvimos pero lloramos como propias.

Sintió la presencia del baldío atardecido con yuyos e inundaciones, de un interior remoto que conocía y que se adivinaba en las quintas cercanas; de los almacenes que se deshacen con el tiempo, sin testigos; de lo que se iría para siempre. Supo abrir una temática diferenciada de las entonces existentes, sobre la nostalgia de lo cotidiano.

En Aníbal Troilo encontró su mitad; en Sebastián Piana, la música oculta que su verso milonguero originalmente arrastra. Con él escribió “Milonga sentimental”, “Milonga del 900” -ambas grabadas por Gardel- y “Milonga triste”, entre otras.

El tiempo, con gran justicia, ha popularizado algunas de sus piezas mejores: “Malena”, con música de Demare, es una reunión de comparaciones insuperables:

“Tus ojos son oscuros como el olvido, tus labios apretados como el rencor, tus manos dos palomas que sienten frío, tus venas tienen sangre de bandoneón.”

“El último organito”, elegía y fábula arrabalera: “Las ruedas embarradas del último organito vendrán desde la tarde buscando el arrabal, con un caballo flaco, un rengo y un monito y un coro de muchachas vertidas de percal.”

“Eufemio Pizarro”, un culto respetuoso a esos hobres que son al mismo tiempo, realidad y leyenda.

“Decir Eufemio Pizarro es dibujar, sin querer, con el tizón de un cigarro la extraña gloria con barro y ayer de aquel señor de almacén.”

“Fuimos”, “De barro”, “Ninguna”, “El pescante” y “Barrio de tango” donde nos habla de “la luna chapaleando sobre el fango” y nos advierte del “misterio de adiós que siembra el tren”.

Periodista, docente, personaje clave en la historia del cine nacional, Manzi transitó con éxito diversos caminos en los escasos 44 años que vivió. Sus inquietudes políticas lo llevaron a las filas del yrigoyenismo. Más tarde fue expulsado del radicalismo por apoyar la candidatura de Juan Domingo Perón en 1945. Eran los tiempos de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina). Junto con Dellepiane, Jauretche, Scalabrini Ortiz, Manzi viró hacia el peronismo. “Nosotros no somos ni oficialistas ni opositores: somos revolucionarios” sentenció por radio una vez.

Asfixiado por la angustia de la muerte próxima, de la noche que no perdona, del tiempo que no repara, se eternizó en el cielo más noble al que un hombre puede aspirar: la tradición de un pueblo que lo silba y que lo canta… para siempre.

“Sur, paredón y después. Sur, una luz de almacén(…) Las calles y las lunas suburbanas y mi amor y tu ventana todo ha muerto ya lo sé….”