jueves, 29 de septiembre de 2011

Candileja mata Quijote

Nos despedimos de Rodríguez Ramos en la puerta de los “36 Billares” y caminamos con el Nacho Loyola algunos metros por Avenida de Mayo en dirección a la calle Salta. Al llegar a la esquina, Loyola me tantea:

-Buena onda Rodriguez Ramos ¿no?

-¡La mejor!, he visto víboras más simpáticas y por cierto más creíbles…

Pude sentir, más que observar, los ojos azules de Nacho quedar expuestos, al levantar sus cejas.

-No te preocupes, no es grave, pero quiero pensarlo un poco más, anda si querés, yo prefiero caminar un poco, ayuda a repasar la película y analizar un poco más la propuesta…

Nacho, me mira, esboza una sonrisa y me dice:

-Sí, ya se, ya se, la paranoia es un estado superior de la conciencia… mañana hablamos…
Loyola me abraza y se despide, en tanto, mientras lo observo alejarse gesticulando, respiro profundo y puedo sentir como la noche estrellada se mete dentro del pecho y una especie de calma sacra se apodera de las contracturas. 

-Es una linda noche… 

Hilvano, en un pensamiento casi audible. 

Veo a lo lejos, a través del humo del pucho que acabo de encender, en la vereda de enfrente, el Bar del “Hotel Castelar”, no puedo evitar que acuda a la memoria como una flecha un episodio ocurrido en estas mismas coordenadas, muchos años atrás y que por cierto, de algún modo sus resonancias porfían por aportar cierta luz en el análisis de los hechos acaecidos hace minutos en los “36 Billares”.

Los hechos sucedieron durante la desconcentración de un acto en la Plaza de Mayo, corría el año 1972 si mal no recuerdo y el país se hallaba inmerso en los prolegómenos de las elecciones de 1973, el retorno de inminente de Perón y otras hierbas de similar vergel.

La Avenida estaba cortada a los efectos de dicha desconcentración y volvíamos por el medio de la calle, en un grupo grande de compañeros, de entre los cuales unos cuantos, militábamos aún en ese entonces, en el PSIN (Partido Socialista de la Izquierda Nacional) cuyo referente máximo e ideólogo supiera ser el desaparecido Jorge Abelardo Ramos o “el colorado Ramos” a secas, como lo llamaban con respeto, tanto fieles como detractores. 

Cuando el grupo pasó por delante de las ventanas del Bar del “Hotel Castelar” recuerdo que Jorge Packard grito:

-¡Che! En el Castelar está Jauretche…

Y ahí nomás salió corriendo y se mandó a la mesa de Don Arturo.

El resto del contingente quedamos afuera en medio de la calle siguiendo a la distancia la escena a través de las ventanas, hasta que al cabo de unos minutos pudimos ver la humanidad de Jorge Packard salir del Castelar y volver a reunirse con el grupo. Para mi sorpresa la cara de Jorge no denotaba ninguna de las cosas que yo hubiese podido suponer, ni alegría, ni euforia, ni entusiasmo, más bien se parecía al semblante de alguien que estuviera bajo los efectos de un purgante. El turco Freigido, entusiasmado, preguntó:

-¿y, que te dijo el troesma?

-Nada vamos, vamos…

El grupo siguió su marcha en silencio y solo cuando fuimos quedando solo los más allegados, el gordo Packard dijo:

- Che, vamos a tomar un café a algún lado…

Terminamos en la “Perla del Once”, y fue allí donde Jorge Packard se despachó de lo acaecido en la mesa con Don Arturo Jauretche.

El gordo tomo un sorbo de su té, nunca bebía café, y trasca, con cierta solemnidad, como si estuviese compartiendo noticias sobre el apocalipsis, dijo:

-Me presente, le dije “Don Arturo yo milito en la Izquierda Nacional y es mucha mi admiración por su persona y por su obra”

Packard continuó… el viejo me miró, me semblanteó de arriba  abajo y con una sonrisa socarrona me dijo:

-Usted muchacho ¿está con el “Colorado Ramos”?

-Si efectivamente en el PSIN para ser más exacto…

-Aja… mire joven, yo a usted lo veo muy tierno y muy entusiasta y por cierto debe ser seguramente un joven capaz y sincero en sus aspiraciones políticas, pero le digo la verdad, tenga cuidado en donde pone las fichas, no todo lo que reluce es oro… y para ser sincero su mentor no cuenta del todo con mis respetos…

-pero…

-no, entiéndame bien, la historia de Ramos es por lejos uno de los aportes más brillantes a la causa nacional y revolucionaria, pero trate de entender, no siempre basta con trazar un mapa, hay que estar a la altura del viaje, me entiende…

Y de algún modo gestual dio con esto por terminada la conversación…

Todos quedamos en silencio, sin poder penetrar el mensaje cifrado contenido en la acotación de ese gran maestro. Comenzaríamos a entender meses después, cuando el colorado de marras, lanzase su propia candidatura personal a presidente, inventando una opción electoral llamada FIP (Frente de Izquierda Popular). 

Muchos de los que esa noche compartimos la mesa de “La Perla del Once” se fueron del PSIN ya agonizante y otros fuimos expulsados por sostener que la esencia de la “Alianza Plebeya”, una y mil veces anunciada teóricamente por la Izquierda Nacional estaba siendo traicionada por la decisión de no cerrar filas con el FREJULI bajo la consigna “Campora al gobierno, Perón al Poder”. Años más tarde, en los ’90, bajo el gobierno de la innombrable “Rata Riojana” el colorado la hizo completa, aceptando una embajada del gobierno más entreguista que conociera la historia argentina.

“Sic transit gloria mundi” (así pasan las glorias mundanas)

Hasta aquí la anécdota, pero esto venía a cuento del encuentro con el “amigo” Rodríguez Ramos en “Los 36 Billares”, no solo porque Rodríguez se llama Ramos igual que el otro, sino porque de algún modo extraño, la vieja anécdota y el reciente encuentro rozan una zona compartida encerrada en una pregunta:

¿Qué hace que hombres que durante años mantienen una conducta austera, principista y consecuente, tiren alegremente la chancleta frente a la primera oferta de Mandinga?

¿Será que del mismo modo que en estos tiempos de materialismo crudo “La billetera mata al galán” se pueda establecer el axioma “Candilejas matan Quijote”?

No sé, lo cierto es que creo que parafraseando al “Che” en un célebre discurso, en este caso, no me siento inclinado en confiar en un Rodríguez Ramos que brilla como chafalonía en vidriera, enfundado en su uniforme de nuevo rico, ni tantito así, nada”… es un pálpito, ojalá me equivoque.

Mañana aconsejaré a Loyola…

Loboalpha

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