lunes, 30 de agosto de 2021

SOBRE MI CABEZA, EL SOMBRERO...

"Sobre mi cabeza, el sombrero, bajo mis pies, el mundo entero", rezaba un viejo dicho anarquista, todo un manifiesto y alarde de voluntarismo en el que se reafirmaba la condición de ateo, al mismo tiempo que la actitud de vida de mantener erguida la frente y jamás dejarse ensillar.

Pero el siglo no cumplió sus promesas, las guerras por la libertad dejaron paso a las contiendas de la codicia. Las nobles causas perdieron brillo y la cancha se embarró. La vida se fue apagando, mutaron los oficios, ya no hubo donde volver, tampoco donde ir, restaba solo esperar, darle de comer al canario, atrapar algún miserable rayo de sol en una mañana cualquiera y con la mirada fija en algún punto remoto de las cavernas del adentro, seguir maldiciendo a ese Dios. que de tanto negarlo una vida entera, ahora una vez ido,  ahora que ya nadie lo nombra, comenzamos a extrañarlo dolorosamente, como a un camarada muerto.

Tanto se ha escrito y oído de una edad de oro,de un mítico granero de vaya saber que mundo, que nadie ha echado en falta crónica alguna, acerca de fantasmales y vencidos quijotes, vagando sin descanso, los amargos eriales del olvido.